“Laberinto griego”

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“Siempre me había gustado ir al cine, incluso cuando el doctor Goebbels quería erigirse en Louis B. Mayer. Formar parte del público de una sala de cine tenía un atractivo infernal para mí. Estaban la oscuridad y el humo, claro; estaba la arquitectura grandiosa, el telón dorado, el mármol barato y el terciopelo rojo; y estaba el drama que acontecía en la gran pantalla, algo así como ver a los dioses esforzarse y fastidiarla a base de bien. Era como si la vida real hubiera quedado suspendida o acotada de repente en una antecámara del purgatorio. Estaba todo eso y el hecho de que yo siempre había querido morir en un cine, por la sencilla razón de que una película me daría algo mejor en lo que pensar que el asunto en sí de exhalar el último suspiro. Ava Gardner mirándome con esos ojos suyos de color esmeralda, por no hablar del espectáculo de su abundante busto en una camisa del ejército británico un poquitín demasiado ajustada, no tenía ni punto de comparación con los murmullos de algún cura severo”.

Título: “Laberinto griego”

Autor: Philip Kerr

Editorial: RBA

El cine es una parte importante del personaje más logrado en la mejor simbiosis de novela negra e histórica: Bernie Gunther. La muerte del escritor escocés Philip Kerr hace menos de un año se produjo cuando este libro, el último, estaba casi listo para publicar. Esto le añade valor a esta historia, el de la despedida.

La historia comienza con el año 1957 y Gunther ha renunciado a su identidad. Sobrevive con otro nombre como celador del depósito de cadáveres de un hospital berlinés. Todos, salvo cuatro de los cientos de criminales de guerra que fueron atrapados y encerrados de por vida en la cárcel de Landsberg, han sido puestos en libertad. Toda Alemania Occidental huele a recién pintado, y todos y cada uno de los edificios públicos han sufrido el proceso de remodelación. Las águilas y las esvásticas desaparecieron hace tiempo, pero se están borrando hasta sus vestigios. En la tristemente famosa Hofbräuhaus de Múnich se ha hecho todo lo posible por tapar con pintura las esvásticas en el techo abovedado de color crema, aunque aún se entreveía dónde habían estado. De no ser por eso (las huellas del fascismo) sería fácil creer que los nazis no existieron nunca y que los trece años de vida bajo Adolf Hitler fueron una especie de horrenda pesadilla gótica.

Los griegos tienen mucho que ver con esta historia en concreto. Quizás lo tienen con todas las historias. Al fin y al cabo fue Homero quien inventó la narrativa moderna, entre que perdió la vista y que lo más probable es que en realidad no existiera. El carácter, el cinismo, la capacidad de adaptación del personaje creado por Philip Kerr, sintoniza a la perfección con los detectives más valorados de la novela negra que viven en los últimos 30 años un renacimiento evidente en todo el mundo. Bernie Gunther está en la elite de los mejores.

Keer, en palabras de su personaje, nos hace una recomendación apenas abrir el libro: “Como muchas historias, lo más seguro es que esta mejore de manera considerable con un par de copas de por medio. Así pues, adelante. Ponte cómodo. Tómate una a mi salud”. Desde luego, a mí me gusta echar un trago, pero la verdad es que no soy un caso perdido. Ni mucho menos. Yo espero sinceramente que alguna noche salga a tomar algo y despierte amnésico en un buque rumbo a algún sitio del que no haya oído hablar.

De momento nos vamos a Grecia, en compañía de un investigador para la mayor aseguradora alemana, Christoph Ganz, en realidad el superviviente Bernie Gunther sobrevivirá muchos años más en las bibliotecas de los aficionados.

Carlos López-Tapia

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