Cine en serie: “La chica del tambor”, la última adaptación hasta la fecha de John Le Carré

Cine en serie: “La chica del tambor”, la última adaptación hasta la fecha de John Le Carré

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Querido Teo:

"La chica del tambor" es, hasta el momento, la última adaptación que se ha hecho de una obra de John Le Carré siguiendo los pasos de la ya reseñada "El infiltrado", ambas para televisión. Si en aquella teníamos a Susanne Bier detrás de las cámaras en este caso no se cuenta con un director de menos nivel como un Park Chan-wook que fue el responsable de la dirección de una serie limitada de seis capítulos en la que su estilo queda más que patente cuidando una puesta en escena que por su juego de escenarios y colores a veces bien parece un cuadro de Edward Hopper. La serie de la BBC se puede encontrar en Movistar+.

“La chica del tambor” ya tiene un precedente cinematográfico como es la versión que hizo para cine George Roy Hill en 1984 con Diane Keaton como protagonista. Aquí es Florence Pugh, justo en ese paso intermedio entre la revelación que supuso en "Lady Macbeth" (2016) y la confirmación de "Mujercitas" (2019).

Sorprende desde que se le descubrió la madurez, personalidad y profundidad que dota la actriz a sus personajes, muy lejanos de la vulnerabilidad y siempre fieros en su determinación, rabia y desparpajo. El personaje femenino es capital en una historia de espionaje e intrigas sociopolíticas y estratégicas en la que Pugh da vida a Charlie, una aspirante a actriz que es captada por una célula israelí para interpretar un papel que le permita infiltrarse en el seno de la causa palestina frente a la que ellos combaten.

La acción de “La chica del tambor” arranca tras el atentado de los Juegos Olímpicos de Munich en 1972 en un ambiente enrarecido marcado por la actividad más sanguinaria del frente palestino a nivel internacional. Momento en el que Charlie conoce a un atractivo e intrigante hombre parco en palabras durante las relajantes vacaciones que está pasando en la isla griega de Naxos junto a otros miembros de la compañía teatral de la que forma parte.

Ella será entrenada física y psicológicamente para que así pueda dar vida de manera creíble a la última conquista del vividor Salim que no es otro que el hermano de Khalil, el cabecilla que está detrás de los últimos golpes que amenazan a países de Europa como Alemania y el Reino Unido siempre dirigidos en contra del pueblo judío. La retención de éste por parte del grupo de judíos permitirá que Charlie pueda tener campo libre para llegar hasta Khalil y neutralizarlo aunque el que se meta tanto en el papel quizás pueda suponer más de un peligro para una misión en la que es fundamental la confianza y el juego de lealtades.

Charlie no será más que “el cebo” para una operación medida hasta el detalle capitaneada por Martin Kurtz (Michael Shannon), el director de la función, y Gadi Becker (Alexander Skarsgård), tan instructor como guardián protector, que, a su vez, ha sido el reclamo para atraer a la joven a la misión y establecer con ella un juego entre realidad y ficción para que la atracción que ella siente por él se traduzca en los mismos sentimientos de cara a la causa palestina por la que se tiene que sentir fascinada y comprometida a partes iguales.

Una misión que demuestra que, al margen de los ideales, Charlie no necesita de ellos, primero para hacer su mejor interpretación, en pro de un bien común que amaine la violencia aunque los judíos estén dispuestos a llegar hasta donde haga falta, y segundo porque como tantos otros ella no se mueve por una ideología mal entendida sino por aspectos tan mundanos como el corazón y los sentimientos que despiertan en uno mismo.

“La chica del tambor” es un sugerente cóctel en el que hay intriga, escenarios internacionales tan del gusto de Le Carré, y ese cierto tono de glamour que adopta la historia rememorando al espía clásico inmortalizado por el cine. Aquí es donde Park Chan-wook da empaque a la producción, no sólo en el manejo del suspense sino, sobre todo, en el cuidado preciosista de unas escenas que juegan en el plano-contraplano pero en el que cada detalle y color cuenta. Es realmente admirable como cada escena adopta una perspectiva pictórica de manera atractiva para el espectador personalizando en vestidos, accesorios o simbolismos la motivación de los personajes en cada uno de los momentos.

El arte de la interpretación es el arma fundamental para el éxito de una misión que, a pesar de que Charlie no se haga preguntas, tiene un matiz claramente partidista en pro de la causa judía, acostumbrada a ser la más aceptada desde la perspectiva de Occidente a pesar de una guerra fratricida que lleva ya décadas de conflicto. El guión de Claire Wilson y Michael Lesslie no se pierde demasiado en añadir complejidad al contexto de la época, alejándose de la, en ocasiones, farragosa lectura de las obras de Le Carré, simplificando la historia en un enfrentamiento entre israelíes y palestinos con la relación de Charlie y Gadi como arco dramático y emocional en el que tendrán que concluir si pueden controlar esos sentimientos que van emergiendo entre ellos desde ese primer encuentro romántico en la Acrópolis de Atenas.

“La chica del tambor” es un juego de espejos que destaca en la realización por su significado cromático, en su desarrollo por esa tensión “in crescendo” que deja un quinto y un sexto capítulo que hace que todo el recorrido valga la pena, y por la constatación del talento de una Florence Pugh que muchos ya ven como heredera de actrices como Cate Blanchett o Kate Winslet. Además ese estilo clasicista, melancólico y poderoso desde el punto de visual que le aporta Park Chan-wook eleva sobremanera a este título sobre la primera adaptación de los 80. Todo para conformar una mentira que, por un bien común, no se vea despojada por los avatares de la vida.

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Nacho Gonzalo

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