Hollywood canalla: El asesinato de Sharon Tate, el día en el que la pacífica comunidad de Tinseltown perdió la inocencia

Hollywood canalla: El asesinato de Sharon Tate, el día en el que la pacífica comunidad de Tinseltown perdió la inocencia

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Querido primo Teo:

En “A sangre fría” Truman Capote se sumergió en uno de los sucesos que conmovieron a la sociedad estadounidense, el asesinato de la familia Clutter a manos de unos antiguos convictos que querían vaciar su caja fuerte. Una década después de que el americano medio comenzara a pensar en la posibilidad de que cualquiera podía entrar en su morada para acabar con su vida quienes habitaban en la pacífica comunidad de Tinseltown se asustaron cuando la actriz Sharon Tate fue asesinada junto a los invitados que tenía en su casa en la madrugada del 9 de Agosto de 1969. Fueron víctimas de un sangriento ritual realizado por miembros de la secta de la familia de Charles Manson, una de las mentes más perversas que ha conocido el siglo XX y que, de manera automática. se convirtió en un icono pop. De los sucesos que conmovieron a la opinión pública se cumple el 50 aniversario que coincide con el estreno de “Érase una vez en… Hollywood” el film en el que Quentin Tarantino hace una reinterpretación de los hechos. 

La de los 60 fue una década muy convulsa porque fue un momento en el que se quiso romper con el orden establecido. En Francia la izquierda se rebeló contra la sociedad de consumo dando pie al Mayo del 68 y en los Estados Unidos se vivió la ebullición de los movimientos por los derechos civiles a favor de la población de raza negra y también las protestas en contra de la participación del país en la Guerra de Vietnam, un conflicto en el que la nación vivió una de las mayores humillaciones de su Historia. Durante esta época de reivindicaciones sociales nació en San Francisco el movimiento hippy en oposición al capitalismo imperante en Occidente y que promulgaba el pacifismo, la anarquía sin el uso de la violencia, el amor libre, la revolución sexual y el cuidado del medioambiente. Los hippys experimentaban con el arte, se inspiraban en las doctrinas religiosas procedentes de Oriente y para alcanzar índices elevados de conciencia consumían drogas, especialmente marihuana y LSD.  

Podemos entender a Charles Manson como uno de los hijos del movimiento hippy, aunque su caso es un extremo nada representativo. Manson (1934-2017) tuvo una infancia marcada por el abandono, no conoció a su padre biológico y su madre era una alcohólica que no dejó de acumular problemas con la justicia y que incluso llegó a intentar venderlo a cambio de un buen trago. Ante ese panorama no era de extrañar que acabara siendo carne de las instituciones, que se convirtiera en un futuro delincuente y tampoco que acumulase dentro de sí mismo tanta cantidad de odio que le hiciera desear matar a toda la Humanidad. Antes de cumplir la mayoría de edad ya había pasado por los reformatorios, y posteriormente por prisión, por una serie de robos a mano armada y proxenetismo aunque lo más fuerte sin duda fue que le pillasen abusando sexualmente de un niño. Ya en sus primeros años no pasó desapercibido por su personalidad retorcida y antisocial y también por su seguridad en sí mismo y su gran oratoria, era el típico capaz de vender una nevera en el Polo Norte, es decir, que era un manipulador nato. Fue precisamente en prisión cuando comenzó a interesarse por la Biblia, la filosofía oriental, el esoterismo y las canciones de The Beatles (estaba obsesionado con el Álbum Blanco y especialmente con Helter skelter) y todo eso le dio pie para teorizar sobre el Apocalipsis y profetizar con una guerra civil entre negros y blancos; Manson que era profundamente racista aseguraba que los de raza negra se estaban entrenando para aniquilar a la población blanca, ponía como ejemplo de ello al grupo de las Panteras Negras que se formó a mediados de la década como respuesta a los episodios de brutalidad policial contra los afroamericanos. 

A la edad de 32 años salió en libertad, se había pasado la mitad de su existencia en prisión o en instituciones por sus delitos o por saltarse la libertad condicional. Se trasladó a San Francisco, en plena efervescencia del movimiento hippy, y reclutó a un número de seguidores ayudándose de su carisma, de un discurso basado en el amor libre y la vida en la naturaleza y de unas herramientas como las drogas alucinógenas y la música. Fue así como nació La Familia que terminó asentándose en Los Ángeles, en el Rancho Spahn que en el pasado llegó a ser una localización del cine del Oeste en donde se rodó por ejemplo la mastodóntica “Duelo al sol” (1946) y que también sirvió de escenario para la mítica serie “Bonanza” (1959-1973) y cuyo dueño, George Spahn, que era casi un octogenario y que estaba prácticamente ciego, permitió que se instalaran en sus tierras Manson y sus casi 40 discípulos entre los que también había niños a cambio de sexo con las mujeres y de que éstas actuasen como lazarillos. Vivían en comuna, conectados con la naturaleza, practicaban el amor libre y se alimentaban de lo que pillaban en los contenedores de basura de los supermercados. Los miembros de La Familia estaban siempre completamente drogados y el único que limitaba el uso de sustancias era Charles Manson para poder controlar a los demás. El líder encomendaba misiones a sus súbditos como colarse cual “sabandijas” en las casas de los alrededores y hacerse notar un poco. 

Charles Manson, como todo buen hijo de vecino enganchado a “Operación Triunfo”, soñaba con triunfar en el mundo de la música. Tras salir de la cárcel e instalarse con La Familia en Los Ángeles intentó labrarse un camino como cantautor y llegó a colaborar con Dennis Wilson (The Beach Boys) que utilizó dos de los temas coescritos con Manson para el repertorio de la banda entre ellos Never learn not to love que apareció como cara B de uno de sus singles. Wilson y Manson se hicieron muy buenos amigos y el músico permitió que Charles y algunos de los miembros de su secta se instalasen en su casa de Sunset Boulevard hasta que se pelearon. Además el batería de The Beach Boys le puso en contacto con el productor Terry Melcher (hijo de Doris Day) que le hizo una prueba y, después de ser consciente del carácter conflictivo de Manson, decidió no firmar un contrato con él. En ese momento Melcher no se imaginó las consecuencias de decirle que no a alguien como Charles Manson. 

La sociedad estaba cambiando y Hollywood también. El sistema de Estudios tal y como se conoció en la edad dorada de la industria había caído. Ya no tenía el control de las salas ni tampoco de las estrellas y su producción había mermado considerablemente ante la competencia de la televisión y el auge de las salas de arte y ensayo que programaban producciones en lengua no inglesa. Fue la época en la que los locos dominaban el manicomio y surgieron títulos tan arriesgados como “Bonnie y Clyde” (1967) o “Easy Rider” (1969). Mientras que los cineforums universitarios reivindicaron a Humphrey Bogart y “Casablanca” (1942),  y la contracultura aupó a los hermanos Marx, lo cierto es que las estrellas y directores que reinaron en el pasado eran unos fósiles que trataban de sobrevivir mientras que otros como Cary Grant apostaron por el retiro al ver que su momento había acabado. 

Sharon Tate no estaba llamada para ser la nueva Katharine Hepburn pero aspiraba a representar al nuevo Hollywood que había colocado en la cúspide a Faye Dunaway y Jane Fonda que se ajustaban a la perfección al nuevo prototipo de mujer liberada y que reivindicaba sus derechos. La texana hija de un coronel y nacida en 1943 llegó a Hollywood sin haber cumplido los 20 años, con varios certámenes de belleza en su maleta y con algunos trabajos hechos como extra en Italia, país en el que estaba destinado su padre, entre ellos en “Barrabás” (1961). Su imagen no pasó desapercibida y se amoldaba a la perfección al canon sesentero porque era un cruce entre la chica dorada por el sol de las playas californianas y la mujer sofisticada de buena familia que se miraba en el espejo de Grace Kelly. Tras unos pequeños papeles consiguió una nominación al Globo de Oro en el extinto apartado de mejor revelación por “El valle de las muñecas” (1967). Aunque tras su fallecimiento muchos lamentaron la pérdida de una actriz con un gran porvenir y que tenía aptitud en realidad los críticos no supieron ver más allá de su fotogenia y magnetismo sexual.

Durante el rodaje de “El baile de los vampiros” (1967) Sharon Tate y el director Roman Polanski se enamoraron y se casaron en Londres a principios de 1968. El cineasta polaco era uno de los representantes del cambio que se estaba viviendo en la industria y estaba a punto de cosechar un éxito enorme con “La semilla del diablo” (1968) que le proporcionaría una candidatura al Oscar que se sumaba a la obtenida por “El cuchillo en el agua” (1962) como mejor película en lengua no inglesa.

En su momento Roman y Sharon fueron considerados la pareja imperfecta porque eran como el agua y el aceite. Sharon aunque iba de moderna no dejaba de ser una mujer tradicional y muy de su casa que consideraba que el matrimonio era algo sagrado y Roman era todo lo contrario, aunque se enamoró locamente de ella no creía en la fidelidad y afirmaba que su esposa tenía un problema de tolerancia con sus escarceos. Su relación era tóxica, y no sólo porque Roman tendía a estar entre las piernas de cualquier fémina que se le pusiera delante, sino porque el director que se autodefinía como un ser libre que se sentía inseguro ante el compromiso trataba a su mujer como si fuera un trapo controlando cualquiera de sus movimientos. La situación se complicó cuando Sharon se quedó embarazada y él le mostró su rechazó, no sólo deseó que ese hijo no naciera sino que dejó de considerar atractiva a su mujer y no fue nada sutil a la hora de liarse con Michelle Phillips que era amiga de la pareja. 

Sharon Tate y Roman Polanski habían alquilado una casa situada en el 10050 de Cielo Drive, perteneciente a una exclusiva zona al norte de Beverly Hills. Fue construida por la actriz francesa Michèle Morgan y posteriormente la compró el magnate Rudolph Altobelli que se la alquiló a Cary Grant después de que el protagonista de “Con la muerte en los talones” rompiera definitivamente su relación con Randolph Scott. Durante años circuló por la pacífica comunidad de Tinseltown la leyenda urbana de que Grant estuvo presente en dicha dirección el día de la matanza para zumbarse al cuidador del domicilio y por eso éste no se enteró de nada, un rumor tan absurdo y delirante como otro cualquiera y fruto de una mente privilegiada por maquinar una historia así. Por ahí también pasó Henry Fonda y los inquilinos anteriores al matrimonio Polanski fueron Terry Melcher y Candice Bergen. Cuando la pareja rompió los dos abandonaron el hogar en Enero de 1969 y un mes después entraron a vivir Sharon y Roman. 

Charles Manson estuvo presente en esa casa a finales de 1968 cuando visitó a Terry Melcher. Que el afamado productor de The Beach Boys y The Birds le rechazara le pareció intolerable hasta el punto de desearle la muerte. Pero semanas antes de que algunos miembros de su familia entraran en el 10050 de Cielo Drive Manson hizo que tres miembros de la secta secuestraran a Gary Hinman (su habitual camello) y que uno de ellos (Bobby Beausoleil) le apuñalara hasta la muerte para robarle el dinero haciendo creer que fueron los Panteras Negras los autores del crimen porque dejaron en la pared la marca de una garra que era el símbolo de este grupo con la sangre de la víctima. El siguiente objetivo era Terry Melcher y para ello tenían que trasladarse a 10050 de Cielo Drive, pero Manson y mucho menos sus drogados súbditos no eran conscientes de que el hijo de Doris Day ya no vivía allí, aunque el líder de la secta se acercara algún día a la casa a buscar al productor musical. 

Roman Polanski no se encontraba presente en su domicilio de Cielo Drive en la noche del 8 al 9 de Agosto de 1969. Estaba en Londres trabajando en uno de sus guiones y se sentía bloqueado por diversas causas, entre ellas el repentino fallecimiento de su gran amigo el compositor Krzysztof Komeda que murió al golpearse la cabeza en plena borrachera. Los Polanski eran muy dados a organizar fiestas a las que solía acudir la realeza de Hollywood como Steven McQueen, Warren Beatty, Peter Sellers, Tony Curtis o Bruce Lee. Ninguno de los mencionados estuvo esa noche. Sharon, que asumía sus últimas semanas de embarazo con la lógica impaciencia de una madre primeriza, había planeado una velada tranquila con un grupo de íntimos amigos formado por Jay Sebring, un famoso peluquero de Hollywood que había sido su novio en el pasado, Wojciech Frykowski, escritor amigo de Polanski, y su novia, Abigail Folger, que era la heredera de la marca de café Folgers y que estaba invirtiendo parte de su considerable fortuna en las causas sociales. Cenaron en el mexicano Café Coyote y se trasladaron posteriormente a la casa. 

Steven Parent de tan solo 19 años fue la primera víctima de esa noche. No tenía relación con el matrimonio Polanski sino que era amigo del cuidador de la casa, William Garretson, que vivía en un anexo situado en la parte trasera de la residencia. Cuando se disponía a salir con su coche fue abordado por los miembros de la familia Manson, Charles Watson, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Linda Kasabian, el primero de ellos se encargó de disparar cuatro veces a Parent. Kasabian tuvo un momento de lucidez y decidió no entrar a la casa. Posteriormente colaboró con la justicia testificando contra La Familia. 

Quienes sí entraron en el domicilio fueron Charles Watson, Susan Atkins y Patricia Krenwinkel que previamente cortaron la línea de teléfono. Allí abordaron a Wojciech Frykowski (33 años), Abigail Folger (26 años), Jay Sebring (36 años) y Sharon Tate (26 años) y acabaron con ellos de la manera más cruel y sádica posible. Sharon suplicó por la vida de su hijo que estaba a punto de nacer pero sus asesinos no tuvieron piedad y la apuñalaron en 16 ocasiones, le abrieron el vientre para extraerle el bebé y para rematar la faena colgaron su cuerpo de una viga del techo del salón. Jay Sebring murió de siete puñaladas y un disparo. Abigail Folger recibió 28 puñaladas y Wojciech Frykowski, que siendo un niño vivió el horror del Holocausto en un campo de concentración, acumuló en su cuerpo 51 puñaladas y dos disparos. Con la sangre derramada escribieron la palabra “Cerdo” en la entrada de la mansión. 

En la mañana del sábado 9 de Agosto de 1969 la señora de la limpieza que trabajaba en la casa se disponía a asumir una jornada de trabajo pero no se podía ni imaginar que se iba a encontrar la mansión en peores condiciones que un piso de Cannes durante la celebración de su Festival que es lo más parecido a una leprosería. Horrorizada se las arregló para llamar a la policía y el escenario que se encontraron los agentes solamente podía ser comparado con el del “slasher” más aterrador que podamos concebir. Roman Polanski tenía planeado su regreso a Los Ángeles en unos días y recibió una llamada desde los Estados Unidos de un agente de la policía que le pidió que se presentara cuanto antes en Los Ángeles porque algo extremadamente grave había sucedido. Cuando se enteró de lo que había pasado le invadió un sentimiento de culpabilidad por haber dejado a Sharon sola y, por supuesto, por haber deseado que su hijo no naciera.

A lo largo de su historia la pacífica villa y corte de Tinseltown ha sido el escenario de diversos crímenes y menos de un año antes de la muerte de Sharon Tate la antigua estrella del cine mudo Ramón Novarro (el protagonista del “Ben-Hur” de 1925) murió asesinado de la manera más espeluznante por dos jóvenes que se metieron en su casa para hacer una fechoría en la noche de Halloween y que le vejaron y torturaron hasta la muerte. Pero lo sucedido en el 10050 de Cielo Drive fue determinante para que los habitantes de Hollywood decidieran cerrar la puerta con llave y extremar sus medidas de seguridad. Apenas 24 horas después de los fatídicos hechos en Cielo Drive los mismos miembros de la Familia Manson que ejecutaron los asesinatos, a los que se sumaban Leslie Van Houten, se metieron en la casa del matrimonio formado por Leno y Rosemary LaBianca (propietarios de un próspero negocio de venta de víveres) situada en el suburbio Los Feliz de Los Ángeles y acabaron con las vidas de ambos y con su sangre escribieron “Alzaos contra los cerdos”“Helter skelter” en alusión al tema de los Beatles con el que estaba obsesionado Charles Manson y del que aseguraba que tenía un mensaje en clave para él sobre una guerra entre negros y blancos. En esta ocasión Charles Manson sí estuvo presente para aleccionar a sus súbditos y asegurarse de que todos participaban en los hechos porque en la noche anterior se vivió la deserción de Linda Kasabian. Eso explica el elevado número de puñaladas que recibieron todas las víctimas del grupo.

Había uno o varios asesinos en la ciudad de Los Ángeles y el primer sospechoso que tuvo la policía fue William Garretson, el cuidador de la casa de los Polanski, que a pesar de encontrarse en el anexo situado en la parte trasera de la mansión no se enteró de nada y eso que previamente había recibido la visita de Steven Parent que se encontraba entre las víctimas de Cielo Drive. A pesar de lo que dijera la gran leyenda urbana no estaba disfrutando de los placeres de la carne junto a un afamado actor británico sino que se había puesto tan hasta arriba de marihuana y alcohol que se quedó completamente dormido y su sueño fue tan profundo que le mantuvo al margen de todo el escándalo que se vivió esa fatídica madrugada. El testimonio de Garretson resultó convincente y se le descartó como sospechoso.

Un suceso de tal envergadura se convirtió en una golosina para la prensa incluida la más seria, de hecho medios como Time y Newsweek hicieron una conexión con “La semilla del diablo” especulando con la posibilidad de que fuera un ritual que se fue de las manos debido a los excesos lisérgicos e incluso que las muertes de Tate y su bebé fueran el sacrificio que tuvo que hacer Polanski al diablo por haber conseguido el éxito. Aparte de William Garretson el otro gran sospechoso era evidentemente Roman Polanski, tanto para la policía que le llegó a someter al detector de mentiras como para la prensa que nunca ha comulgado con el cineasta. La situación no mejoró cuando el director de “Repulsión” se prestó a protagonizar un reportaje en el escenario del crimen para la revista LIFE tan solo ocho días después de la masacre en donde fallecieron su esposa y su hijo. 

A pesar de que en un primer momento Polanski se convirtiera en sospechoso para la policía el director se prestó a colaborar con ellos en la investigación porque durante las primeras semanas estuvieron dando palos de ciego. Los agentes le dijeron que cualquiera de su entorno podía ser sospechoso. Él tuvo en mente a John Phillips (líder de The Mamas & the Papas) que estaba al tanto de la aventura que había mantenido con su esposa Michelle Phillips, la policía le facilitó material para que buscara restos de sangre en el coche de Phillips pero no halló nada determinante. Otro nombre que estuvo en el punto de mira de Polanski fue el de Bruce Lee. En el escenario del crimen se hallaron unas gafas y casualmente a la estrella de las Artes Marciales se le perdieron las suyas pero luego comprobó que su graduación no coincidía con las encontradas. 

En Noviembre de 1969 Susan Atkins fue arrestada junto a una veintena de miembros de La Familia de Charles Manson por una serie de robos de vehículos y también por vandalismo en un edificio federal e hizo algo que es muy habitual entre muchos presos que es presumir de lo que se ha hecho y más cuando se trata de unos sucesos que están presentes durante mucho tiempo en los medios de comunicación. Una reclusa, Virginia Graham, denunció que Atkins le confesó muerta de risa a ella y también a Ronnie Howard que participó en los asesinatos de Cielo Drive y Los Feliz. Atkins, Leslie Van Houten, Linda Kasabian, Charles Watson, Patricia Krenwinkel, Bruce Davis, Mary Brunner, Bobby Beausoleil, Steve Grogan y Charles Manson fueron detenidos por los asesinatos de Cielo Drive, Los Feliz, Gary Hinman, por participar en un tiroteo contra la policía y por el intento de asesinato del actor Saladin Nader (cuya ejecución estaba prevista para el 10 de Agosto). Al poco tiempo se descubrió que la familia Manson estuvo detrás de la muerte de Donald Shea que era el cuidador de caballos del rancho Spahn y cuyos restos se encontraron en 1977, fue asesinado a finales de Agosto de 1969, su cuerpo fue quemado y se enterró en un colina cercana. Esos son los casos demostrados ya que se sospecha que en total estuvieron implicados en 40 asesinatos, entre ellos el del abogado Ronald Hughes que era quien estaba asumiendo la defensa del grupo y que desapareció en Noviembre de 1970. Su cadáver apareció cuatro meses después y se encontraba en tal avanzado estado de descomposición que no se pudieron determinar las causas de su muerte. 

“Esos hijos que se lanzan contra ustedes con cuchillos, son sus hijos. Ustedes los educaron, no yo. Yo solo intenté ayudarlos a levantarse”. Esas fueron algunas de las palabras de Charles Manson durante el juicio. Susan Atkins (1948-2009), Charles Watson (1945),  Patricia Krenwinkel (1947), Bruce Davis (1942), Mary Brunner (1943), Bobby Beausoleil (1947), Linda Kasabian (1949) y Steve Grogan (1951) tenían el mismo perfil. Eran jóvenes desorientados, pertenecientes en su mayoría a familias de clase media desestructuradas que no se sentían identificados con algo más que no fueran las drogas, la música o el sexo. Buscaban algo a lo que aferrarse y encontraron a Charles Manson que les captó por su gran magnetismo y su discurso basado en aquello que les movía. En él no vieron a un chalado que iba de profeta sino a Dios reencarnado y por eso siguieron todos sus dictados sin plantearse si lo que hacían estaba bien o mal, como bien dijo Patricia Krenwinkel, que ha sido la más firme a la hora de mostrar su arrepentimiento, eran criaturas de madera que corrían por el bosque y Charles Manson era quien guiaba al grupo tocando una flauta, y parafraseando a Susan Atkins hay que tener un gran amor dentro para hacer algo así por una persona. 

Hace 50 años no se concebían ni los medios digitales ni las redes sociales pero el juicio fue todo un acontecimiento para la prensa. Charles Manson y sus alegres y colocados muchachos estaban pletóricos al saberse el centro de atención en un proceso que en su día fue considerado el más caro de la historia y que se alargó durante 10 meses. Manson controlaba a sus súbditos en todo momento. Eran constantes los desalojos de los acusados debido al escándalo que armaban y, en una ocasión, Manson llegó a amenazar de muerte al juez Charles Herman Older durante una de las sesiones.

La policía le ofreció un trato a Susan Atkins si declaraba en contra de Manson y sus compañeros y les acusaba de los asesinatos pero ella se desdijo después de su testimonio ante el Gran Jurado. Quienes sí colaboraron con la justicia fueron Linda Kasabian y Danny De Carlo que obtuvieron la inmunidad gracias a sus testimonios. Kasabian presenció el primer asesinato de Cielo Drive (el de Steven Parent) y asustada decidió no entrar en la mansión y cuando al día siguiente se les ordenó matar al actor Saladin Nader ella se equivocó de casa y el plan terminó abortándose. Danny De Carlo era un traficante habitual de Charles Manson que también le proporcionaba armas y que estuvo unas cuantas semanas en el Rancho Spahn hasta que se enteró de que mataron al cuidador Donald Shea y salió huyendo del lugar. 

Salvo Linda Kasabian y Danny DeCarlo los acusados fueron condenados a muerte en 1971 pero un año después la pena fue conmutada a cadena perpetua porque la Corte Suprema del estado de California anuló la pena de muerte. Los familiares de las víctimas se han encargado de que Charles Manson y sus súbditos no reciban la libertad condicional ni siquiera por motivos humanitarios, Manson y Atkins fallecieron en prisión y la última, aquejada de un tumor cerebral y a la que le tuvieron que amputar una pierna, estuvo peleando hasta el final para morir fuera. 

Tal y como sucedió en su momento con James Dean las películas de Sharon Tate fueron reestrenadas. No hay nada como tener a una aspirante a luminaria con una trágica muerte para que Hollywood creara un nuevo icono que venerar y la crítica se comportara con ella de una manera mucho más respetuosa a la forma en la que lo hizo cuando estaba viva y estrenaba “El valle de las muñecas” y “El baile de los vampiros” y a la que resaltaba por ser sumamente atractiva. Quienes la conocieron la destacaron por su timidez, que en un primer momento le cerró bastantes puertas en la industria, y sobre todo por su dulzura y su extraordinaria calidad humana. 

Charles Manson deseaba convertirse en una estrella de rock y al final fue aupado a la categoría de icono pop. No sé si recordarás a Nicole Kidman en “El chico del periódico” de Lee Daniels. Ella encarnaba a una mujer perteneciente a la “white trash” que tenía la tendencia de sentirse sexualmente atraída por peligrosos convictos hasta las últimas consecuencias. Ese personaje representa a la perfección a una parte de la sociedad que en lugar de empatizar con las víctimas y solidarizarse con sus seres queridos siente fascinación por los verdugos y justifica sus actos, un genocida como Adolf Hitler sigue teniendo partidarios. Solamente hay que escarbar un poco en los foros y en redes sociales como Facebook y Twitter para encontrar grupos de defensores de asesinos y ocultadores de cadáveres y de violadores en manada y lo gracioso es que hay muchas mujeres, si encontramos interesantes a grandes villanos que solamente pertenecen a la ficción cuando eso se traduce en la monótona vida real esa atracción se multiplica. Manson presumía de ser una de las mentes criminales más perversas que conoció los Estados Unidos durante el siglo XX y de no ser el autor material de ninguno de sus asesinatos. Fue venerado por artistas principalmente de la escena del rock como Guns N’ Roses, que se empeñaron en usar uno de sus temas, o por Marilyn Manson. Eso contribuyó a lo que decía Patti Tate, una de las hermanas de Sharon, que gracias a estas extravagancias de los artistas se colocó en un pedestal a Charles Manson para las nuevas generaciones que no sabían quién era y que le adoraron como un ídolo, de hecho hasta su muerte, en el año 2017, recibió decenas de miles de cartas de admiradores repartidos por todo el mundo. Manson ha estado presente en camisetas, películas, series de televisión, ha inspirado canciones, en definitiva, ha llegado muchísimo más lejos de lo que aspiraba y desde luego de lo que merecía. 

A pesar de que su relación con Sharon Tate no se ajustara a la idealización que podemos tener del amor, Roman Polanski quedó devastado por esa nueva tragedia que golpeó su vida, hay que recordar que siendo tan solo un niño vivió muy de cerca el Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial y que perdió a su madre en el campo de concentración de Auschwitz. En sus memorias calificó el período que pasó junto a Sharon Tate como el más feliz de su vida y que desde entonces se ha sentido incompleto. Nunca ha gozado de buena prensa y tuvo que soportar todo tipo de comentarios cuando su esposa fue asesinada, como que estuvo detrás de ello, que cobró por las fotos del reportaje en la revista LIFE o que durante el funeral de su mujer le tiró la caña a una de las invitadas, llegó a demandar por difamación a Vanity Fair por publicar esta historia y ganó. Polanski volvió a trabajo con una adaptación de “Macbeth” (1971) y gozó de un gran éxito con “Chinatown” (1974) por la que como director ganó el Globo de Oro y el Baftay fue nominado al Oscar en la edición en la que “El Padrino II” arrasó con prácticamente todo.  En 1977, ocho años después del asesinato de Sharon Tate, Roman Polanski volvió a los medios de comunicación por violar a una menor de edad, Samantha Geimer, que tan solo tenía 13, y su posterior huida de los Estados Unidos. En la actualidad sigue siendo un prófugo de la justicia estadounidense, algo que no se tuvo en cuenta cuando fue galardonado con el Oscar por “El pianista” en el año 2003, de hecho su víctima pidió que se considerara al artista y no al hombre. Hoy que son más evidentes las reivindicaciones a favor de la mujer y las denuncias de acoso, abuso y violencia sexual los apoyos a Roman Polanski se miran con lupa.

El asesinato de Sharon Tate supuso el final de la década de los 60 y fue determinante para comenzar a exponer el lado más oscuro de la comunidad hippy, aunque Manson no se consideraba como tal sino más bien como un hijo de su tiempo. Meses después de los sucesos que conmovieron al mundo quienes predicaban con la no violencia se vieron implicados en los disturbios que tiñeron de sangre el Festival de Altamont (California) organizado por The Rolling Stones en Diciembre de 1969 que dejó cuatro muertos, decenas de heridos y que dio carpetazo a la era hippy. 

Lo que sí podemos decir de Charles Manson es que fue el reverso tenebroso del sueño americano. Un ejemplo de lo que ha salido mal en el sistema o mejor dicho de quienes ni siquiera tienen la posibilidad de soñar porque no saben lo que es. Manson fue un desecho de la sociedad desde el momento de su nacimiento que se aprovechó de una de las brechas generacionales más profundas de la Historia de los Estados Unidos, la que enfrentaba a los hijos de la Segunda Guerra Mundial con sus padres, para aniquilar a todos los que representaban la esencia de los Estados Unidos como un país de oportunidades, en definitiva, acabar con varias puñaladas con el sueño americano.

Mary Carmen Rodríguez

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Comentarios

Thendor - 10.08.2019 a las 11:38

Magnífico reportaje. El Hollywood canalla es lo tuyo Meris 😎

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