In Memoriam: Michel Legrand, el sentimiento jazzístico y romántico

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Querido Teo:

Este sábado ha fallecido uno de los compositores míticos de la música de cine del siglo XX. Michel Legrand nos ha dejado a los 86 años dejando para la Historia un sinfín de melodías de calidad y reconocibles que le convirtieron en una figura apreciada tanto por la crítica como por el público. En su expediente 3 Oscar por “El caso de Thomas Crown” en 1969, “Verano del 42” en 1972 y “Yentl” en 1984.

Nacido en París en 1932, dentro del seno de una familia musical, destacó enseguida por su gran oído y, además de ser un aventajado en el Conservatorio de París, comenzó haciendo arreglos para nombres como Jacques Brel o Maurice Chevalier debutando en el cine con “El hombre del triciclo” (1957) y comenzando su fructífera relación con el director Jacques Demy con “Lola” (1961) protagonizada por Anouk Aimée. Con la irrupción de la Nouvelle Vague sus melodías elegantes y humanistas sirvieron para que Jean-Luc Godard lo eligiera para “Una mujer es una mujer” (1961), protagonizada por Anna Karina, y para que Agnès Varda hiciera lo propio con “Cleo de 5 a 7” (1962).

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Con Godard volvería a trabajar en seis títulos más pero fue con Demy con el que depuró su estilo gracias a “Los paraguas de Cherburgo” (1964), una obra maestra del romanticismo musical con una bellísima banda sonora que sustituía a los diálogos y que emprendieron director y compositor en plena sincronía ya que el guión prácticamente fue un trabajo conjunto ante la importancia de la música en la película a la hora de narrar la relación, marcada por el sacrificio, la devoción y las desventuras, de los personajes de Catherine Deneuve y Nino Castelnuovo consiguiendo sus 3 primeras nominaciones al Oscar en las categorías de música original, adaptación musical y canción. Más de cinco décadas después la conjunción música, imagen y emoción no puede sobrepasar un nivel más alto.

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Aunque siguió trabajando en Francia era lógico que el cine USA le llamara a la puerta tras su irrupción en el panorama musical con “Los paraguas de Cherburgo” a la que, posteriormente, llegaría su secuela espiritual “Las señoritas de Rochefort” (1967). Norman Jewison confió en él para “El caso de Thomas Crown” (1968) y ganó el Oscar con la canción The windmills of your mind. Un tema tan bellísimo como evocador interpretado por Noel Harrison.

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En “Verano del 42” (1971) de Robert Mulligan la música de Legrand encajaba como un guante en esa historia de romance iniciático entre un adolescente y una mujer joven casada con un piloto militar, ambientada en los momentos más álgidos de la II Guerra Mundial mientras en una isla frente a la costa de los Estados Unidos se intenta vivir la espera con desesperanza como una burbuja ajena a las bombas pero no a la desesperación de la soledad. El compositor se haría con su segundo Oscar con un tema principal envolvente y fascinante.

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A continuación llegarían otros trabajos como “El mensajero” (1971), “El ocaso de una estrella” (1972), centrado en la figura de Billie Holliday, y con claras connotaciones jazzísticas a la hora de reflejar la turbulencia de la vida de la artista, “Chantaje a una esposa” (1973), “Sueños prohibidos” (1973), o el vanguardista documental “Fraude” (1973) de Orson Welles y “Primavera en otoño” (1973) de Clint Eastwood. También probó con tino el cine de aventuras con “Los tres mosqueteros: Los diamantes de la reina” (1973) de Richard Lester.

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El año 1983 fue clave en su carrera ya que, en primer lugar, se hizo cargo de la película no oficial de la saga Bond, “Nunca digas nunca jamás”, a pesar de contar con Sean Connery en la que fue su última vez dando vida al agente 007. Una partitura resultona pero lastrada por el hecho de que el famoso tema de Monty Norman no pudo ser utilizado quedando en una selección solvente de temas jazzísticos y exóticos que acompañaban a la acción y al personaje. Una partitura rutinaria y anodina que ha quedado tan olvidada como la propia película. Eso sí, ahí tenía “Yentl” de Barbra Streisand que se convirtió en todo un fenómeno y que le reportó su tercer Oscar por la banda sonora, además de que dos canciones de la cinta fueran nominadas, en su nueva colaboración con los letristas Alan y Marilyn Bergman.

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Más de 200 trabajos jalonan una carrera que ya pasó a ser intermitente pero que todavía arrojaría “Pret-a-porter” (1994), la serie animada “Érase una vez…” o el proyecto inacabado de Orson Welles “The other side of wind” estrenado en Netflix en 2018. Ya con su magisterio, y sin nada que demostrar, en los últimos tiempos dejó de lado el cine para disfrutar de su arte en el teatro musical, giras de conciertos sinfónicos y jazzísticos, o colaboraciones discográficas con grandes estrellas de la música culta. Un nombre clave referente de toda época y rescatado en fechas recientes en trabajos como “La la land” ante la reivindicación del encanto y la calidad de lo llamado vintage que, ante su legado e influencia, siempre será perenne ajeno a cualquier moda.

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Nacho Gonzalo

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