Cine en serie: "Crisis en seis escenas", un Woody Allen recurrente y reparador

Cine en serie: "Crisis en seis escenas", un Woody Allen recurrente y reparador

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Querido Teo:

No se puede negar que Woody Allen tiene tirón en España como ha vuelto a demostrar "A propósito de nada", memorias a las que hemos rebautizado como el “bestseller de la desescalada" ante el éxito demostrado, al menos, en redes sociales con un gran número de gente posando con el libro. Esto nos ha llevado a pensar en "Crisis en seis escenas", la serie que rodó Woody Allen para Amazon en 2016, un momento en el que la relación entre la compañía y el autor todavía era buena antes de que Woody Allen tuviera que demandar (y ganar) a Amazon por incumplimiento de contrato al arrinconar la compañía a “Día de lluvia en Nueva York” tras avivarse su episodio más polémico del pasado en pleno auge del #MeToo. Hoy toca reivindicar una serie que pasó desapercibida pero que es un disfrute puro Woody Allen.


“Crisis en seis escenas” iba a ser el inicio de una colaboración de películas y proyectos televisivos entre Amazon y Woody Allen pero finalmente quedó en un divertimento entre lo teatral y el vodevil que se puede, al menos, disfrutar en la plataforma a lo largo de seis capítulos de poco más de 20 minutos cada uno de ellos. En realidad el proyecto no disimula ser la clásica película de Woody Allen, muchas veces despectivamente apodada “menor”, dividida en seis partes tal cual y sin molestarse en hacer una cabecera que separe cada episodio para darle formato televisivo.

“Crisis en seis escenas” no arriesga pero sí que convence utilizando los recursos del Allen todavía lucido y certero explotando su faceta de hipocondriaco y acomodado burgués lleno de manías que sólo está preocupado, en esta ocasión, por sus barquillos, sus naranjas, los partidos de béisbol y por recibir luz verde para enchufar en alguna cadena su último guión televisivo. Toda esta rutina que comparte con su mujer, que tiene en su casa su propia consulta como terapeuta de pareja, se viene abajo cuando, en plenas revueltas por los derechos sociales en la década de los 60 y las protestas por la Guerra de Vietnam, irrumpe en su casa una prófuga de la justicia, deslenguada, combativa y poco afectiva, pidiendo cobijo para huir de la policía que le está buscando tras cometer un golpe junto a su banda.

Woody Allen no se preocupa por hacer algo distinto y sabe porque Amazon contó con él para este proyecto, y eso no fue por su carácter innovador, no siendo otra cosa que el reclamo reconfortante de encontrarse con todo lo que supone uno de los últimos genios vivos a nivel verdaderamente popular. Woody Allen es reconocible por todas las generaciones y también su sello, ideas y tics que aquí revierte ofreciendo algo que no por repetitivo deja de sonar reparador. Y es que, además de dirigir y escribir, Woody Allen se pone delante de las cámaras, algo cada vez menos habitual y que no ocurría desde “Scoop” (2006), “A Roma con amor” (2012) y “Aprendiz de gigoló” (2013). Allen es Sidney J. Munsinger, un escritor que vivió épocas mejores y que ahora se ha reciclado como guionista televisivo teniendo que ver como su vida conservadora se pone en peligro por las ideas liberales de una joven activista, Lennie (Miley Cyrus), perseguida por la ley y que prepara su huida a Cuba en avioneta.

Woody Allen se ríe de sí mismo, de los convencionalismos, de las ideologías y en el que su personaje, evolucionado con el tiempo y el paso de los años, sigue impecable en la réplica ingeniosa pero ya hastiado de una vida que le supera y que sólo quiere mantener en su comodidad cuadriculada. Por supuesto su contrapunto y complemento es el clásico personaje femenino que le acompaña en todas sus películas y que en este caso se llama Kay y recae en una estupenda Elaine May, toda una veterana y reconocida guionista (nominada al Oscar por “El cielo puede esperar” en 1979 y “Primary colors” en 1999) que también ha sido una actriz intermitente y que ya trabajó con Allen en “Granujas de medio pelo” (2000). May logra ser la parte responsable, racional, determinada y comprensiva de la pareja y, aunque está estupenda en su rol, no se puede negar que nos hubiera encantado ver de nuevo a Diane Keaton teniendo sus conversaciones conyugales e incluso llevando a cabo una misión especial en la ciudad, con un maletín y una cabina de teléfono como protagonistas, que termina de la manera más enredada posible.

“Crisis en seis escenas” juega con la austeridad teatral y los espacios cerrados alejándose de sus postales turísticas habituales en los últimos años o el lucidor empaque que le está dotando Vittorio Storario en las recientes películas de su filmografía. Eso favorece el tono de comedia de situación en los mejores momentos de la serie como son la escena inicial en la peluquería en la que Sidney quiere conseguir infructuosamente el peinado de James Dean, la llegada nocturna a la casa de una pareja de policías teniendo que hacer pasar a Lennie por la hija del matrimonio, la citada misión con el maletín trapicheando por Brooklyn y saltando tejados y, sobre todo, gran parte del último capítulo en el que confluyen en la misma casa todos los personajes favoreciendo el enredo en un momento muy “alleniano”, y propio de los hermanos Marx, en el que se cruzan conversaciones y un gran número de personas, entre ellos los pacientes de Kay y el grupo de ancianas que forman el club de lectura del que forma parte ésta y que durante la serie pasan de leer a Kafka, y no entender nada sobre la cucaracha, a convertirse en unas combativas documentadas en pro de la causa del comunismo siguiendo las ideas de Mao, Marx o Lenin.

Es curioso que Woody Allen en su oscarizada “Annie Hall” dijera que la gente de Beverly Hills no tiraba la basura sino que la convertía en serie de televisión. Sería muy duro juzgar a este título más que como un divertimento gozoso especialmente dirigido a fans de Woody Allen. Si es así uno no puede salir decepcionado de una serie que se ve del tirón y que es un retrato con licencias pero muy mordaz sobre una década revuelta en la que se daban cita el movimiento hippy, la psicodelia, las drogas, la revolución sexual, nuevos estilos musicales y continuos enfrentamientos sociales. Una década, por otro lado, no muy diferente e igual de caótica e impredecible que la que estamos viviendo actualmente. Sólo se le puede reprochar la subtrama romántica entre Alan (John Magaro) y Ellie (Rachel Brosnahan) en el que una pareja aparentemente perfecta se ve alterada por las ideas y el deseo que hace brotar Ellie en él y que es el peaje juvenil de la serie.

“Crisis en seis escenas” no mereció las críticas duras recibidas en su día, seguramente por las expectativas que siempre se tienen en nombres consolidados, y más en este caso siendo el salto televisivo de todo un consagrado. Woody Allen es quien es y hace el cine que hace y nadie va a cambiarlo a estas alturas como él demuestra en este divertimento que ofrece una broma magistral final relacionada con “El guardián entre el centeno” y que nos da la impresión de que hubiera sido mejor valorada si hubiera sido el clásico título anual de su filmografía más que como una sitcom enmascarada de serie de televisión. En todo caso, una delicia para los aficionados al universo de filias y fobias del director al que, en esta ocasión, vuelve a ser una gozada verlo actuar casi sin que sean perceptibles en él las limitaciones de la edad.

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Nacho Gonzalo

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