In Memoriam: Doris Day, la típica chica americana por excelencia

In Memoriam: Doris Day, la típica chica americana por excelencia

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Querido primo Teo:

Parecía que no iba a llegar nunca a tu fiambrera este ejemplar pata negra. A la edad de 97 años ha fallecido Doris Day que alcanzó la inmortalidad muchísimo antes de que una neumonía acabase con ella, lo logró gracias a una imagen inmaculada y una voz angelical que le convirtió en el símbolo de una nación durante la década de los 50. Fue la perfecta vecinita de al lado, esa que jamás se metería en problemas y mucho menos comprometería a alguien, que brilló en comedias como “Confidencias a medianoche”, que le supuso su única candidatura al Oscar, y que a pesar de trabajar con Alfred Hitchcock en “El hombre que sabía demasiado”, y de asumir papeles más comprometidos, no pudo evitar desplomarse cuando su imagen quedó apolillada ante un público y una industria que en la década de los 60 exigía aires de modernidad, y la Doris Day de chica yé-yé tenía más bien poco.

Como buena diva hubo dudas en cuanto a su año de nacimiento, incluso ella las tuvo hasta que prácticamente alcanzó el centenario. Fue cuando cumplió los 95 cuando Associated Press encontró su certificado de nacimiento que señalaba el suyo en el año 1922 y no en 1924 tal y como creía la propia estrella. Doris Mary Ann Kappelhoff llegó al mundo un 3 de Abril de 1922 en Cincinnati (Ohio) y en el seno de una familia de origen alemán. Su padre impartía clases de música y era maestro de coro pero la pequeña Doris estaba más encaminada hacia el mundo de la danza hasta que un accidente de coche frustró su sueño de convertirse en bailarina profesional aunque le hizo descubrir que realmente tenía un don en la garganta. Fue durante su convalecencia y recuperándose de sus lesiones cuando comenzó a canturrear mientras escuchaba la radio a artistas como Ella Fitzgerald que se convirtió en su modelo a seguir. Tomó clases de canto y realizó sus primeros trabajos profesionales en la radio y en un restaurante. Fue a través de las ondas cuando fue descubierta por Barney Rapp que terminó contratándola como vocalista de su banda de jazz. Doris tenía 17 años y obtuvo de esta manera su primera gran oportunidad. Fue Rapp quien le aconsejó que se cambiara ese Kappelhoff que sonaba horrible y no cabía en las marquesinas por un Day que era muchísimo más sencillo y efectivo.

Trabajó con varias orquestas y en 1945 obtuvo su primer éxito con la canción Sentimental journey que terminó siendo un himno para los soldados estadounidense en el frente durante el tramo final de la Segunda Guerra Mundial. Fue el primero de una larga lista de temas que acompañaron a la cantante durante toda su vida y que permanecen en el recuerdo de sus fans e incluso de quienes no llegaron a ser sus admiradores.

Gracias a esos programas de radio que le acompañaron durante su temprana adolescencia fue adquiriendo una notoriedad cada vez mayor. De esa manera llegó su salto al cine con la película “Romanza en alta mar” (1948) de Michael Curtiz, a él le conquistó su honestidad porque no tenía miedo a admitir que no tenía ni pajolera idea de interpretar y además era una representación idónea de la “típica chica americana”.

Durante casi veinte años Doris Day vivió su época dorada porque fue considerada la artista más querida por el público. Sus canciones acompañaban a los soldados que estaban en la guerra de Corea, a las esposas que les estaban esperando en casa y sus películas llenaban las salas, además llegó a tener su propio programa de radio “The Doris Day show” en la CBS. Con su cálida voz y su fraseo conectaba a la gente con el hogar, con una nación que buscaba la luz en plena oscuridad. 

Algunos de sus grandes éxitos en la gran pantalla fueron “Quiéreme o déjame” (1955), “Calamity Jane” (1953) (que en España se llegó a titular “Doris Day en el Oeste”) o “El hombre que sabía demasiado” (1956) de Alfred Hitchcock. Intentó ser una actriz dramática en películas como “Un grito en la niebla” (1960) y cuando ya se estaba comenzando a darla por muerta renació de sus cenizas con “Confidencias a medianoche” (1959) que fue uno de los mayores éxitos de su carrera, no solamente en la taquilla sino que también le proporcionó su única candidatura al Oscar. La dupla formada por Doris Day y Rock Hudson resultó perfecta, era el tándem crepuscular ideal porque sabías que entre los dos no habría sexo ni bajo los efectos del alcohol.

La revolución sexual de la década de los 60 acabó con el reinado de Doris Day. La virgen de América ya no encajaba en una época en la que triunfaban títulos como “Bonnie y Clyde” y encarnaciones del sexo tan descomunales como Faye Dunaway o Jane Fonda alcanzaban el estrellato. Day fue prudente al rechazar interpretar a la señora Robinson en “El graduado” porque más que corromper a un joven lo que iba a hacer era ofrecerle un chocolate con pastas, además el guión le parecía realmente vulgar.

Tras fallecer su tercer marido, Martin Melcher en el año 1968, que era además quien controlaba sus finanzas, descubrió la terrible realidad y es que su esposo había malgastado su fortuna y le había dejado en la ruina, encima no lo hizo solo ya que tuvo como compañero de fechorías al abogado de la artista. Además había firmado un contrato con la CBS para su propio programa de televisión “The Doris Day show”. Day que ya estaba bastante cansada de todo no tuvo más remedio que trabajar en la televisión y obtuvo tal éxito que el espacio se mantuvo en antena durante 5 años.

En 1973, plenamente consciente de que su ciclo había acabado, se retiró de la interpretación aunque sí que tuvo a mediados de los 80 un programa de entrevistas, en donde tuvo como invitado a su gran amigo Rock Hudson cuando ya estaba sentenciado por la enfermedad de sida, y que no llegó a tener continuidad. A partir de ese instante Day se retiró.

Recibió el premio Cecil B. DeMille en el año 1981 pero una vez retirada del mundo del espectáculo prácticamente rechazó casi todos los galardones honoríficos que le ofrecieron, el Oscar honorífico probablemente no le llegó por ese motivo. Durante sus últimos años llevó una vida tranquila en la localidad de Carmel (California), concedió muy pocas entrevistas telefónicas a los medios de comunicación, la última de ellas a The Hollywood Reporter fue el mes pasado, y en el 2011 sacó un disco, “The love album”, que era una recopilación de grabaciones suyas inéditas y cuyo objetivo era recaudar fondos para su asociación dedicada a la defensa de los animales, causa a la que se entregó en cuerpo y alma hasta sus últimos días.

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Mary Carmen Rodríguez

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