Las listas de Moriarty: Maestros de las artes marciales

Las listas de Moriarty: Maestros de las artes marciales

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Querido Teo:

Ahora que se vive un revival del cine de acción de los 80 y los Stallone, Schwarzenegger, Chuck Norris, Van Damme y compañía vuelven a estar en la picota, creo que todavía falta una película de artes marciales que vuelva a poner de moda el cine de “patadas voladoras y nunchakus” como ha hecho “Los mercenarios” con el de acción. Si hay algún momento de mi infancia que recuerdo con nostalgia, fue el día que descubrí los videoclubs y el cine de serie B. Sin recordar muy bien por qué todavía, mis padres me permitieron ir a pasar un fin de semana con el hijo del encargado de las caballerizas que tenía mi misma edad. Sin embargo, y como solía ser habitual, no se informaron mucho de dónde me mandaban porque, de haberlo sabido, no habrían permitido que su retoño y futuro Sir pusiera un pie en aquellas calles.

En 30 minutos pasamos de un palacio en medio de la campiña inglesa sin ningún ruido y ni polución a unas calles de un barrio del extrarradio de la ciudad, con coches escupiendo humo como si fueran locomotoras, gente gritando y borracha tirada en la calle e incluso alguna mujer semidesnuda, con la que años más tarde entablaría una muy buena amistad. Yo, que estaba acostumbrado a pasearme entre libros por lo que mi padre llamaba “su pequeña Babilonia”, me encontré en el interior de una tienda repleta de cajas (que más tarde descubriría que eran cintas VHS) deambulando entre personajes que hablaban de batallas épicas, de monstruos que mataban a pueblos enteros, de personajes fantásticos que eran capaces de volar o de convertirse en excelsos magos e, incluso por los gestos que hacían, de posturas sexuales que, yo por entonces, ni me imaginaba…

Desde aquel día, Mark se convirtió en mi contacto entre el mundo de alta alcurnia, donde vivía de lunes a jueves, y el mundo de las películas del videoclub donde me sumergía los fines de semana. Todos los viernes, antes de irse, me dejaba ocultas junto a la comida de los caballos un paquete con 5 o 6 cintas, que devoraba sin aliento como si el fin del mundo estuviera cerca.

Mis favoritas de aquella época, sin duda alguna, eran las películas de acción y artes marciales. No sólo las disfrutaba mientras que las veía sino que después me pasaba toda la semana imitando sus patadas, puñetazos, lanzamientos de estrellas ninja, etc… Pasé de un día para otro de idolatrar a científicos, escritores clásicos y filósofos, a hacerme fiel seguidor de Bruce Lee, Jackie Chan, Michael Dudikoff, etc… Fíjate como sería, que abandoné mis lecciones de piano (algo que mis padres me estuvieron recriminando durante mucho tiempo) y comencé a asistir a clases de judo y karate. Yo ya no quería ser Mozart, ahora soñaba con convertirme en Rambo, Terminator e incluso en un “Soldado universal”.

Lamentablemente, y como te puedes imaginar, no fui capaz de encontrar a un sensei que me llevara por el camino correcto y no llegué ni a Daniel LaRusso… Quizás, si veo unas cuantas veces “The grandmaster” pueda volver a intentarlo…

Gordon Liu como Pai Mei en “Kill Bill” (Quentin Tarantino, 2003)

Si no fuera por Pai Mei, Beatrix (el personaje interpretado por Una Thurman en la incursión de Tarantino en el cine de artes marciales) no hubiera podido salir adelante. Él fue quién le enseñó lo importante que es golpear a menos de 9 cm (lo que le permitió salir con vida de ese ataúd donde sus ex compañeras la habían enterrado) y derrotar al malvado Bill (un David Carradine, post-pequeño saltamontes y pre-juegos en el armario) con su técnica de golpe de 5 puntos y palma.

Pei Mei es un anciano maestro de kung fu del clan del Loto Blanco, que vive como ermitaño y que ha dedicado su vida en cuerpo y alma a perfeccionar las técnicas milenarias. Su larga blanca barba y sus cejas infinitas le hacen lucir un aspecto único (imitado por el maestro Shifu en “Kung Fu Panda”).

Este personaje se dice que está inspirado en Bai Mei, uno de los villanos más notorios que ha dado la Historia de las artes marciales chinas, pero lo que queda claro es que no es una invención del director de Tennessee, ya que podemos verlo en varias películas chinas de los años 60 como “Fists of the White Lotus”, “Executioners from Shaolin” o “The Shaolin avengers”.

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Pat Morita como Sr, Miyagi en “Karate Kid” (John G. Avildsen, 1984)

Si naciste a finales de los 70 y principios de los 80, sobra cualquier cosa que te escriba sobre el Sr. Miyagi. Todo un ídolo generacional que nos hizo albergar la esperanza de que, a pesar de ser unos mindundis y que todo el mundo en el colegio se riera de nosotros, el día que apareciera nuestro “sensei de la guarda” podríamos vengarnos de todos esos abusones a base de patadas de la grulla y como premio nos llevaríamos a la maciza de clase.

Sin embargo, la cruda realidad (por lo menos en mi caso) es que ese momento nunca llegó y lo más cerca que estuve de convertirme en un Daniel LaRusso patrio es cada vez que voy a lavar el coche y uso “el dar cera, pulir cera”.

Gran valedor junto a Bruce Lee de que las escuelas de judo y karate vivieran un auge durante esos años y que aún hoy en día se siga utilizando la expresión “suerte del principiante”. Y pensar que fue capaz de que una futura ganadora de 2 Oscar hiciera sus pinitos en esto de las artes marciales…

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Victor Wong como Mori Tanaka en “Tres pequeños ninjas” (John Turteltaub, 1992)

Quizás no sea la película por la que más será recordado el bueno de Victor, pero sus diferentes papeles en clásicos del videoclub como “El chico de oro” junto a Eddie Murphy y “Golpe en la pequeña China” acompañando a Kurt Rusell le convierten en un justo candidato para estar en este top 5. Decir que su mayor cualidad interpretativa estaba en su ojo izquierdo (¿o era el derecho?), quizás sería faltarle al respeto, pero la realidad no diste mucho de este hecho.

Durante sus 5 años de fama, no paró de rodar todo lo que se le ponía a tiro lo que hizo que, a excepción de “El último emperador” de Bertolucci (todavía me estoy recuperando del sopor de su visionado), “El príncipe de las tinieblas” de John Carpenter, y las comentadas anteriormente, rodara unas películas de dudosa calidad (por ser generosos en el comentario) que terminaron en las estanterías más recónditas de cualquier videoclub.

Aunque en “Tres pequeños ninjas” intentó hacer una versión infantil del profesor Miyagi que se quedó en una simple caricatura, a su favor diremos que no ha habido una mirada en el cine de artes marciales más característica que la suya.

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Joel Grey como Chin en “Remo: Desarmado y peligroso” (Guy Hamilton, 1985)

Con el mayor bagaje de todos los elegidos de este top, Joel Grey puede presumir de ser uno de los pocos actores que han sido galardonados con un premio Oscar, un Globo de Oro y un Tony (gracias a su recreación del maestro de ceremonias en “Cabaret”). Evidentemente nadie recordará su personaje en Remo… excepto yo.

Y si no, cómo puede ser que un actor con su currículum se preste a interpretar a un maestro coreano de artes marciales con uno de los maquillajes más lamentables de la época (y que, por cierto, fue nominado al Oscar en su categoría).

Inolvidables son sus diálogos durante la película donde nos muestra que el maestro es un machista (“Las mujeres deberían quedarse en casa cuidando de sus hijos. Preferiblemente varones“), racista, adicto a los culebrones y con un ego que no le coge en su cuerpo.

A lo largo del metraje, uno se empieza a preguntar si lo que está viendo es una película de acción o una comedia, pero te puedo asegurar que con el paso de los años puede que se convierta en una película a recuperar.

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Yuen Siu-tien como Beggar Su Hua-chi en “El mono borracho en el ojo del tigre” (Yuen Woo-ping, 1978)

Su formación en la Escuela de la Ópera de Pekín le permitió desde pequeño trabajar con las compañías más importante del país. En 1949 debutó en el cine como actor (rol que compartió durante toda su carrera con el de especialista y coreógrafo de las escenas de lucha), pero tuvo que esperar a 1978 a que su hijo le dirigiera en “La serpiente a la sombra del águila” para comenzar a tener el reconocimiento del gran público. El espaldarazo definitivo le llegó en su siguiente película (“El mono borracho en el ojo del tigre”), donde coincidió con el todavía desconocido Jackie Chan.

La pareja se convirtió en el dúo de moda y, a pesar de que las malas lenguas dicen que la relación no era tan cordial como parecía, le permitió a Yuen participar en otras 3 películas más repitiendo su papel de maestro de artes marciales, pero esta vez sin el futuro Miyagi.

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“El mal nunca duerme, simplemente se echa la siesta”.

James Moriarty

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