Cine en serie: “The young Pope”, la flaqueza del príncipe

Cine en serie: “The young Pope”, la flaqueza del príncipe

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Querido primo Teo:

El excelente período que está atravesando la televisión está haciendo que su hermano mayor se sienta realmente acomplejado ya que en ella vemos la valentía, originalidad y talento que tanto se echa en falta en el cine. Si hasta hace unos años ver a una figura de renombre en un producto televisivo era sinónimo de declive, hoy lo más probable es que una estrella le exija a su agente que le busque un buen proyecto catódico. Es más, hasta la prensa lo va a ver con agrado. Va a ser más considerado un actor que en pleno apogeo de su fama se interesa por participar en una producción de la HBO, porque sabe que va a rodearse de lo mejor o de lo más prometedor de la industria y que muy mal tienen que salir las cosas para no ser nominado a un Emmy, que otro que prefiera seguir viendo eso de trabajar en la tele como bajar de categoría. Paolo Sorrentino, que se consagró internacionalmente con “La gran belleza” con la que se llevó en el 2014 el Oscar a la mejor película en lengua no inglesa, ha sido uno de los últimos en dar el salto a la pequeña pantalla con “The young Pope” en donde se ha atrevido a mirar por encima del hombro tanto a la televisión como al cine.

La serie arranca con Lenny Belardo en su primer sermón ante los fieles congregados en la Plaza de San Pedro y pronuncia un discurso tan hedonista que aboga por la libertad individual, tan propio de los Monty Python y tan escandaloso que termina expulsando de la Iglesia Católica al recién elegido Papa. Lamentablemente es una pesadilla. Pío XIII, el primer pontífice norteamericano, está tan pegado a los dogmas que condena a la Iglesia en su camino hacia el progreso dejándola bajo mínimos en su índice de popularidad.

Cuando se anunció que Paolo Sorrentino iba a rodar una serie limitada sobre la figura ficticia de Lenny Belardo, que se convirtió en el primer Papa norteamericano de la Historia, más de uno se frotó las manos. No por el proyecto en sí (respaldado por la HBO, Sky Atlantic, Canal + y Mediapro) sino por la reacción del Vaticano. Pero la Santa Sede ha preferido mantenerse al margen básicamente porque lo que realmente nos cuenta el director de “La gran belleza” es el relato de un hombre que asume su fe en sí mismo. Todo lo demás es una excusa.

The Young Pope Law y Keaton

“The young Pope” no es la crónica del mandato de Pío XIII, es la radiografía de un hombre con una profunda crisis existencial. Lenny Belardo es un misterio porque ni siquiera él mismo sabe quién es. Siendo tan solo un niño fue abandonado por sus padres, una pareja de hippies. Suplió la ausencia de una familia en el orfanato católico en el que se crió y posteriormente en el seminario y sobre todo en el amor a Dios, él asumió su cobardía y que es demasiado doloroso amar a cualquier persona (su única experiencia cercana al sexo fue tocarle las piernas a una chica) y es un Santo, aunque eso no quiere decir que sea una buena persona. Es déspota, intratable, vanidoso hasta el punto de ocultar su imagen al público, y a veces parece tan caprichoso como un niño, dejó de creer en la humanidad y desde su posición en lo más alto de la Iglesia Católica ejerce su venganza; incluso cuando obra milagros está saldando sus deudas con el pasado. Cuando se convierte en el Vicario de Cristo pierde su fe en Dios ya que considera que es incapaz de salvarle de sí mismo. En una de las escenas más hermosas de la serie, Pío XIII es visitado por sus antecesores y él les pide consejo obteniendo como respuesta que la clave no es creer en Dios sino en sí mismo. Eso le parece una estupidez porque considera que lo de la autoestima es una banalidad, y sus colegas le hacen ver que no hay cosa más trivial que el poder. Su redención y liberación llegarán en el momento en el que comprenderá que, para ello, es necesario perdonar.

Probablemente el personaje de Lenny Belardo sea uno de los más fascinantes que se han escrito en los últimos años. Y tengo que confesar que me fue imposible no verme reflejada en él en cierta manera ya que cuando vi la serie por primera vez no estaba ni de lejos en mi mejor momento y me obsesionaba la idea de tirar la toalla porque había dejado de creer en mis posibilidades. Paolo Sorrentino le ha hecho un regalo a Jude Law, y también ha sido tremendamente exigente con él. El rodaje fue una experiencia agotadora en la que el actor tuvo que realizar hasta ochenta tomas seguidas, y no porque fuese incapaz sino porque las secuencias se rodaban de principio a fin. Es asombroso lo que ha hecho el actor británico con un personaje tan complejo resolviéndolo con una facilidad pasmosa. Jude Law siempre ha sido mirado por encima del hombro porque no se le ha perdonado que sea la perfecta encarnación de la lujuria (que comenzase a perder pelo fue incluso visto como un ajusticiamiento del karma por haberle arrancado las bragas a la legítima de alguien), pero siempre ha sido magnífico y sus dos candidaturas al Oscar no se las quita a nadie pudiendo haber sido un justísimo vencedor de la estatuilla por “El talento de Mr. Ripley” en el mejor año que se recuerda de la categoría de actor de reparto. Pero por “The young Pope” merece estar entre los más grandes porque nos encontramos definitivamente ante un intérprete carismático, magnético y superlativo a pesar de lo mal que llora. En fin, nadie es perfecto.

Jude Law marcando estilo en The Young Pope

Gracias a “The young Pope” Diane Keaton ha recordado por primera vez en décadas que es actriz. La “chica Allen” por excelencia ganó el Oscar por hacer de sí misma en “Annie Hall” (y es uno de mis favoritos de la Historia), es una de las pocas que pueden presumir de tener su propio género cinematográfico. Lo suyo es como el Landismo al cine español o el Resinismo a la televisión de nuestra piel de toro. Si vemos una película de Diane Keaton sabemos que nos enfrentamos al espectáculo de una neurótica aburguesada y eso es lo nos ha ofrecido a lo largo de su carrera en la que hay honrosas excepciones. La hermana Mary es la madre que no tuvo Lenny Belardo, le acogió en el orfanato y en el Vaticano es su consejera, su “Pepito Grillo” a pesar de que llega a traicionarle en determinado momento. Se permite el lujo de ser extravagante, luce para dormir una prenda que dice “Soy virgen pero esta camiseta es vieja”, pero ha sacado a la intérprete extraordinaria que lleva dentro y es una gozada reencontrarse con ella.

En el pasado Voiello, el cardenal de Estado, pudo tutear a Maquiavelo. Él amañaba los cónclaves para manipular a su antojo a los pontífices y como bien diría el autor de “El príncipe” el fin justificaba los medios ya que era para conducir a la Iglesia Católica hacia el progreso y acercarla al siglo XXI. Escogió a Belardo como marioneta porque consideraba que era una figura de consenso que serviría de puente entre las ideas más conservadoras y más aperturistas. Pero se equivocó. Y en el nuevo Vicario de Cristo Voiello tiene el mismo poder que un twittero con aspiraciones de ser aceptado por el grupo de guays, es decir, ninguno, porque se encara con una inteligencia superior. Voiello es un personaje que no despierta antipatías porque es un conspirador de sainete, un Pierre Nodoyuna con sotana que cuando es consciente de que se enfrenta a un enemigo imbatible termina actuando como un Sancho Panza, y que es tan humano como el común de los mortales; es del Nápoles, maradoniano y siente devoción por su mejor amigo, un joven con parálisis cerebral al que cuida y acompaña diariamente y que es su vía de escape ya que es el único ser que le conecta realmente con la pureza y la bondad, y finalmente no puede librarse de eso tan mundano que es caer en las garras del amor. Ha sido un gran acierto que el antagonista de la serie haya recaído en las manos de un actor tan magnífico como Silvio Orlando (al que le dieron casi todos los premios por dar vida a un productor desesperado en “El caimán” de Nanni Moretti) que ha sabido darle muchísimas más dimensiones al personaje concebido por Paolo Sorrentino. Orlando está de Emmy y sería injusto que no llegase a la final.

Silvio Orlando en The Young Pope

Jude Law dijo en su momento que el personaje de Bernardo Gutiérrez es el más hermoso de la serie. Y no le falta razón. Fue el propio Javier Cámara el que le rogó a Sorrentino el papel del cura español y desde luego que ha sido un acierto su incorporación al cast. Gutiérrez es una de las pocas personas que realmente se han ganado el afecto y la confianza de Pío XIII. No deja de ser un niño grande asustado porque su infancia se vio truncada de la manera más atroz, algo que le ha llevado a vivir eternamente con miedo y a refugiarse en la ginebra. El Papa le encomienda la misión de investigar al Arzobispo de Nueva York acusado de pederastia y convencido de que es la mejor manera que tiene Gutiérrez de exorcizar sus demonios. Cámara está impecable demostrando una vez más que es uno de los mejores actores que tenemos en España.

Las otras dos mujeres importantes de la serie son Esther, la esposa de uno de los guardias suizos del Vaticano, y Sofia, la jefa de prensa y encargada de Marketing de la Santa Sede. La primera de ellas encarnada por una más que correcta Ludivine Sagnier representa a la mujer que le habría gustado a Lenny Belardo, o también a la madre que no pudo tener, y por eso se ha ganado su confianza, algo que es utilizado por los enemigos del Papa para tenderle una trampa. Tanto ella como su marido son estériles y el santo Belardo obrará el milagro que tanto ansían. En la segunda el pontífice encuentra a alguien cómplice y la presencia de Cécile de France (que bien puede ser un cruce entre una chica Bond de la era de Sean Connery y la Linda Evans de “Dinastía”), y la buena química que tiene con Jude Law, supone un soplo de aire fresco cada vez que el personaje aparece.

The Young Pope Law de France

James Cromwell, magnífico en la piel de cardenal Spencer, representa al padre de Lenny Berlardo, él fue su mentor cuando entró en el seminario y se sintió humillado al ver que su pupilo fue elegido Papa y no él. Por otro lado, un eficaz Scott Shepherd encarna al cardenal Dussolier y es el hermano de Lenny ya que ambos se criaron juntos en el orfanato. Y por último cabe destacar a Marcello Romolo que encarna con acierto a Don Tommaso, el confesor del Vaticano que es utilizado por el Papa para descubrir los secretos más ocultos del personal.

Paolo Sorrentino está considerado el nuevo Federico Fellini, y él nunca ha escondido que la influencia del autor de “La strada” ha sido clave en su obra, también es verdad que le acusan de que como cineasta no tiene más referencias; la oscarizada “La gran belleza” bien puede ser “La dolce vita” y “La juventud” una especie de “Ocho y medio”. Al igual que Fellini, Sorrentino es un radiógrafo que expone las miserias de la sociedad y también es un gran esteta, es muy difícil no caer en el síndrome de Stendhal por esa capacidad tan asombrosa de resaltar la belleza incluso de aquello que se aleja completamente del canon. Cada episodio ha costado cuatro millones de euros y se nota hasta el último céntimo invertido ya que, por motivos más que evidentes, no se pudo rodar en la ciudad del Vaticano y la mayoría de los escenarios que vemos son reconstrucciones hechas en Cinecittà.

The Young Pope

“The young Pope”, que en España se puede ver en la HBO, tuvo un cierre perfecto pero debido al éxito y a la calidad de este producto ya se ha asegurado una continuación aunque con un nuevo reparto e historia. “The new Pope” comenzará a rodarse a finales de este año en Italia y se estrenará el próximo año.

Vídeo

Mary Carmen Rodríguez

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