Cine en serie: “The handmaid´s tale”, la rebelión desde dentro

Cine en serie: “The handmaid´s tale”, la rebelión desde dentro

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Querido Teo:

“The handmaid´s tale” ha culminado un recorrido de tres temporadas en el que hay cierta sensación de fin de ciclo por mucho que la serie de Hulu vaya a continuar, al menos, una temporada más y es que todo lo que rodea al universo de Margaret Atwood ha encontrado un público que lo abraza como analogía crítica de nuestro tiempo en el que los recortes de las libertades y el auge de los populismos son un hecho. Tras una alabada primera temporada la serie pronto viró (como marcó el final de la segunda) a que la rebelión de June frente a la República de Gilead tenía que ser desde dentro y en ellas está, aunque cuesta creer que su personaje siga adelante y el represor régimen no haya sido más duro con ella teniendo en cuenta que se ha erigido en una cabecilla rebelde y contestataria.

La segunda temporada de “The handmaid´s tale” exploró horizontes más allá del mundo de June para ver cómo viven el resto de mujeres en una sociedad que las jerarquiza en señoras, marthas y criadas. Conocimos las inhóspitas Colonias donde van las desarrapadas, aquellas condenadas por su actitud a hacer el trabajo sucio en una especie de campo de concentración, y también todo el proceso ceremonial que rodea al embarazo teniendo en cuenta que June, a pesar de todo, es un bien protegido ante el hecho de esperar una criatura por lo que, en cierta manera, cuenta con cierta protección lo que para alguien disconforme como ella es una válvula de escape para contribuir a la sublevación. Se explora más la relación de ella con el chofer Nick y los Waterford que tienen en June también un espejo del brillo de lo que fueron pero que ante su cerril propósito ha quedado difuminado, especialmente en una Serena que ve como sus ideas han quedado subordinadas a la notoriedad pública de su marido fruto de la sociedad patriarcal que han construido.

En la segunda temporada también asistimos al ritual en el que a los Ojos se les asigna una esposa y todo lo que ello conlleva para la casa de los Waterford conviviendo con ellos otra pareja aunque sea por tiempo limitado, la de Nick y la adolescente virginal e inocente que pasa a ser su mujer. La serie se permite en estos momentos apostar por la solidez de su puesta en escena creando un universo propio pero vintage que arroja momentos de altura como la visita diplomática de los Waterford a Estados Unidos para enarbolar la bandera de Gilead, frente a las protestas de manifestantes que piden la intervención de Naciones Unidas, una casa rodeada de nieve en la que, en cierta manera, ante la soledad la protagonista pondrá en orden sus pensamientos, realidad y prioridades, asentando la definición y evolución del personaje que ha tenido que cambiar a la fuerza para sobrevivir y no desquiciarse, o esos últimos tres capítulos que implican un giro muy emocionante y que tienen a June y a Emily como protagonistas en un cruce de caminos que marcará el destino de la serie y que confirman las intenciones de June de no salir de allí si no es acompañada de su hija.

La satisfacción de que algo se mueve dentro de Gilead es el bálsamo que encuentran los personajes, no sólo por la alianza de las marthas trabajando como una red clandestina, sino por la humanidad comienzan a destilar algunos de los mismos y es que conocer algo del pasado de la Tía Lydia (y algunas de sus decisiones a pesar de su dureza y ensañamiento con sus “niñas”), o la influencia de la madre de June, Holly, permite saber el punto en el que estaban cada uno de los personajes cuando este Estado irrumpió por la obra y gracia de hombres como el Comandante Lawrence, el nuevo señor de June, que ha dado con sus matices e intentos redención un tono de grises morales muy interesante para la serie como devoto marido y facilitador amo a la hora de, en cierta manera, demostrar también que la inteligencia se mide por el hecho de saber reconocer que uno se ha equivocado y dar pasos para intentar solucionarlo aunque sea de manera tibia y camuflada. Es algo que ha aprovechado June para hacerse con los medios para asentar su revolución.

Todo frente al intento desesperado de los Waterford no sólo de ser padres y ejercer como tales (él por ego, ella por él intento desesperado de esa manera de justificar su causa) sino de, a pesar de sentir cada vez más la presión internacional, difundir su mensaje en Washington D.C. para lo que necesitarán a una June que contribuya en la imagen junto a ellos a dar imagen de tranquilidad, seguridad y paz e incluso jugar al chantaje emocional para ganar terreno en lo referente a saber cuáles serán los brazos que acogerán definitivamente a la pequeña Nicole/Holly. La impactante escena ante la explanada del Capitolio resume todo el alarde de una producción pulcra y exquisita en cada una de sus escenas desde un punto de vista estético pero sin renunciar a la carga emocional y dramática de cada diálogo y mirada, especialmente en conversaciones como la que mantienen llenas de furia mutua los personajes de June y Serena frente a la derruida estatua de Abraham Lincoln conformando la incontestable iconografía de la serie.

La unión hace la fuerza y aunque para muchos la tercera temporada de “The handmaid´s tale” no haya estado a la altura ésta sí que llega a buen puerto gracias a algunas de las escenas más conmovedoras de toda la serie como la de ese rescate organizado por June que pretende ser un golpe muy duro para un Gilead que se va desmoronando tanto por arriba como por abajo y del que habrá que ver cuál es su respuesta en el futuro. Todo a pesar de su evidente fin de ciclo que convierte a June más que en un mártir en una arquitecta en la sombra con un poder demasiado poco creíble para tambalear por sí misma, y a través de su rabia, con su propósito, y a pesar de la ayuda recibida, los cimientos de Gilead.

Con el triunfo del humanismo frente a la sinrazón, con los Waterford padeciendo la sombra de su poder difuminado y más divididos entre sí que nunca, y con un golpe para el futuro de las generaciones en las que se pretende sustentar Gilead, el capítulo “Mayday” deja la serie en un momento de madurez envidiable pero complejo a la hora de pretender seguir estirando la trama. Eso sí, destapado ya el tarro de sus propósitos y admirada y satisfecha ante lo llevado a cabo, no parece haber marcha atrás para una June que ha ido evolucionando primero como DeFred y después como DeJoseph.

Todavía parece haber mucho que contar porque la indignación sigue y la lucha (lejos de ser resignada) está llevando a la serie a nuevos terrenos en los que el universo de Margaret Atwood es pertinente a la hora de redirigir a los políticos y a la ciudadanía por donde no tenemos que ir. Curiosa paradoja este enriquecimiento de la ficción que con producciones como ésta demuestra que la respuesta de la misma frente a este mundo desquiciado e incierto en el que vivimos es que no podemos decaer en nuestra lucha conjunta y persistencia moral por hacer un mundo mejor o, por lo menos, evitar que por desidia y apatía se eche a perder de una manera irrevocable.

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Nacho Gonzalo

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Comentarios

Angelina - 18.11.2019 a las 04:23

Por otro lado, tambien se ha anunciado que apareceran caras nuevas, tema que por el momento queremos dejarlo en suspense hasta acercarse a su estreno. Muchas son las series de rebelion social que, ademas de The Handmaid’s Tale, estan marcandose el exito, como la ya comentada .

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