“La humanidad en peligro”

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Buscadlo, dadlo a leer. Es necesario, por poco interés que se tenga en el futuro inmediato. Pertenece al escasísimo grupo de libros a los que se vuelve. No es la única sorpresa que ha dado la autora.

Título: “La humanidad en peligro”

Autor: Fred Vargas

Editorial: Siruela

Federica fue durante algunos años una zooarqueóloga que trabajaba en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia. Su especialidad, los insectos fósiles, limita bastante la conversación, y ninguno de sus compañeros supo durante mucho tiempo de su “doble personalidad”. Al salir del trabajo se convertía en Fred Vargas, nombre más adecuado para un narco de serie que para una francesa de gestos delicados, que mantiene su voz juvenil a los 60 años recién superados, de tono y ritmo adaptados a la tranquilidad propia de un laboratorio.

Se convirtió en la escritora más reconocida de la novela negra francesa, crecieron como setas sus seguidores en todo el planeta, aunque en su casa nadie leyera el género policiaco cuando era niña y no haya llegado a saber qué fue lo que la enganchó con una constancia que acabó por hacerle coger cuaderno y lápiz cuando tenía 28 años y comenzar a construir un mundo.

Tres décadas la han convertido en alguien con mucho peso, más allá de sus “polars”, como llaman los franceses a lo que nosotros llamamos “negro” y los italianos “giallo”. “La humanidad en peligro” es una obra importante, multiplicada por la popularidad, influencia y crédito de Vargas. Salirse del crimen de ficción para abordar el mayor crimen real del momento, con múltiples sospechosos, con presuntos culpables, con cómplices más poderosos que ninguno de los asesinos ficticios de sus novelas, le ha supuesto un trabajo de investigación insospechado. Según ella misma confiesa, no sabía bien donde se metía…

“Maldita sea, ¿en qué atolladero he ido a meterme? ¿Cómo lo voy a hacer para salir airosa de esta tarea descabellada, de esta idea peregrina de hablarles sobre el futuro de la vida en la Tierra? ¿Cómo voy a salir de ésta? No tengo la menor idea, y ustedes tampoco. Solo hay una cosa que sé, y es dónde empezó todo. Y, ahora que ha empezado, lo ha hecho con tanta violencia que no logro detener el movimiento, la vorágine, el no sequé que me empuja impetuosamente a seguir adelante sin pedirme mi opinión. A pesar de ello, sospecho que habrían preferido que sacara una novelita policiaca bien entretenida. Lo haré más adelante, lo prometo, pero no ahora; no puedo. Una especie de necesidad imperiosa me impulsa con furia a escribir este libro”.

Lo que se pensaba como un texto de unas 100 páginas a escribir en un tiempo no excesivo, se convirtió en una investigación inteligente de meses, empleando todos los contactos y recursos reunidos por la popularidad y la formación científica de Vargas. El resultado es un cúmulo de información y de sorpresas, de acusaciones y esperanzas…. soberbio.
El planeta no va a morirse, le importamos tan poco como cualquier otra especie. Pero a nuestros representantes sociales, a nuestros grandes empresarios, en realidad tampoco les importamos tanto como para haber avanzado desde Kyoto en el siglo pasado hasta Madrid, hace nada. Vargas ha dejado de creer en ellos, completamente, y acude a sus lectores, a sus millones de lectores. Nos pide directamente que la ayudemos a ayudarnos. Si pensáis que Vargas lo pone fácil, no es así. Hay que especializarse o sumergirse con Vargas para comprender la enorme cantidad de cosas que no nos están contando. El asunto llega a ser doloroso y puede cundir el desánimo ante el estado en que está el planeta donde vivimos.

Vargas no es pesimista, tampoco es optimista, nos cuenta lo que hay, por qué está ahí, en sus vertientes posibles y más conocidas: la carne, las baterías, los coches, los alimentos, el reparto de beneficios y daños y mucho más. Todo con claridad y sin obviar que se dirige a lectores capaces de soportar el río de información necesario. Vargas nos pide ayuda para la lucha tal vez más importante que hayamos tenido nunca. En ocasiones me he detenido considerando que Vargas estaba siendo muy radical en un momento dado. Pero he comprendido que era miedo. Esto da miedo porque los datos, precisiones más o menos finas aparte, son indudables.

La situación que nos amenaza se apoya en un trasfondo que expresó muy bien Jack Nicholson en una de sus mejores películas, “Algunos hombres buenos”; durante la escena clave de Nicholson, cuando se revela quién es el cerebro de la novatada mortal, brama la que se iba a convertir en la mejor frase cinematográfica de su vida: «¿Queréis la verdad? ¡No podéis soportar la verdad!». 

Corrijo a Nicholson, estamos empezando a soportar la verdad que no supimos reconocer, y no elegimos a las personas adecuadas para contribuir a evitarlo. La esperanza de Vargas, porque algunas tiene, es la actitud personal de los que la lean, y su transmisión por el ejemplo. Se agradece el esfuerzo de la autora por incrustar algunos elementos de humor para hacer la amenaza más llevadera. Un libro casi obligatorio.

Carlos López-Tapia

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