In Memoriam: Sam Shepard, el rebelde más polifacético

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Querido Teo:

Sam Shepard, un espíritu tan rebelde como polifacético, nos ha dejado a los 73 años tras una carrera vivida al máximo en la que demostró que en el arte no había secretos para él al destacar como actor, guionista y dramaturgo. Prueba de ello es que, de entre más de 40 obras de teatro, ganó el Pulitzer en 1979 por “Buried child”, con sólo 36 años, y de entre más de medio centenar de títulos en pantalla fue nominado al Oscar en 1984 como mejor actor de reparto por “Elegidos para la gloria”. En definitiva, un escritor que pasó a ser estrella de cine.

Nacido en Fort Sheridan, Illinois, en 1943, hijo de una maestra y un granjero que formó parte del ejército durante la II Guerra Mundial, su infancia y juventud marcaron su carrera al criarse en un entorno rural en una granja cerca de Pasadena, localidad de California, a la que su familia (era el mayor de tres hermanos) se trasladó viviendo por ello experiencias marcadas por sus años en ese entorno y por el desmembramiento familiar provocado por la caída en el alcohol de su padre. Leer “Esperando a Godot” desató su pasión artística, alternando su vena de poeta con trabajos de mozo de cuadra, recolector de naranjas o camarero, oficio éste último que desempeñó en Nueva York cuando se trasladó allí a los 19 años tras una temporada en la que viajó con una compañía teatral ambulante por el medio Oeste. Y eso que su intención inicial era estudiar para ser veterinario.

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InMemoriamSamShepard02Su debut como autor se produjo el 16 de Octubre de 1964, con el estreno conjunto de “Cowboys” y “Rock Garden” en el Genesis Theatre. El estreno recibió buenas críticas y, a partir de ahí, fue ganando reputación con una serie de obras producidas por teatros del Off-Broadway. En 1966 recibió una beca de la Universidad de Minnesota y ese mismo año ganó tres premios Obie, por sus obras “Chicago”, “Icarus’s mother” y “Red cross”, lo que constituía un hecho sin precedentes. Estos premios impulsaron notablemente su carrera cuando la corriente principal de la crítica permanecía cautelosa ante su obra. Tras recibir una beca de la Fundación Rockefeller y una beca Guggenheim, se convirtió en escritor a tiempo completo; destacando la década de los 70 como la más febril en esta faceta instalándose primero en Inglaterra y después en San Francisco. No negó nunca las influencias directas de nombres como Tennessee Williams, Arthur Miller y Samuel Beckett, a los que por otro lado no tiene nada que envidiar.

Su especialidad fue abordar personajes de otra época, caducos en el mundo que les ha tocado vivir, representados por el espíritu del perdedor de una manera nada complaciente, y las relaciones personales desde una perspectiva de hondura emocional y de lirismo ambiental que llegó al culmen con, posiblemente, su mejor guión como es el de “Paris, Texas” de Wim Wenders que ganó la Palma de Oro en 1984, demostrando también ser hijo de esa contracultura de los 60 marcada por una mirada algo subversiva pero también nostálgica sobre el modo de vida de otra época. Volvería a colaborar con Wenders en “Llamando a las puertas del cielo” (2005), como cenit de una relación y de un modo de hacer cine y encarar la vida que se plasma en una filmografía en la que destacan títulos como “Días del cielo” (1978), “Frances” (1982), “Locos de amor” (1985), por la que volvió a ser candidato al Pulitzer y que fue dirigida por Robert Altman, y “Magnolias de acero” (1989). Su debut había sido con “Renaldo and Clara” de Bob Dylan en 1978.

FRANCES, Jessica Lange, Sam Shepard, 1982. (c) Universal Pictures.

En los últimos años el rebelde se convirtió en venerable, tirando de presencia, carácter tosco y voz aguardentosa y patriarcal en cintas como “No te mueras sin decirme adiós” (1997), “Llamada a escena” (1998), “Mientras nieva sobre los cedros” (1999), “Hamlet” (2000), “Todos los caballos bellos” (2000), “El juramento” (2001), “Black Hawk derribado” (2001), “El diario de Noa” (2004), “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford” (2007), “Brothers” (2009), “Caza a la espía” (2010), el valorable western de Mateo Gil “Blackthorn. Sin destino” (2011), “Mátalos suavemente” (2012), “Mud” (2012), “El invitado” (2012) y “Agosto” (2013), donde era el cabeza de familia que desencadenaba el tormentoso encuentro familiar.

Sus últimos títulos han sido “Out of the furnace” (2013), “Frío en Julio” (2013), “Ithaca” (2015), de Meg Ryan, “In dubious battle” (2016), de James Franco, y “Midnight special” (2016), de Jeff Nichols. También se le ha podido ver en la serie de Netflix “Bloodline” a lo largo de sus tres temporadas. Precisamente por un trabajo televisivo, el telefilm “Dash and Lily” (1999) dirigido por Kathy Bates, sobre el romance que mantuvieron los guionistas Dashiell Hammett y Lillian Hellman en el Hollywood de los 40 y 50, fue candidato tanto al Emmy como al Globo de Oro.

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En su haber también destacan dos películas como director, el drama “Norte lejano” (1988) con Jessica Lange y el western “Lengua silenciosa” (1993) con Alan Bates, River Phoenix y Richard Harris. Siempre se le recordará también por su relación con Jessica Lange, a la que conoció en el rodaje de “Frances” en 1982 y con la que estuvo unido hasta 2009, teniendo dos hijos.

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Nacho Gonzalo

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