Cannes 2021: Nanni Moretti y Ryûsuke Hamaguchi cumplen con nota, Mia Hansen-Løve visita la isla de Bergman y Sean Penn vuelve a salir mal parado

Cannes 2021: Nanni Moretti y Ryûsuke Hamaguchi cumplen con nota, Mia Hansen-Løve visita la isla de Bergman y Sean Penn vuelve a salir mal parado

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Querido Teo:

El Festival de Cannes prosigue con la sombra de las nuevas medidas del gobierno francés con el fin de prevenir la propagación de una nueva ola del coronavirus (COVID-19). Mientras el certamen traspasa su ecuador intentando mantener su burbuja al margen de la realidad que nos asola tirando de cine, estrellas, chascarrillos y en busca de esa película que marque esta edición, la cual parece que de momento no ha emergido.

Sean Penn ha vuelto a Cannes con “Flag day", el lugar de los hechos que llevó a que los embargos fueran más estrictos para evitar que las opiniones en Twitter de los críticos empañaran la proyección de gala de la película. Es lo que ocurrió con “Diré tu nombre” en 2016, la cual tuvo unas críticas demoledoras que llevó al actor y director a tragarse sapos y culebras manteniendo el tipo como pudo. No ha llegado a este punto con su nueva cinta pero el resultado tampoco ha sido mejor. La historia de un padre de familia que vive una doble vida como falsificador, ladrón de bancos y estafador para mantener a su hija en un melodrama que adapta el libro de Jennifer Vogel, el cual narra la compleja relación que tuvo con su padre, y al que se le ha acusado de falta de fuste para sostenerse y no terminar siendo una cinta plana y soporífera sobre la amargura del fiasco del sueño americano y la tópica y clásica disputa generacional entre la rebeldía, el reproche y la irresponsabilidad.

Un relato de superación y redención protagonizado por Sean Penn y que se ha encarado como un proyecto muy personal para él teniendo en cuenta que participan como actores sus dos hijos, Dylan y Hopper. Es precisamente la travesía de él y de la primera (Dylan) el núcleo emocional de una cinta sobre un padre alcohólico y una hija que deambula hacia no se sabe dónde, traumatizada por la infancia que ha tenido que pasar descuidada por un padre que a buenas horas quiere reconectar con ella mientras suena la versión de Drive, el tema de REM, a cargo de Eddie Veder. Un Sean Penn contenido y profundo es lo mejor de una cinta sobre un hombre frente al sistema que intenta corregir errores del pasado y que se presenta como un drama convencional que no tiene altura para competir en un Cannes que demuestra cierta reverencia a la figura de Sean Penn continuando dándole palmadas para que siga adelante con una carrera de realizador que prometía más en anteriores trabajos y que ahora parece en un punto crítico.

"Compartment No. 6" de Juho Kuosmanen es una de las cintas que desde la retaguardia podría erigirse como una de las revelaciones de esta edición. Ya ocurrió con el anterior trabajo del director, “El día más feliz en la vida de Olli Mäki”, el cual ganó el premio a la mejor película de la sección Una cierta mirada en 2016. La historia de una joven finlandesa lesbiana que toma un tren hacia Moscú para ir al yacimiento arqueológico de Múrmansk teniendo que compartir su compartimento con un joven ruso desconocido y alcohólico. Esta convivencia improbable y unos encuentros surrealistas unirán poco a poco a estos dos seres completamente opuestos.

Una cinta metafórica, sensible y de atmósfera invernal que ha calado en la crítica siendo comparada con lo que propuso Richard Linklater en un título que se convirtió en tótem generacional, “Antes del amanecer” (1995), reflejando una Europa en transición que viaja hacia no se sabe dónde. Dos extraños en un tren que, frente a sus diferencias, conectan a través de una soledad bañada de nostalgia y ritmo reposado que deja en el tintero una relación por escribir para que sea el espectador quien la defina. Un romanticismo tierno que crea dentro de ese microcosmos una atmósfera sanadora, de comprensión y conexión sobre diatribas eternas. Seidi Haarla se sube a la carrera por el premio a la mejor actriz, uno de los apartados que se presumen ya más competidos.

División de opiniones ha despertado “Tre piani” de Nanni Moretti, la cual fue proyectada en el previo del partido de la final de la Eurocopa que ha coronado a Italia como campeón. Una cinta coral sobre tres familias que viven en un mismo edificio de tres pisos y que tienen sus particulares vivencias. Un joven matrimonio que sospecha que su vecino ha abusado de su hija de siete años mientras él tontea con una chica joven, una madre con dos hijos cuyo marido está siempre fuera de viaje de trabajo, y un juez jubilado y su mujer que se ven sobrepasados cuando su hijo debido al alcohol sea el causante de la muerte de una mujer en un atropello. Un retrato auténtico y emotivo en el que Moretti ahonda en la profundidad emocional de sus personajes, burgueses en disputa y cambio que tienen que aceptar las consecuencias de sus actos, con su habitual lucidez y primando las emociones latentes que en cada uno de ellos radica, la mayoría hastiados de una vida que se les hace cuesta arriba y en el que las obligaciones familiares, a pesar de sus satisfacciones, no han hecho más que complicarlo todo.

Federica Pontremoli es la responsable de la adaptación de la novela de Eshkol Nevo siendo una de las coguionistas de la cinta después de ya haber trabajado con el director en anteriores trabajos, el cual podría volver a ganar la Palma de Oro después de “La habitación del hijo” en 2001. Para ello ha contado con intérpretes como Riccardo Scamarcio, Alba Rohrwacher, Margherita Buy, Adriano Giannini o Elena Lietti, además de él mismo, dando vida a personas heridos que de ellos sufren el declive de una clase burguesa que no son nada sin la imagen que han construido frente a los demás. Un trabajo sobrio y depurado en su puesta en escena, más sombrío que irónico con el que Moretti ha sido reconocido por la crítica ante el hecho de definir muy bien a unos personajes que confrontan diferentes formas de encarar la adversidad, desde la comprensión y el entendimiento de ellas hasta el bucle que lleva a recaer en los mismos errores por parte de ellos fruto del orgullo herido en esta historia desarrollada en Roma a lo largo de una década.

Ryûsuke Hamaguchi ya dejó muy buenas sensaciones en la edición de 2018 con su díptico “Asako I & II” confirmando ahora su talento y honda sensibilidad en “Drive my car", una de las cintas que podrían estar bien arribas en el palmarés de esta edición a razón de su entusiasta acogida. Un actor y director de teatro intenta superar un trauma personal, la muerte de su pareja y su hija, cuando recibe el encargo de representar la obra “Tío Vania” en el Festival de Hiroshima, lugar en el que conocerá a una joven que se convierte en su chófer. Durante tres horas, a través de sus paseos y conversaciones, el director presenta un ejercicio de gran belleza que cala a fuego lento entre diálogos intensos, halo poético y la demostración de las contradicciones de una complejidad humana que, a la hora de la verdad, lo único que quiere en sentirse valorado, querido y realizado.

Una cinta sobre la pérdida y cómo pesa la sombra de la muerte en la existencia de los vivos que se aborda con profunda calma, emoción y serenidad en la adaptación de la obra de Haruki Murakami cuya última película basada en una de sus historias no pudo ser más alabada, la surcoreana “Burning” (2018). Melancolía, miradas, silencios y conversaciones en una cinta que no puede evitar jugar con ese tono de metaficción que tiene la historia al entremezclar la vida y la obra que une a esta improvisada pareja entre metáforas, una voz en off reconfortante, el juego de luces y una reinvención de los tiempos tomándose toda la calma necesaria para el desarrollo de una historia que también se centra en  la confrontación cultural y el hecho de que la sombra del pasado amenace con que el protagonista acabe enfangado en ello y no pueda salir de esa espiral ganándose el derecho de volver a vivir y tener derecho a ser feliz.

“Bergman Island” es la primera participación en la sección oficial de Mia Hansen-Løve, una de las directoras más reconocidas por la crítica de autor gracias a títulos como “Un amor de juventud” (2011), “Eden” (2014) o “El porvenir” (2018). La sombra de Bergman no podía dejar de estar presente en una cinta que nos lleva a la isla de Fårö, el lugar en el que vivió el reputado director y al que recalan una pareja de cineastas estadounidenses en busca de inspiración. Un entorno atmosférico en el que la vida y la obra del director de “El séptimo sello” va impregnándose en las propias vivencias, preocupaciones, pesares y emociones de la pareja. Vicky Krieps, Tim Roth, Mia Wasikowska y Anders Danielsen Lie protagonizan un título en el que el paisaje es protagonista entre paseos y charlas mientras, además de hacer un diagnóstico a su relación, se enfrentan a sus miedos e inseguridades personales y al hecho de haber dejado a su hija pequeña sin la posibilidad de acompañarles en esta aventura.

Un juego de metaficción que encierra un tono de jocosa melancolía permitiéndose un debate sobre la autoría y la inspiración y sobre la huella de la obra de un cineasta marcado por la filosofía, la reflexión, la alta consideración de la intelectualidad y los vaivenes destructivos de pareja mientras ella intenta encontrar su historia y él está más preocupado por seguir los pasos de Bergman y disfrutar del lugar casi como si fuera un complejo turístico con magnitud divina para la cinefilia. Un entretenimiento relajado y evocador al que puede haberle faltado fuste y poso narrativo, especialmente en una segunda parte más dispersa, a pesar de su alabado encanto acercando el universo de Bergman a un público más genérico con gozosa energía mientras explora de nuevo la unión del amor y el arte a través de una serie de personas que se encuentran, a pesar de estar unidos, en diferentes fases emocionales y personales.

Fuera de concurso se ha visto “De son vivant” de Emmanuelle Bercot que ha vuelto a trabajar por tercera vez con Catherine Deneuve tras “El viaje de Bettie” (2013) y “La cabeza alta” (2015). En esta ocasión se cuenta la historia de una madre y un hijo (Benoît Magimel), profesor de teatro, que tienen que aceptar la enfermedad terminal que padece él, un cáncer de páncreas.

Todo a través de las cuatro estaciones de un año para saber encarar lo que el destino tiene preparado a través de una catarsis de música y baile y con la ayuda y la complicidad del oncólogo y la enfermera que dan tanto apoyo moral y médico ante las consecuencias de recibir la fatal noticia. Una apuesta sobre el amor y sobre cómo aprovechar la vida al máximo haciendo prevalecer lo verdaderamente importante. El reencuentro emocionado del certamen con su diva que ha vuelto tras un año marcado por su ictus, del que se encuentra recuperada, y de una pandemia que interrumpió el rodaje de la cinta.

Nacho Gonzalo

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