“Cervantes visto por un historiador”

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Estamos refrescando o aprendiendo sobre Cervantes gracias a que hace cuatro siglos que murió. Salvo la curiosa “Miguel y William”, la conmemoración en las pantallas que anuncian muchos programas culturales, exhibirá documentales, sus historias y sus personajes, pero Cervantes no estará entre los personajes protagonistas. El cine no ha arriesgado dinero en hacer una gran película con su biografía, lo que sí hizo el dinero público de la televisión en los años ochenta, con una de las series más caras y ambiciosas de entonces. Pero sobre, todo, han sido los historiadores quienes mantienen una regularidad admirable en busca de Miguel de Cervantes. Entre todos ellos, destaco aquí una de las mejores y más amenas mezclas de tiempo y biografía.

Título: “Cervantes visto por un historiador”

Autor: Manuel Fernández Álvarez

Editorial: S.L.U. Espasa

Manuel Fernández Álvarez se fue hace seis años, dejando un buen montón de libros sobre los tiempos de Cervantes. No faltan los especialistas en esta época, pero si existiera el Ministerio del Tiempo que nos propone una serie popular, Manuel Fernández Álvarez sería una de las mejores compañías, si no la mejor, para viajar a la época en la que este historiador castellano estuvo muchas horas, muchos años, investigando,
imaginando, reconstruyendo.

La calidad de su compañía no está en su saber sobre época y personaje, sino en la manera sencilla y humana que tiene de recordarlo, de dejar sentado a cada momento a Cervantes, para mirar alrededor, en las galeras donde luchó; en lo que significaba ir a una cárcel como la que le alojó; en el tipo de mujeres o de teatros donde podían ir a entretenerse; o hurgar en la biblioteca del autor de “El Quijote” para ver que contiene antes de que comience la creación del caballero más famoso. Fernández pinta cuadros de vida cotidiana o palaciega, y mete a Cervantes en ellos como si mirara al interior desde una puerta entreabierta, para levantar luego a Don Miguel y llevarlo a otro lugar importante de su existencia. “El Quijote” no es una lectura fácil, de ahí el valor de la versión actualizada de Andrés Trapiello, pero la manera que tiene el autor de traerlo a cuento, de localizar dentro del caballero a su creador, me hizo volver a leerlo. Ocurre lo siguiente. “El Quijote” es como el whisky o los amaros italianos, al principio pueden saber a matarratas, pero se acaban revelando como otra cosa, y pueden conducir al vicio. Manuel Fernández Álvarez era un “vicioso” de la época y ni la Inquisición tendría algo que objetar a este vicio contagioso.

Carlos López-Tapia

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