Conexión Oscar 2019: Los cortometrajes que compiten con “Madre” de Rodrigo Sorogoyen

Conexión Oscar 2019: Los cortometrajes que compiten con “Madre” de Rodrigo Sorogoyen

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Querido Teo:

Rodrigo Sorogoyen es el octavo cortometrajista español en ser nominado tras “Esposados” (1996), “7:35 de la mañana” (2005), “Éramos pocos” (2007), “Binta y la gran idea” (2007), “La dama y la muerte” (2010), “Aquel no era yo” (2014) y “Timecode” (2017). Pero, ¿tiene opciones de premio? En recientes entrevistas de una semana frenética en Los Angeles para hacer campaña el director ha afirmado que el problema para “Madre” es que en esa categoría es muy complicado asegurarse que todas las personas que votan han visto todos los candidatos, a veces dejándose llevar por los más mediáticos o premiados en el circuito festivalero. Triste pero cierto pero el desasosegante trabajo de Sorogoyen, que ya tiene versión en largometraje en postproducción con el mismo equipo, podría tener posibilidades frente a otros cuatro trabajos que conviene analizar para así hablar con más propiedad de las opciones del cortometraje español que ya se hizo con el Goya en 2018.

“Detainment” de Vincent Lambe

Este corto irlandés se inspira en el interrogatorio y proceso judicial de dos niños de 10 años que son arrestados acusados de haber secuestrado, torturado y asesinado a un niño de 2 años, concretamente el caso de James Bulger acaecido en Irlanda en 1993 y que todavía sigue levantando ampollas en el país por la crueldad y la juventud de los criminales, Robert Thompson y Jon Venables, que capturaron al crío el 12 de Febrero de 1993 en el centro comercial New Strand mientras acompañaba a su madre. El 24 de noviembre de 1993, Thompson y Venables fueron declarados culpables de la muerte de Bulger, convirtiéndose en los asesinos convictos más jóvenes en la Historia moderna de Inglaterra. Los dos fueron sentenciados a pena de cárcel hasta que alcanzaran la edad adulta, inicialmente hasta los dieciocho años, siendo liberados en junio de 2001.

Impactante pero rodeado de polémica ya que la familia de Bulger ha llamado al boicot y a la descalificación del cortometraje al no haber contado el director con la opinión y el permiso de ellos, así como por el retrato que adopta de la mente de los asesinos no justificando pero sí adentrándose en su perspectiva del mal aprovechándose de este cruento hecho para darle visibilidad a este trabajo y a su carrera, siendo éste el segundo cortometraje de Vincent Lambe. “Boy A” (2007) de John Crowley y con Andrew Garfield como protagonista ya se inspiraba en estos hechos, concretamente en el proceso de reinserción de uno de los jóvenes criminales tras salir de la cárcel.

“Fauve” de Jérémy Comte

El corto canadiense puede considerarse el favorito de la categoría sumando un buen número de premios internacionales, entre ellos el Premio especial del Jurado en el Festival de Sundance 2018. Con un gran manejo de la tensión, Comte logra en su segundo corto no ser previsible y explorar la condición humana a través de un inocente juego entre dos chavales que acaba escapándose de su control en una mina al aire libre.

“Fauve” no es un corto que sorprenda por su originalidad, y quizás no sea el que más destaque en los técnico, pero su dosificación del ritmo y de un “in crescendo” que nunca sabes a dónde te va a llevar, dándole el peso a la mirada despreocupada de dos críos que en poco tiempo son víctimas de su entorno, es lo que le hace estar muy fuerte como contendiente haciendo de la sencillez virtud ante la desesperación de lo inevitable por unos protagonistas que de un juego inocente pasan a ser atrapados por su destino ante la desesperación de su necesidad de ayuda en forma de respiración entrecortada y el bloqueo emocional que ello supone, el mismo que deja al espectador ante cómo la vida puede cambiar en un instante.

“Skin” de Guy Nattiv

El cortometraje de Guy Nattiv es el único representante usamericano en el quinteto y vemos cómo a través de un hecho fortuito explota todo un polvorín de odios, discriminaciones, recelos y violencia con una guerra de bandas cuando un hombre negro sonríe a un crío blanco en un supermercado. Quizás le pueda beneficiar ser la semilla de un largometraje que ya está funcionando muy bien en circuitos festivaleros ya que ganó el FIPRESCI de la sección Special Presentations del Festival de Toronto y que tiene a Jamie Bell y Vera Farmiga como protagonistas.

“Skin” es un corto potente, directo y claro en su mensaje, que va de la inocencia cotidiana a la violencia repentina, son sumo verismo sobre la sinrazón de una sociedad dividida, crispada y que rechaza al que no tiene definido en su propio grupo. Y es que no tenemos que irnos a ningún gueto para vivir una violencia latente que sólo espera quién va a ser el que prenda la gasolina. En este caso acudimos a la familiaridad de una comunidad que ampara a los suyos como si estuviera ante un rito de iniciación, desde críos, no ajenos a las armas y que tienen en el mal ejemplo de sus padres a la hora de tratar a los demás la extirpación de cualquier sentido de pureza que da la infancia viendo gritos, golpes, sangre a borbotones, ladridos de perros exaltados y sonidos de claxón desesperados. Y es que la referencia de los que nos rodean desde esa edad es el germen de lo que seremos en el futuro. Por eso “Skin” no sólo es un enfrentamiento entre bandas por el prejuicio racial, en la que sólo una mirada o una sonrisa dirigida a un niño sin ninguna connotación negativa en una sociedad tremendamente cínica, cuestionadora y erroneamente sobreprotectora enciende la mecha, sino un retrato universal sinrazón y cabezonería que lleva de las rencillas entre estirpes familiares tan propias de otros tiempos, especialmente en los pueblos, a un enfrentamiento dañino avivado por la prepotencia y el no querer dar el brazo a torcer a pesar de saber en el fondo que te unen más cosas que las que te separan con el que uno ve como diferente, como veíamos en la libanesa “El insulto”, a los pitos y gritos marcados por el estrés mañanero del atasco de cualquier ciudad.

Con una naturalidad apabullante y una mirada limpia y clara, “Skin” llega directa al centro de la sociedad como grupo y sus vicios disfrazado de muchos nombres (racismo, bullying o patriarcado) pero en el fondo es la constantación de tantas décadas y siglos de que la especie humana tiene una facilidad pasmosa para odiarse en vez de comprenderse entendiendo la necesidad que tenemos de formar parte de un grupo no como integración sino como guerrilla protectora frente a los demás. Si no perdiéramos con el tiempo la visión limpia de la infancia, que por definición no entiende de diferencias y ve el mundo con los mismos ojos independiente de razas y culturas mientras sus mayores respiran el pus del odio, seguramente tendríamos una sociedad más equilibrada, justa y tranquila aunque en ese proceso, y como muestra la resolución de este cortometraje, da la impresión de ser demasiado tarde.

“Marguerite” de Marianne Farley

“Marguerite” podría dar la sorpresa el próximo domingo en los Oscar siendo un corto canadiense que supone el primer trabajo de la actriz Marianne Farley. Ella se inspira en su propia abuela para contar la historia de una señora mayor y su enfermera que desarrollan una amistad que la empujará a desenterrar deseos y pasiones no confesados ​​y así hacer las paces con su pasado.

Un trabajo que, aunque tiene algunas escenas de realismo crudo que pueden sacarte de la historia, y que su desarrollo es el más previsible de todos, ha ganado bastantes premios representando en esta historia a esa serie de mujeres que, generacionalmente, tuvieron que cumplir con lo establecido en vez de tomar el timón de sus vidas como marcaban sus sentimientos. Un retrato sutil sobre la enfermedad y la soledad propia de la vejez en la que la dependencia física y sentimental es mucho más pronunciada y que el corto aborda con sobriedad y naturalidad gracias a la mirada y gestos de una protagonista (la veterana Béatrice Picard) que inunda la pantalla agarrándose a la vida y volviendo a sentir gracias a esa necesaria relación para ella en el que la vida es ese tiempo que pasa hasta que uno se encuentra con la persona amada.

Nacho Gonzalo

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