Cannes 2018: Un inicio marcado por el sonido de las campanas de la fórmula de intriga y vuelco emocional de Asghar Farhadi

Cannes 2018: Un inicio marcado por el sonido de las campanas de la fórmula de intriga y vuelco emocional de Asghar Farhadi

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Querido Teo:

Un año más se despliega la alfombra desde el Festival de Cannes, lugar que celebra su edición 71ª marcada por titulares bastante interesantes y que ayudarán a definir lo que este certamen quiere ser de cara al futuro como cinta puntera en el panorama festivalero. Por un lado el divorcio manifiesto entre la organización del festival y Netflix, por otro la ausencia de vacas consagradas y abonadas a la sección oficial por nuevos pero también arriesgados títulos que hacen que el examen de la calidad de la sección oficial vaya a ser examinado con lupa, siguiendo con la prohibición de selfies en la alfombra roja y finalizando con el cambio de horario de los pases respecto a otros años que nace con el expreso deseo de que así la prensa no pueda opinar de una película, apoyándose en la celeridad de las redes sociales, antes de que tenga su proyección de gala, más que nada para evitar malas caras cuando alguna cinta ya ha sido ajusticiada por la crítica tras su pase antes de que las estrellas se pongan de tiros largos.

Todo esto sin dudas son los titulares con los que parte esta edición antes de que las películas lo pongan en su sitio en términos de calidad. Por nuestra parte, Cannes nos ha recibido la mañana del martes con un tiempo veraniego después de que el avión aterrizara en el aeropuerto de Niza (con buena parte del equipo de la película de Asghar Farhadi encargada de abrir el festival) y lleváramos a cabo el resto del trayecto hasta Cannes en el ya clásico autobús que lleva en línea directa al corazón festivalero de la ciudad en unos 45 minutos.

Tras saludar a viejas caras (por ya años y experiencias compartidas en el festival más que por un tema de edad o surcos en el rostro), el recorrido equipaje en mano y espalda hasta el cuartel general (o piso patera aunque este año hayamos tenido la suerte de estar a poco más de 5 minutos del Palais y tener más comodidad) nos ha llevado a la tradicional recogida de acreditación en la que siempre hay expectación por ver, dentro del sistema de castas que es Cannes, si la organización ha tenido a bien mantenerte la categoría (la mayoría de los casos), subírtela (que es como el Gordo de Navidad festivalero) o hundirte en el fango bajándotela. La diferenciación entre acreditados rosas, azules y amarillos, ordenados de más a menos por este orden de importancia según el festival en base a difusión del medio y coberturas anteriores, seguirá siendo siempre protagonista año tras año y lo que te condicionará entre tener un festival llevadero o sufrir interminables colas para intentar (sólo intentar) no quedarte fuera del pase principal de la película. Como siempre tampoco falta la bolsa del festival este año con algunos consejos de buenas prácticas en base a la actualidad de los últimos meses dominadas por la era del #MeToo y la indicación de alejarse de las fotos en la alfombra roja.

La gala de inauguración ha estado marcada, como es habitual, por el discurso de Thierry Frémaux y la presentación del Jurado (con marcado carácter femenino este año) presidido este año por una Cate Blanchett que ha sido recibida con el público puesto en pie tras un video recopilatorio de su brillante carrera que ya no desmerece al que pudiera tener dentro de tres décadas recibiendo el Oscar honorífico. Juliette Armanette llevó a cabo una sentida interpretación de la canción de Michel Legrand de “El caso de Thomas Crown” que fue ganadora del Oscar en 1969 y , además, Blanchett ha sido la encargada junto a Martin Scorsese (premios Carrose D´Or de este año que entrega la sección de Quincena de Realizadores) de dar por iniciado un recorrido de casi dos semanas de intenso cine.

“Todos lo saben” de Asghar Farhadi se ha convertido en la segunda película hablada en español en inaugurar el Festival de Cannes después de “La mala educación de Pedro Almodóvar. El director iraní sigue fiel a su estilo y demuestra que no tiene película mala en una cinta que es un potente drama atmosférico ambientando en un lugar indeterminado (seguramente manchego) de la España profunda a partir del rencuentro familiar (inicial y aparentemente apacible y festivo) debido a la celebración de la boda de una de las hermanas de la familia y en la que secretos del pasado y rencillas entre personajes se dan la mano. Un reparto que brilla aunque dependa mucho de que unos personajes tienen más peso que otros, sosteniéndose sobre todo en la interpretación tan racial como vulnerable de una imperial Penélope Cruz dando vida a Laura, que vuelve al hogar familiar desde Argentina junto a sus dos hijos para asistir a la boda de su hermana. Penélope reina en una cinta en la que una vez más el director voltea a sus personajes ante la adversidad reflotando sentimientos y un particular sentido de la justicia, eclosionando el ecosistema familiar a partir de la intriga generada por un hecho trágico que amenaza dinamitar con todos los cimientos de esa estructura mental y emocional de personajes. El principal punto positivo de la cinta es un reparto brillante en el que, sobre todo, destacan los que pueden permitirse sacar más jugo a sus personajes como es el caso de la mencionada Cruz como reina de la función, un tormentoso a la par que noble Javier Bardem sacando partido a un personaje ambivalente y que podría haber quedado más arquetípico, la eficacia habitual de Ricardo Darín y Bárbara Lennie y los siempre magistrales Eduard Fernández, Elvira Mínguez o José Ángel Egido que con una mirada lo dicen todo y que demuestran que cualquier película es mejor con ellos en nómina.

Los principales problemas de “Todos lo saben” es un guión que sale a trompicones a la hora de construir la intriga y el pasado de los personajes, sin poder decir mucho más para no destripar la trama que vertebra la historia, y 20 minutos de más dirimiendo el futuro de unas tierras que llevan a la película a una duración no especialmente gravosa para el espectador pero que sí la lleva en su parte central a pasarse de reiterativa dejando que bajo el sonido de las campanas de la iglesia del pueblo de la historia, tan verbenero en la fiesta como insidioso en el drama, se sea testigos de un drama familiar de personajes con cabos sueltos del pasado y también  decisiones y motivaciones que más que ayudar a que los comprendamos lo que sí provocan es que asistamos al bloqueo emocional del que todos seríamos víctimas si experimentáramos lo que le pasa a los personajes durante esos días en el que la familia logra guardar bajo la alfombra su pesar en un lugar tan recóndito y en el que todos se conocen que cuesta creerlo que así pueda ser. Un trabajo notable, pero funcional y por debajo de otros de sus títulos, de un Farhadi que revuelve conciencias emocionales con intrigas que dinamitan a los que las sufren pero que también ha logrado ser un gran exponente del drama cotidiano y universal que le ha permitido ya rodar tanto en Irán, Francia y España y que el mensaje de sus películas lleguen a todos.

Nacho Gonzalo

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