Conexión Oscar 2014: Ahora o nunca para Emmanuel Lubezki

Conexión Oscar 2014: Ahora o nunca para Emmanuel Lubezki

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Querido Teo:

Emmanuel Lubezki llega este año como gran favorito para conseguir de una vez por todas el Oscar a la mejor fotografía que tanto se le resiste. Junto a Roger Deakins es el gran maestro (y derrotado) en este campo. Si el habitual de los Coen lleva ya 10 nominaciones sin premio, Lubezki cosecha 5 sin que la Academia le haya otorgado su reconocimiento final. Y es que esta categoría confirma que muchas veces llegar favorito no es categoría de triunfo. El mexicano ha sido candidato por “La princesita” en 1996, “Sleepy Hollow” en 2000, “El nuevo mundo” en 2006, “Hijos de los hombres” en 2007 y “El árbol de la vida” en 2012. En las dos últimas ocasiones todos coincidían en que se llevaría el premio (idea que cimentó el reconocimiento en esas dos veces el Gremio de Directores de Fotografía) pero la Academia (siempre caprichosa) se fue por otros derroteros. Este año por “Gravity” no se le tiene que escapar ya que se dan dos factores que parecen ser definitivos además de la deuda histórica. Uno es que por fin brinda un trabajo en una de las favoritas al premio a mejor película (algo que no le ha ocurrido en sus 5 nominaciones previas) y otro que su apabullante trabajo en 3D es un paso más dentro de una técnica a la que esta rama no ha hecho ascos en premiar los últimos cuatro años (“Avatar”, “Origen”, “La invención de Hugo” y “La vida de Pi”). Con estos precedentes, “Gravity” es un paso lógico dentro de la nómina de ganadores en el Oscar de mejor fotografía.

Con la sexta nominación al Oscar de su carrera gracias a “Gravity”, Lubezki se convertirá en el tercer director de fotografía más nominado (sólo por detrás de las 10 nominaciones de Roger Deakins y las 8 de Robert Richardson). Eso ya demuestra su posición en una industria en la que (al contrario que en el apartado musical) no existen un número abundante de grandes maestros reconocidos y cada vez es más habitual encontrar entre los candidatos a técnicos de fotografía que comienzan a despuntar y que, en muchas ocasiones, provienen de fuera de Estados Unidos.

La carrera de Lubezki todavía no es excesivamente larga pero en cada trabajo suyo ha dado un paso más dentro de la técnica mostrando su vena visionaria e inconformista. Fiel colaborador de Alfonso Cuarón desde que dieran sus primeros pasos conjuntos en “Sólo con tu pareja” en 1991, en esa década destacan sus trabajos para Alfonso Arau en “Como agua para chocolate” (1992) y “Un paseo por las nubes” (1995). En esos años ya comenzaba a despertar interés en la meca del cine trabajando en “Bocados de realidad” (1994) de Ben Stiller y “Una jaula de grillos” (1996) de Mike Nichols. Destacando por la viveza de sus colores y estética, junto a Cuarón trabajó por primera vez con un gran Estudio como Warner con “La princesita” (1995), consiguiendo su primera nominación al Oscar, y repitiendo posteriormente con él en “Grandes esperanzas” (1998) e “Y tu mamá también” (2001), con una fotografía mucho más realista y sucia que la colorida y pálida de anteriores trabajos. Aunque fue Michael Seresin el que trabajó con Cuarón en “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”, por el camino Lubezki fue ofreciendo su granito de arena en grandes producciones con las que empezó a enseñar musculo en la industria: “¿Conoces a Joe Black?” (1998), “Sleepy Hollow” (1999), “Cosas que diría con sólo mirarla” (2000), “Ali” (2001), “El asesinato de Richard Nixon” (2004) y “Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket” (2005). Todos trabajos notables que iban desde lo sombrío a lo íntimo pasando también por la imagen como metáfora e incluso apostando por el juego visual.

A pesar de haber rodado con grandes directores como Mike Nichols, Tim Burton, Michael Mann o los Coen (los hermanos contaron con él para “Quemar después de leer” mientras Deakins estaba inmerso en “No es país para viejos” y “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford”), ha sido con Alfonso Cuarón y con Terrence Malick con los que ha alcanzado su mayor techo profesional. Tras colaborar con Néstor Almendros en “Días del cielo” y John Toll en “La delgada línea roja”, Malick ya no quiere a otro que no sea él y ha contado con Lubezki en “El nuevo mundo”, “El árbol de la vida” y “To the wonder”, además de en los próximos proyectos que ya está preparando. Por su parte, con Cuarón le une una complicidad que va más allá de lo profesional y la nacionalidad, propia de haber desarrollado una carrera mano a mano siempre en continua evolución y con gran riesgo visionario por parte de ambos. Con “Hijos de los hombres”, sin duda, tocaron techo al reflejar ese mundo postapocalíptico con un Londres sumido en la inmundicia y el caos. La ciencia ficción al efecto del documento social de un mundo derruido y en declive en rumbo hacia la erosión final. Un trabajo de referencia y que ha marcado época poniendo un listón que ha sido, sino superado, si igualado por la epopeya vital y sensorial que es “El árbol de la vida”, magistral tanto en su representación de la familia USA, que se mueve entre los tonos fríos propios de la rectitud del padre y los oníricos representando la figura de la madre, como en sus escenas más grandilocuentes con dinosaurios o con el origen del cosmos, como con “Gravity”, toda una experiencia que esta vez sí parece difícil de ser superada. Un paseo más real que nunca por el entorno espacial que ofrece una sensación apabullante que va desde el cuidado en los detalles, la tensión ante el peligro y la inmensidad silenciosa del entorno, e incluso el intimismo simbólico con el que también demuestra su grandeza.

La fotografía, la música, los efectos visuales y la propia interpretación de Sandra Bullock convierten en una obra maestra de nuestro tiempo a una cinta que tiene en el reconocimiento a Lubezki algo que más que nunca es justo y necesario. Y es que esta vez no nos podemos imaginar otro escenario posible que no sea ver al más fiel y sobresaliente colaborador de Cuarón alzarse con el Oscar. Si nos dijeran que “Gravity” sólo iba a ganar una estatuilla en los próximos Oscar (muchos menos de lo que hará finalmente) todos apostaríamos por la fotografía. Hay otros trabajos que también serán destacados en las candidaturas, como el de esa América sureña de “12 años de esclavitud” que refleja Sean Bobbitt, el ambiente bohemio, musical y humeante del Nueva York de los 60 entre sombras, frío y desesperanza a cargo de Bruno Delbonnel en “Inside Llewyn Davis”, así como los de Barry Ackroyd en “Capitán Phillips”, Phedon Papamichel en “Nebraska” (la fotografía en blanco y negro siempre suele ser nominada), Roger Deakins en “Prisioneros”, Rodrigo Prieto en “El lobo de Wall Street” o Anthony Dod Mantle en “Rush”, pero este año ninguno puede estar a la altura de un trabajo destinado a no ser sólo el mejor del año, sino también todo un punto de inflexión que sea referencia histórica para el futuro en este campo. Por fin ha llegado la hora del “chivo” Lubezki.

Nacho Gonzalo

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