“Heil Hitler, el cerdo está muerto. Reír bajo Hitler”

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El hijo de Herzog, cineasta tan interesante como su padre, revuelve la conciencia alemana actual. La tendencia a convertir a Hitler en objeto humorístico cuya última aportación con éxito es “Ha vuelto”, es el tema de su último trabajo editado ahora en España. Herzog les dice a sus compatriotas, con muy buenos argumentos, que incluso en el humor sus padres y abuelos fueron cómplices.

Título: “Heil Hitler, el cerdo está muerto. Reír bajo Hitler”

Autor: Rudolph Herzog

Editorial: Capitán Swing

Herzog va mucho más allá de la recopilación de chistes que se supone a menudo en este tipo de ensayos. Cuenta muy bien el trasfondo de la historia del nazismo. El que uno de los primeros libros publicados en Alemania tras la guerra sea una recopilación de chistes, es para el autor un afán de justificación, además de la necesidad profundamente humana de asimilar las vivencias traumáticas a través de la risa.

El humor anti nazi costó la vida a personas, a veces por contar simplemente un chiste y ser denunciado. Herzog aprovecha para hablarnos de ese invento llamado cabaret y de sus héroes; espectáculos de variedades, entretenimiento, canciones pop, musicales; del cine alemán y del americano que introdujo el nazismo en la comedia… hay mucho cine en este libro (Indice.txt).

Los ejemplos humorísticos que salpican y ejemplifican todo el libro, derivan siempre en análisis breves y certeros sobre la situación histórica: “Mucho antes del comienzo de la «solución final», en el extranjero se sabía que los judíos eran discriminados y perseguidos despiadadamente en Alemania. Pero en las películas anteriores a la guerra no se trataba el tema de los pogromos. La situación política era, desde el punto de vista de los políticos del apaciguamiento, demasiado sensible para poner en la picota a Alemania públicamente. Así pues, en el frente de la propaganda, a excepción de Alemania, todo estuvo tranquilo hasta finales de los años treinta. De todos modos, la creadora de opinión más poderosa del planeta, es decir, la industria cinematográfica de Hollywood, no tenía ningún interés en hacer películas claramente antinazis. La razón tenía más que ver con poderosas consideraciones de orden económico que con las convicciones políticas de los productores. Aunque nadie quisiera reconocerlo, el cine americano dependía del mercado europeo. Pero, en un clima de terror y de miedo a la guerra, nadie en Europa quería ver «películas problemáticas». La gente ansiaba entretenimiento y Hollywood les ofrecía un escapismo a medida, un entretenimiento ligero en diferentes formatos. Los propios americanos mantuvieron una vergonzosa distancia con la convulsa Europa que se estaba despedazando a sí misma”.

En poco más de doscientas páginas bien elaboradas, con un lenguaje directo y preciso, Herzog ofrece un viaje instructivo y entretenido por una zona de horrores que nunca deben ser olvidados. Estas seis páginas son una ventanilla en ese viaje (Hitlerdecomedia.txt).

No quiero terminar este comentario sin elegir al menos uno de los chistes incluidos por el autor. El elegido es uno del final de la conflagración, cuando el humor se fue haciendo cada vez más negro, que circuló en Berlín.

“El dominio de los nazis ha llegado a su fin. La suerte está echada. Hitler, Goring y Goebbels están en el patíbulo a punto de ser ahorcados. Entonces Goring se vuelve una vez más hacia Goebbels, queriendo tener como siempre la razón, y le dice en los estertores de la agonía: «Ya te lo decía yo siempre, la cosa se decidirá en el aire»”.

Carlos López-Tapia

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