Cine en serie: “The americans”, un triunfo en la Guerra Fría

Cine en serie: “The americans”, un triunfo en la Guerra Fría

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Querido Teo:

Pongámonos en situación: Años 80. Barrio residencial a las afueras de Washington DC. Una casa donde vive un matrimonio con sus dos hijos preadolescentes, que trabaja en su propia agencia de viajes. Todo parece normal, salvo que nada es casual: son dos espías rusos de la KGB. Esta entrada tiene spoilers sobre el final de la serie.

“The americans” ha sido sin duda uno de los drama de referencia de los últimos años. Cuando “Mad Men” estaba dando sus últimos coletazos, o “Breaking bad” estaba pasando a la Historia, llegó una pequeña ficción sin grandes pretensiones y que ha acabado convirtiéndose en uno de los pilares de calidad que empiezan a naufragar en muchas ficciones norteamericanas, este año especialmente.

Pero, ¿qué ha convertido a esta historia de espías en una de las mejores series de la década? Sin duda el saber en todo momento hacia donde iba la narración y sobre todo centrarla en un drama de personajes que ha hecho al espectador partícipe de los momentos de tensión, enfado o tristeza del matrimonio Jennings. No siempre fue así: la primera temporada fue una tanda de presentación donde tanto Elizabeth como Philip vivían distintas situaciones con un final explosivo pero que nos dejaban conocerles poco. Sin embargo, y con la perspectiva que tenemos ahora seis años después, aquel preludio nos enseñó quiénes eran, de dónde venían y cuáles eran sus motivaciones; algo que ya asumimos en su desenlace.

Si bien es cierto que muchas veces se ha achacado a “The americans” que no ha terminado de explotar, o que se tomaba mucho más tiempo que otras series a la hora de llegar hasta el conflicto, esa olla a presión que ha ido creciendo episodio tras episodio y temporada tras temporada ha ayudado a que su final sea uno de los mejores que el espectador ha tenido la suerte de vivir en los últimos años. Elizabeth y Philip llevan años como espías, y ahora que parece que todo se va a acabar, cuando sus misiones les acaban sobrepasando y cuando se han salvado por la mínima de otras situaciones peligrosas, es cuando finalmente todo se viene a pique. Y eso es un final explosivo.

Philip dejó el trabajo de espía para convertirse en un ciudadano norteamericano corriente, con sus problemas y sus anhelos. Si bien las primeras cuatro temporadas Matthew Rhys tenía el peso dramático de la serie y su personaje era el que más podía conectar con la audiencia y con su relación con Martha, estos dos últimos años ha dejado paso a la Elizabeth de Keri Russell como absoluta protagonista. La historia de Philip ya había llegado a ese punto al que Elizabeth todavía no entendía y tenía que llegar.

Elizabeth este año ha tenido que lidiar con la formación de su hija como espía (y su consecuente rebeldía), pero además ha tenido la presión sobre sus hombros de todas las misiones que antes ejercía con Philip, y ella sabe que lo necesita; ya no sólo porque está enamorada de él aunque cada vez se encuentren más lejos, sino que es necesario para su trabajo y para su país. Elizabeth ha necesitado muchas misiones y situaciones para entender que ha llegado a su límite; probablemente por esa razón hemos creído tanto en ella: todo ha sido consecuencia de algo que ha ocurrido y ella ya no puede más.

Atrás quedan grandes tramas como el trío amoroso de Elizabeth en la primera temporada; la relación de Martha (una robaescenas maravillosa) con un personaje creado por Philip; la historia de contraespionaje de Nina; Stan acechándoles o la que sin duda fue el gran salto que dio la serie a nivel de calidad: el descubrimiento de Paige de que sus padres eran dos espías rusos de la KGB, y todas las consecuencias que ello tuvo hasta el final (recordemos ese episodio en la mesa de la cocina). Por eso también es importante recordar y resaltar la labor de los secundarios, que han ayudado muchísimo a que la serie creciese, en especial Noah Emmerich (Stan), Alison Wright (Martha), Margo Martindale (Claudia) o la mismísima Holly Taylor (Paige), que nos redescubrió que ser una adolescente no significa tener una trama terrible en una serie “made in USA”.

Esta última temporada ha sido de descubrimientos, pero no de secretos, sino de autodescubrimientos: Philip por fin se ha dado cuenta de quién quiere ser y Elizabeth ha llegado tarde, pero también lo ha entendido. Por eso los dos últimos episodios de “The americans” han sido especialmente dolorosos; una vez los personajes ya han tomado determinación de hacia dónde quieren ir y lo que quieren ser, son descubiertos y comienza la carrera contrarreloj por huir, abandonando su vida de los últimos 20 años.

Son especialmente dolorosas las últimas escenas de la serie, con un Stan abatido y rabioso por las mentiras que le ha tocado vivir; Paige tomando la firme decisión de abandonar a su familia (por otro lado lógico porque ella es norteamericana) y esa última escena y conversación entre Philip y Elizabeth en Rusia: los dos tienen que asumir lo que ha ocurrido, las consecuencias de la vida irreal que les ha tocado representar; sabían que esto podía ocurrir pero no sabían lo mucho que les iba a doler. Cuando ambos miran al horizonte y piensan en cómo podría haber sido su vida en tierra soviética no se imaginan con otra persona; y pese a lo doloroso que será no volver a saber de sus hijos y ser extraños en su propia tierra, se tienen el uno al otro: dos desconocidos que se enamoraron de su propia mentira.

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Rubén Murillo

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