Las listas de Moriarty: Juguetes adaptados al cine

Las listas de Moriarty: Juguetes adaptados al cine

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Querido Teo:

Ya lo decía un anuncio de matacucarachas muy conocido de hace unos años: “Naces, creces, te reproduces y mueres”. Así de fácil y de sencillo. Cuando uno se encuentra en ese periodo entre “reproducirse” y “morir”, es tiempo de echar la mirada atrás y recordar con nostalgia aquellos días de juegos en los charcos, peleas en el recreo, bocadillos de nocilla y, sobre todo, juguetes. La compra o pérdida de un juguete marcan tu vida tanto como el primer beso o el primer día que montas en bici. Y por eso, los días de Reyes Magos y de Navidad, hasta en una familia adinerada como la mía donde nunca nos ha faltado nada (material), son un recuerdo imborrable en mi cabeza. Te levantabas con la misma ilusión que cualquier familia fuera cual fuera su religión o clase social y siempre, como si fuera algo mágico, había un regalo con tu nombre. Como puedes imaginar, la cantidad de juguetes que yo tenía era superior a la que cualquier niño en 150 vidas pudiera imaginar y lo que, en un principio consideraba como un síntoma de amor infinito de mis padres hacia mí, descubrí con el paso de los años que simplemente era una vía para que molestara lo menos posible y dejara a mis padres hacer “cosas de mayores”.

Quizás por ello, y hasta que descubrí el cine, mi mundo fue compartido con muñecos de cuerpos especiales del ejército americano o procedentes de Endor o Eternia, a los que tenía más aprecio que cualquier primo de alto título nobiliario que se pasara por mi casa a jugar algún día que otro (de hecho, mi relación con los miembros de mi familia merece un apartado aparte). Pero, por encima de todo, disfrutaba con esas piezas de plástico con colores chillones y formas cúbicas que te permitían construir prácticamente cualquier cosa que te imaginaras. Los niños “constructores” de aquella época se dividían en 2 bandos irreconciliables y antónimos, los de Lego y los de Tente. Los amigos con los que compartías piezas eran como hermanos de sangre, mientras que los del otro lado eran considerados apestados y proscritos con los que había que evitar todo contacto (aunque he de reconocer que, como en todas las guerras, siempre existen agentes dobles que buscan beneficiarse de las hostilidades, y sobra decir quién era uno de ellos).

Por ello, muchos años después, cuando me enteré de que se iban a poner manos a la obra en Hollywood para convertir el mundo Lego en película me quedé paralizado. Por un lado, me daba verdadero pánico imaginarme en lo que podían convertir mis adorables piezas; pero por otro era consciente que no iba a poder resistir la tentación de sentarme en una butaca y ver cómo las películas mentales que yo me hacía cuando era pequeño se convertían en una realidad de 35 mm (lo de los 35 mm es por seguir el tono nostálgico).

“La Lego película” gira en torno a Emmet, un humilde trabajador de la construcción en la ciudad de Lego. Sin embargo, de un día para otro (como en todas las películas), es confundido con un maestro constructor y se convierte en el líder de una banda de personajes (entre los que podemos encontrar a Batman, Wonder Woman, Gandalf, Dumbledore, e incluso Han Solo y Chewbacca, todos ellos en su versión Lego), que intentarán salvar al mundo de que el señor Negocios lo destruya con el inquietante método de pegarlo todo. Como es habitual en la mayoría de películas de animación, la pléyade de estrellas que prestan su voz a los diferentes personajes es extraordinaria (Chris Pratt, Will Ferrell, Morgan Freeman, Liam Neeson, Shaquille O’Neal o Channing Tatum,…).

En definitiva, estamos ante un divertimento para niños que ningún adulto que haya tenido infancia se puede perder… Por cierto, como ahora ninguno de mis viejos compañeros de juegos creo que me esté leyendo, tengo que confesar que yo siempre he sido de…. ¡¡¡¡TENTE!!!!!

Toy Story (John Lasseter, 1995)

Probablemente estamos ante una de las películas que cambió la Historia del cine y no sólo el de animación. Aunque los personajes protagonistas son juguetes, la mayoría de ellos no son reales o, al menos, no existían antes de la película (lo que ocurrió después forma parte de la maquinaria de Disney), pero sin embargo, tanto en la primera parte como en las dos secuelas, podemos ver a juguetes con los que todo el mundo alguna vez ha jugado, como el señor Patata de Playschool, los soldaditos de plástico, la muñeca Barbie y su novio Ken de Mattel. Una obra maestra que ha sido capaz de insuflar más vida y sentimientos a unos muñecos de la que muchos directores consiguen sacar a sus actores de carne y hueso en toda su carrera.

Si esta lista se rehiciera dentro de 15 años todos los personajes podrían formar parte de la misma, puesto que el aluvión de Woody y Buzz que se pueden ver en las jugueterías hoy en día los han convertido probablemente en los muñecos más queridos por unas cuantas generaciones.

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He-Man: Masters del universo (Gary Goddard, 1987)

La versión de los muñecos más famosos de los ochenta llegó de la mano de la mítica productora Cannon, gracias a la cual pudimos disfrutar de grandes películas de los Bronson, Stallone, Chuck Norris, Van Damme, Dudikoff… A rebufo del éxito de “La guerra de las galaxias”, Cannon quiso recrear el planeta Eternia como si fuera una mezcla de la sala galáctica de Lucas y del universo de Conan (se rumorea que los muñecos de los Masters del universo en realidad formaban parte del merchandising de la película de Schwarzenegger, pero por problema legales no salieron a la venta y fueron finalmente aprovechados para crear una nueva saga) y no dudó en invertir uno de los presupuestos más importante de las época, contando para ello con grandes nombres como Richard Edlund (uno de los encargados de los efectos visuales de “La guerra de las galaxias”), Bill Conti para la banda sonora, Dolph Lundgren como He-Man (aunque inicialmente se pensó en su rival en el ring, Stallone) y Frank Langella como el Emperador, perdón, como Skeletor (en que estaría pensando…). A pesar de que la película fue un completo desastre (a los ojos de los espectadores de los 80 ya era mala) se plantearon una secuela, pero problemas con Mattel por los derechos de los personajes impidió (Dios gracias) que se llevara a cabo. No obstante, después del consiguiente lavado de cara, se pudieron reutilizar los decorados y el guión previsto para una nueva “obra maestra” como “Cyborg” con Jean-Claude Van Damme al frente… Si yo hubiera tenido el poder, otro gallo habría cantado.

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Transformers (Michael Bay, 2007)

En 2007 se estrenaba por todo lo alto la adaptación de uno de mis juguetes y dibujos animados favoritos, los Transformers. Dirigida por el excesivo Michael Bay con guión de los empleados de la división Fringe, Roberto Orci y Alex Kurtzman, y con la producción de Steven “Dios” Spielberg (sólo pensar en sus producciones de los años 80 y 90, se me aflojaban las piernas), la cosa no pintaba mal, o al menos eso pensaba yo. Probablemente ha sido una de las películas más decepcionantes que he visto en mi vida (dejando de lado la última de Indiana Jones y las precuelas de “La guerra de las galaxias”) y ni las insinuaciones de Megan Fox me consiguieron levantar… el ánimo. Larga, aburrida, sin hilo argumental y con pésimas actuaciones (John Turturro, Hugo Weaving, John Voight, ¿qué coño pensasteis cuando visteis el resultado final?), pero a pesar de todo ello fue un completo éxito en taquilla, que tuvo como consecuencias dos secuelas (a cuál peor de las dos) y otra a la vista para este año.

Steven, Steven, no me vuelvas a hacer esta otra vez…

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G.I. Joe (Stephen Sommers, 2009)

Ideados por Hasbro en 1964 como la contrarréplica masculina de Barbie, este grupo de élite militar del ejército norteamericano tuvo su adaptación al cine en 2009 de la mano de Stephen Sommers, cuyo mayor bagaje era haber dirigido la nueva versión de “La momia” (y todas sus secuelas) y esa versión pseudomoderna de “Van Helsing” (que no la salvó ni la presencia de Kate Beckinsale y Elena Anaya). ¿Hace falta decir algo más? Como era de esperar, el director de Indianápolis perpetró un batiburrillo de acción sin pies ni cabeza, a pesar de la presencia de algunas caras conocidas como Dennis Quaid, Joseph Gordon-Levitt, Sienna Miller o Channing Tatum. Pese a todo, en el 2013 se estrenó una secuela cuyas novedades principales eran Bruce Willis (¿tanto dinero tienes que pasar a Demi Moore por tus hijos?) y Dwayne Johnson. ¿Te imaginas algo peor? Pues ves temblando, porque se rumorea una posible película que mezcle personajes de “Transformers” y “G.I. Joe”… Qué Michael Bay nos pille confesados.

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Battleship (Peter Berg, 2012)

Cuando leí que las mentes pensantes hollywoodienses tenían entre manos la idea de adaptar el clásico juego de mesa ““Hundir la flota”, me llevé las manos a la cabeza. La única forma que se podía llevar a la gran pantalla una idea así era reversionando la película de los ochenta “Juegos de guerra”, pero sustituyendo el ordenador por un teclado electrónico y dándole un halo a lo “El juego de Ender”.

Aunque inicialmente los nombre que comenzaban a rumorearse que protagonizarían la película (Liam Neeson, Alexander Skarsgård) permitían tener un hilo de esperanza, la confirmación del debut como actriz de la “cantante” de Barbados Rihanna y de la modelo de Victoria´s Secret Brooklyn Decker confirmaron mis peores augurios. Los 131 minutos de batalla entre humanos y alienígenas rodeados de estruendosos efectos especiales no consiguieron engañar a la taquilla y, a pesar de recaudar 300 millones de dólares, la película no fue el éxito esperado (oficialmente el presupuesto de la película fueron algo más de 200 millones, pero las malas lenguas afirman que se alcanzó casi los 300).

Sin duda alguna, película “tocada y hundida”.

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“El mal nunca duerme, simplemente se echa la siesta”.

James Moriarty

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