Coleccionable David Fincher: “The game” (1997), juego y reválida

Coleccionable David Fincher: “The game” (1997), juego y reválida

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Querido primo Teo:

Tras el gran éxito cosechado con “Seven”, Fincher encara su siguiente proyecto cinematográfico con la confianza que le dan el respaldo de crítica y taquilla, pero con la responsabilidad de responder a las expectativas que comienza a despertar como realizador, y el reto de mantener el listón, colocado muy alto, con su anterior película. A comienzos del año 1996, Fincher se mete de lleno en su siguiente proyecto tras leer el guión de Michael Ferris y John Brancato, supervisado por Andrew Kevin Walker (guionista de “Seven”), que le pasa el productor Steve Galin. Un guión calculado y minucioso, que será reescrito durante el rodaje, y que atrae a Fincher por sus dosis de intriga, con giros y manipulaciones (el director recordaba en una entrevista que le gustó porque le recordaba a la mítica serie “Dimensión desconocida”. El director elige no salirse del cine de género para su tercera incursión en la pantalla grande, la película se titulará “The game”. Cuenta con el respaldo de la productora Polygram, que le da un presupuesto de 60 millones de dólares y una estrella para que encabece el cartel: Michael Douglas. La película es coproducida por la compañía fundada por el director, Propaganda Films, nacida como productora de anuncios y videos musicales a mediados de los ochenta.

Así, de la sórdida ciudad sin nombre de “Seven”, Fincher nos lleva, en “The game”, a una identificable San Francisco, tampoco demasiado acogedora, en la que un multimillonario y misántropo hombre de negocios, Nicholas Van Orton (Michael Douglas), divorciado y obsesionado con su trabajo, lleva una vida solitaria y ordenada. Su día a día parece discurrir por la más convencional de las rutinas: de casa a la oficina, de la oficina a alguna reunión de negocios o al club privado de tenis, y de vuelta a casa. Una gran mansión, herencia familiar, en la que vive sólo con la compañía de una vieja criada. Van Orton se mueve en un ambiente deshumanizado e individualista donde intuimos que hubo un pasado más cálido y humano que ha ido dejando atrás.

Este autómata Van Orton parece tener todo controlado a su alrededor y en su vida, hasta que recibe un particular regalo de cumpleaños de su poco convencional hermano Conrad (Sean Penn), su polo opuesto, un espíritu libre. El regalo consiste en, algo tan trivial, como la invitación a participar en un singular juego, planificado a medida del cliente, por una enigmática empresa de ocio. Una excentricidad para ricos que buscan poner algo de emoción en su vida. El receloso Nicholas se resiste a entrar en el juego pero, llevado por la curiosidad y algo más, se mete, casi sin querer, de lleno en él. Lo que no puede adivinar es el cariz que terminarán tomando los acontecimientos. El juego comienza a derivar hacia situaciones inesperadas y a tomar el control de la vida del apático Nicholas.

Van Orton (Douglas) se convierte en una especie de Alicia en el País de las Maravillas (como el autor parece reverenciarnos usando la canción de Jefferson Airplane), persiguiendo al conejo blanco, al que podríamos identificar corporalmente, en la enigmática Christine (Deborah Kara Unger), una camarera que se tropieza en su camino, aparentemente, al azar. Desde que ella se cruza en su vida, la situación parece desbocarse y, Van Orton, se ve metido en una pesadilla, en una persecución, un viaje tortuoso que pone a prueba su salud física (el incidente en el taxi) y, sobre todo, mental. Un viaje en el que realidad y ficción se confunden. Un juego en el que parecen no existir reglas. Y nadie es quien parece, tampoco, por supuesto, la atractiva Christine. Ni siquiera el propio Van Orton parece saber quién es.

En el personaje de Douglas reconocemos a una Alicia con elementos de Mr. Scrooge (protagonista de “Cuento de Navidad” de Charles Dickens), del personaje de Cary Grant en “Con la muerte en los talones” de Hitchcock (del que el director se declara fan) o del propio personaje de Douglas en “Wall Street”. Este Nicholas Van Orton parece tenerlo todo en la vida pero no tiene nada. Mejor dicho, tiene algo ahora, la oportunidad de darle un giro, de renacer de sus cenizas, pero el camino será largo y lleno de riesgos. Porque no hay recompensa sin esfuerzo.

De este modo, personaje y espectadores, nos vemos inmersos en un viaje por territorios confusos, llenos de trampas, en el que nada es lo que aparenta. Un juego en el que todo es puesto en duda. El protagonista está sólo y no puede confiar en nadie. Un juego en el que todos somos una marioneta en manos de un demiurgo, que hace y deshace. Así, durante más de dos horas, Fincher juega con Douglas y con nosotros, los espectadores. Nos sentimos tan confundidos y avasallados por los acontecimientos como él. Las pistas se nos escamotean ¿es todo realmente un simple juego?. ¿Una conspiración por dinero?. ¿Hay algo más detrás?. Sólo el retorcido giro final pone fin al sufrimiento del protagonista y nos proporciona una respuesta a los espectadores.

“The game” será, una de las películas menos valoradas por la crítica de su filmografía. Tachada, con frecuencia, de obra menor, tuvo una recepción en taquilla bastante buena, aunque no tanto como su precedente, “Seven”. Muchos le achacaron, y achacan, lo retorcido y forzado de su guión, la manipulación del espectador durante todo el metraje y lo inverosímil de su giro final. Fincher la define como un melodrama de intriga, con menos pretensiones y seriedad de la que han querido ver en ella, en sus palabras: “una especie de “Misión imposible”” por su descabellado recorrido. Fincher explicaba sus intenciones en “The game”: “Acuñamos una metáfora durante la producción de The game: debe tener una acción precipitada y desesperada, como de una montaña rusa del siglo XXI. La pendiente constante, profunda, seguramente pasando por el infierno, y el regreso, pausado y esforzado, como de alguien que se ahogaba en las profundidades de modo irremediable y que, al despertar, se encuentra como un náufrago. Aun en ese estado, le quedan apenas unas brazadas para recorrer la distancia que lo separa de la costa”. Y un pensamiento recurrente en el cine de Fincher: “La idea de que no tienes ningún control sobre tu vida”.

Es curioso ver como el propio director, con “The game” y, después, “La habitación del pánico”, divide, sus trabajos en dos categorías, atendiendo a su carácter más artístico o más comercial. Fincher distingue entre lo que el llama “movies”, películas pensadas por y para la audiencia y que califica como “pequeños placeres culpables sin importancia”, y lo que llama “films”, pensadas para la audiencia y para el director, con un mayor afán de trascendencia, en sus palabras: “algo más que la suma de partes”. Dentro de esta categoría, sitúa a su anterior obra, “Seven” o, a la inmediatamente posterior, “El club de la lucha”. Aunque el realizador se muestra muy poco trascendente y resta importancia a su labor como autor: “No creo que realice nunca algo como “Persona”. Mis películas son muy obvias en lo que los personajes quieren y en lo que está pasando. No hay nada interiorizado, salvo en lo que respecta al procesamiento de la información que ofrezco y que ha de asumir el espectador. Eso constituye el subtexto de mis films”.

Para “The game”, Fincher vuelve a contar con Howard Shore, con quien ya trabajó en “Seven”, que compone otra sugestiva banda sonora, minimalista y lánguida, por momentos, que contribuye a la creación de un ambiente de misterio a lo largo de la película. Y, en un principio, repite con el director de fotografía de “Seven”, Darious Khondji, que terminará bajándose del barco por diferencias con el director, siendo sustituido por Harris Savides, cuyo trabajo se plasma en una fotografía oscura, con muchas escenas nocturnas, y elegante. Un estilo que ya empieza a caracterizar el cine de Fincher.

El comentario

“The game” está considerada una obra menor dentro de la filmografía de David Fincher. Con su revisión, una se da cuenta que más que deméritos de la película, el problema de “The game” es quedar encuadrada entre las impactantes “Seven” y “El club de la lucha”. Con una buena historia, aunque pueda pecar de tramposa, y un más que solvente Michael Douglas, la película se va embarullando al ritmo que se complica la vida de este hombre de negocios que calza mocasines de 1.000$. Cada uno. Lo cierto es que si uno se deja llevar, al tiempo que el protagonista va perdiendo el control de su vida, el espectador se va metiendo en una maraña de personajes, escenarios, pistas falsas, etc. Giro tras giro, la película te lleva por donde quiere, y te obliga a ponerte en la piel de su protagonista sin que logres simpatizar con él, que es lo que desea provocar Fincher. Hacer de Douglas un incomodo compañero de viaje. Destacan entre los secundarios un comedido Sean Penn y Deborah Kara Unger. Y como secundaria, San Francisco, ciudad-escenario de otras películas del director. “The game” se merece las dos horas que vamos a invertir en ella. (Rodasons)

“The game” es, de las películas de David Fincher, una de las que más divide los ánimos entre el público y la crítica. Para muchos, la película son unos bonitos juegos de artificio, con una gran puesta en escena y un continente vacío, que se evidencia en un final forzado y retorcido. Para otros, es una crítica social, casi transgresora, del capitalismo y sus valores deshumanizadores, ambigua y plagada de referencias a mitos y arquetipos literarios. Una película tan pesimista como las anteriores del director. Probablemente, “The game”, no sea ni una cosa ni la otra. Lo que es innegable es que, vista como un producto cinematográfico, técnicamente es impecable, está excelentemente bien narrada, y construida de forma que atrapa al espectador más reticente desde el minuto uno al cientoveinte, con un Michael Douglas, que aparece en pantalla durante el 90% de la película, en una de sus mejores últimos papeles. Una película absorbente y disfrutable. No le pidáis más. (Ananula)

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Tus primas Ananula y Rodasons

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Comentarios

Juan - 01.01.2013 a las 07:13

Increible película. Creo que es una de las mejores que vi en mi vida sino fue la mejor. El Cubo también me gusto mucho. Si saben de alguna del mismo estilo por favor avisen… Muchas gracias!!!

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