In Memoriam: Éric Rohmer, el analista de las emociones humanas

In Memoriam: Éric Rohmer, el analista de las emociones humanas

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Querido diario:

En 2009 celebrábamos el 50º aniversario de la Nouvelle Vague, esa intensa corriente cinematográfica que nos dio a una serie de realizadores franceses que intentaron hacer más humanas las emociones que vivíamos en una pantalla de cine. Hoy conocemos que ha fallecido una de las leyendas vivas de esa época, Éric Rohmer. Nos deja a los 89 años de edad después de varias películas en las que se ha preocupado por el amor y por el alma humana. Un cineasta comprometido con su manera de hacer cine y poco tendente a seguir las modas.

Sus comienzos en el arte se remontan a la década de 1940, cuando inicia sus actividades profesionales en la enseñanza de la literatura y en el periodismo gráfico; en 1946, y bajo el seudónimo de Gilbert Cordier, publica su única novela, “Élizabeth”. Durante esos años se convierte en asiduo asistente a la Cinemateca francesa y adopta el nombre por el que se lo conocería desde entonces, Éric Rohmer, en referencia a dos de sus grandes referencias: el director de cine austrohúngaro Erich Von Stroheim y el novelista británico Sax Rohmer, autor de la serie Fu-Manchú. Como crítico de cine destaca su trabajo como jefe de redacción de la prestigiosa revista francesa Cahiers du Cinéma entre 1956 y 1963 junto a quien fue uno de sus grandes maestros, André Bazin. En 1950, mientras filmaba su primer cortometraje, “Journal d’un scélérat”, fundó junto a Jean-Luc Godard y Jacques Rivette la revista de crítica cinematográfica Gazette du Cinema; en esa época también trabó una relación intelectual constante con directores como Claude Chabrol, Alain Resnais y François Truffaut. En esos años, él y Chabrol escribieron el libro “Hitchcock, sus primeros 44 filmes”. “El signo del león”, de 1959, es su primer largometraje, que obtuvo una buena recepción por parte de la crítica pero que no fue tan bien recibido por el público. En 1962, junto al director alemán Barbert Schroeder y la productora Margaret Menegoz, crea una empresa productora de películas llamada “Les films du Losange”, que hasta la actualidad ha realizado más de 80 películas.

InMemoriamEricRohmerLeondeOroVeneciaEl cine de Éric Rohmer se caracteriza por su simplicidad y agudeza intelectual, en climas de profunda empatía con las localizaciones y con aquellos personajes que definen el sentido moral de cada una de sus historias. Probablemente la separación de su carrera en tres grandes etapas aporte claridad desde los temas y títulos de sus filmes a aquellos que no hayan visto su cine; en la década del 60 comenzó sus “Seis cuentos morales”, en los que aborda una temática que atraviesa toda su carrera: la banalidad de la vida en torno a las palabras vacías, a las acciones que llevan a cabo los individuos por canales que desafían a su propia identidad y voluntad. Esta etapa está caracterizada por sus filmes de amores y desamores, y por el énfasis en la palabra puesta en boca de sus personajes, no para aportar información, sino para definir sus personalidades mediante la charla cotidiana. Los cuentos morales fueron concebidos originalmente como una novela; sin embargo, Rohmer desistió de seguir escribiendo cuando descubrió que algunas situaciones podían definirse por medio de imágenes y no de palabras. En referencia a estas ideas, Rohmer declaró: ” (…) yo no digo cosas en mis películas, yo muestro gente que habla y se mueve como los paisajes, las caras, los gestos y sus comportamientos (…)”.

El primer reconocimiento a su trabajo en un festival de cine fue en 1967, cuando “La coleccionista” integró la nómina de filmes en competencia oficial del Festival de Berlín y obtuvo dos distinciones, una a Mejor película para público joven y el reconocimiento del Premio especial del jurado. Tres años más tarde, en 1970, fue nominado al Oscar a la mejor película de habla no inglesa por su largometraje “Mi noche con Maud”, premio que obtuvo “Z”, dirigida por el griego Constantin Costa-Gavras. Al año siguiente, el mismo filme fue nominado a mejor guión original, distinción que esa vez logró la película bélica “Patton”.

Entre 1981 y 1987, y tras su éxito con la adaptación de época “La Marquesa de O” de 1976 que se llevará el Gran Premio del Jurado de Cannes, filmó otra saga llamada “Comedias y proverbios”, que cuenta con siete producciones, entre las que destaca su filme más personal y con mayor éxito tanto a nivel comercial como artístico: “El rayo verde”, de 1986. Esta etapa está marcada por una posición más optimista, con sabores que remiten a un cine post nouvelle vague, con una amargura constante que finaliza en filmes esperanzadores, en donde los personajes buscan llegar a un objetivo y esa misma búsqueda resulta ser el punto central de la mirada de Rohmer. Con muchos puntos en común con “Comedias y proverbios”, en 1990 comienza su última saga, llamada “Cuentos de las cuatro estaciones”, en donde se interna desde una época del calendario en historias de relaciones humanas, de las que el amor es el principal protagonista y el engaño, presente de manera notable en sus “Seis cuentos morales”, le deja su lugar a una sensación ambigua de inseguridad y deseo contenido no presente en los primeros años de la década de los 80.

InMemoriamEricRohmerElromancedeAstreayCeladonYa en su etapa de madurez todavía tuvo algunas fuerzas para sacar adelante proyectos contra corriente. Fue el caso de “La inglesa y el duque” en 2001, todo un alarde visual que nos llevaba al París revolucionario como si estuviéramos metidos en un retrato de la época. Su último trabajo data de 2007 y se trata de “Los amores de Astrea y Celadón”, un testamento casi paradisiaco rodada con el alma de una obra de teatro infantil pero con el pulso de las emociones de un veterano maestro.

El peso de la edad le fue recluyendo en su apartamento de París donde se ha mantenido hasta el último día lúcido pero con escasas fuerzas para hacer cine, más teniendo en cuenta que Rohmer era el típico director que se deslomaba en cualquier proyecto que acometía. Los que le conocieron destacan su vena introvertida, era poco amigo de las entrevistas, su cristianismo y conservadurismo, y también un amor por la naturaleza que se demostró en su cine y también en la creación de una granja de ciervos en su pueblo natal.

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