Escalofríos de cine: “El resplandor”, o ¡aquí está Johnny!

Escalofríos de cine: “El resplandor”, o ¡aquí está Johnny!

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Querido Teo:

He aquí la obra cumbre del llamado terror psicológico… ahora sí, (sería bueno obviar lo expuesto sobre el significado personal de este subgénero cinematográfico en el ya publicado artículo de este serial referido a “La matanza de Texas” por lo desacertado, por supuesto), y es que cuando uno acude a cualquier libro, página de internet o reseña referida a esta obra maestra, con lo primero que se topará es con tal aseveración, por lo tanto así será. Posiblemente, contemplar el desquiciamiento progresivo de Jack Torrance, protagonista principal de la cinta, encarnado por el ilustre Jack Nicholson, sea lo que justifique aquello. Como ya dije, nunca entendí qué debe contener una peli para ser susceptible de aterrorizarle a uno psicológicamente. Siempre asocié el cine de terror con el miedo que a uno le producía ver determinada película y, a su vez, el desasosiego durante su contemplación y el tiempo que se tardaría esa misma noche en conciliar el sueño, como las dos magnitudes adecuadas para medir el grado terrorífico de la misma… por lo visto hay, además, una tercera, que será el nivel de perturbación moral que a uno le quede tras su visionado, lo que influirá en que la cinta sea más o menos apta para encuadrarse en aquella categoría… en fin… cinéfilos.

“The shining” es la adaptación cinematográfica del libro, del mismo nombre, de Stephen King, quien, sin duda, ha sido uno de los literatos más llevados a la gran pantalla (pocas de sus obras no han sido transformadas, todavía, en celuloide). Destacando en nuestro ambiente, películas tan imprescindibles como “Carrie”, “It”, “Los chicos del maíz”, “Christine” y, ya en otros géneros, las imperecederas “La milla verde”, “Misery” y, sobre todo, y como bien dice mi adorable María, “Cadena perpetua”. Dirigida por el inigualable maestro Kubrick, se convirtió, si bien no inmediatamente tras su estreno, en un clásico inmortal, y es que sólo el irreverente cineasta neoyorkino, salvo que alguien me corrija, fue capaz de firmar una obra maestra en cada uno de los géneros que componen el séptimo arte y buena prueba de ello lo sería su “El resplandor” de 1980, para muchos la mejor peli de suspense-terror de la historia del cine… con el permiso de “Psicosis”, faltaría más.

King no quedó nada contento con la película, llegando a aseverar que odiaba el resultado de la misma. Textualmente afirmó: “Kubrick se cargó el libro”. Amigos para siempre, por tanto. Y es que es imposible analizar todos los matices con los que Kubrick vestía cada uno de sus films. Repletos todos ellos de varios mensajes subliminales que, seguro él solo sabría interpretar, llevó muchas veces a la confusión a tantos estudiosos de su obra. Tratar de darle una interpretación a la escena del ascensor, o al final, en el que Jack aparece en una fotografía tomada años antes de que él hubiera nacido, sería tan pretencioso como vano, pues cada uno dirá una cosa… Ahí Kubrick era un genio, en el arte de dejarte pensando horas y horas qué quería decir tal escena, convirtiendo cada una de sus pelis en un devaneo de coco continuo, pues uno las afronta una vez tras otra, tratando de no dejar pasar el resto de la proyección interpretando una escena sin perderse el resto. Imposible, por lo que habrá que volverla a ver, surgiendo, más pronto que tarde, de nuevo el problema de fondo de un nuevo acto incomprendido. Sirva como ejemplo “2001: Una odisea del espacio”. ¡Para volverse loco, vamos!

Jack Torrance es un mediocre escritor que busca en la tranquilidad de un hotel que en invierno queda desértico, como guarda del mismo, lo que le falta para escribir su obra maestra. Con él lleva a su mujer Wendy y su hijo Danny, hilo conductor de toda la historia y portador de el resplandor, que es ni más ni menos que la habilidad telepática que atesora el niño y que comparte con el cocinero del hotel. Advertido por el propio director de la estancia, construida sobre un cementerio indio, lo que a partir de ahora será recurrente en muchas de las pelis de susto futuras (“Poltergeist” sin ir más lejos), de que el antiguo guarda sufrió de claustrofobia y mató a toda su familia antes de suicidarse, Jack hace oídos sordos y empieza una ventura que le llevará a perder el norte durante los meses de “cautiverio forzado” en aquel inhóspito lugar conduciéndole a tal estado, en el que sólo la muerte de su familia parecerá calmarle algo.

Cuenta Anjelica Huston, por entonces pareja de Nicholson, que éste llegaba tan cansado a casa, después de un agotador rodaje, que sólo atinaba a meterse en la cama, solo por supuesto. Y es que era legendaria la meticulosidad con la que Kubrick afrontaba cada escena. En concreto aquella en la que Wendy, ¡qué esperpento de actuación a cabo de Shelley Duvall por cierto!, armada con un bate de béisbol retrocede escalera arriba ante el acoso de Jack, se llegó a rodar hasta ¡¡¡127 veces!!!. De ahí que al bueno de Stanley, sólo le diera tiempo a filmar 13 películas en más de 40 años de carrera… y es que el genio, como todo aquel que se precie de serlo, era un tipo raro y meticuloso hasta la extenuación, como lo demuestran hechos como que el niño fuera escogido entre miles de candidatos, la presión a la que sometía a sus actores para conseguir aquello que se propusiera (mítica fue la bronca que le echó a la propia Shelley en este rodaje, acusándola de estar haciéndoles perder el tiempo a todos los que por allí andaban) o que ¡escogiera personalmente a los dobladores de cada país de habla no inglesa dónde se proyectaría el film de turno!. En la que nos ocupa el de Verónica Forqué, de la propia Wendy, ¡personaje gafado!, pasará a la Historia como uno de los más lamentables jamás perpetrados. Incluso escribió él mismo cientos de veces aquella frase: “All work and no play makes Jack a dull boy” (cuya traducción pudiere ser “Todo el trabajo y no distraerse hacen de Jack un chico aburrido”, libremente castellanizada como “No por mucho madrugar amanece más temprano”) que a la postre era lo único que había acertado a escribir Jack y que hace “sospechar” a Wendy que la cosa no va muy bien que digamos. Y es que Kubrick ejercía un control absoluto sobre cada área de producción de sus films. Incluidos los efectos visuales, lo que por lo menos le valdría para obtener su único Oscar, en esta categoría, por “2001: Una odisea del espacio”. Tiene delito que uno de los grandes realizadores de todos los tiempos, consiguiera su única estatuilla por los efectos visuales de un film de un total de 13 nominaciones, en los apartados de película, director y guión adaptado… ¡de traca!.

Si bien las interpretaciones no son lo mejor, la peli contó con dos factores, a mi juicio, que la ayudaron bastante. El primero podría estar en que Nicholson, seguramente sin proponérselo, aportaba su perturbado semblante de serie que le iba como anillo al dedo al personaje y con el que ya había obtenido un estruendoso éxito tan sólo cinco años antes en la sensacional “Alguien voló sobre el nido del cuco”, y el segundo en el aura que Kubrick dotó a cada plano… personajes desquiciados fruto de su propia interpretación o del miedo al director, un diseño de producción que acrecienta por segundos la sensación claustrofóbica del espectador, situaciones, sin venir a cuento, impregnadas de dobles y hasta triples interpretaciones… en definitiva, la minuciosidad del realizador para lograr una película tan poderosa visualmente como susceptible de “pernoctar” en nuestra retina, por lo menos, la noche de aquel día en que osamos enfrentarnos a ella.

Concluir cualquier mención a esta maravillosa película sin hacer referencia a la escena en la que Jack, hacha en mano, irrumpe en el baño en el que se esconde su atemorizada esposa, sería un crimen, incluso mayor que el que él pretendía cometer. Y es que cuando Jack Torrance asomó su cabeza por aquella puerta profiriendo aquello de “Aquí está Johnny”, en una improvisación de Nicholson, pues debía decir Jack (algo que en el doblaje español “corrigieron” pues se dobló como “Aquí está Jack”), algunos iluminados atisbamos que aquel fotograma acabaría resplandeciendo en cada afiche, portada de revista o fotografía, como herederos y conservadores de aquel resplandor.

Vídeo

César Bela

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Comentarios

MARÍA - 04.02.2013 a las 22:24

Me sorprenden tus comentaríos, hacen que desee visionar todas las pelis que tenemos olvidadas…. y te puedo asegurar que ésta la veré muy muy pronto, y como dice tu María… “Cadena Perpétua”, es una gran película, al igual que todos las grandes fims a los que has dedicado tu tiempo y nos has hecho partícipes y nos has emocionado…. vuelvo a darte las gracias una vez más por recordarnos tantas y tantas cintas que no debemos olvidar!!!

Dulce - 03.12.2013 a las 22:42

Creo que haber trabajado con Kubrick en esta película debió ser un honor para todos los involucrados, aunque una tortura igual ja, la vi en hbo go hace unos días y ya la había visto antes y se ve que los actores estaban bajo mucha presión, pero sirvió para hacer esta película tan buena.

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