“Los ecos del pantano”

“Los ecos del pantano”

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La forma y situación de los tres lectus básicos del triclinio romano son una fuente de información sobre aquella gente, de la que Mary Roach podría deducir trescientas páginas sólo con sentarse un rato. Si hiciéramos un mapa de nuestra sala de estar para los arqueólogos del futuro, la manera de estar colocados nuestros sillones les diría que el objeto más importante del hogar del siglo XXI era un rectángulo grande y gris hacia el que se sitúan los muebles para sentarse: una pantalla. Dentro de nosotros hay algo que se siente atraído por lo que no podemos ver. Esa atracción es evidente en el caso de las cosas enterradas, y el arqueólogo detective se ha convertido en un personaje recurrente de la novela negra y la pantalla. Más en concreto, el arqueologo forense capaz de deducciones inteligentes.

Título: “Los ecos del pantano”

Editorial: Maeva

Autor: Elly Griffiths

Para su primera novela la autora ha construido sobre dos pilares muy sólidos: una forense antropóloga sin demasiado atractivo aparente y el ambiente extremo y poco habitual de una marisma inglesa. Los paisajes inundados tienen una magia propia y muy particular. Un ejemplo inspirador para esta historia sería Dunwich, la ciudad engullida por el mar, cuyas campanas aún se oyen bajo el agua. El actual Dunwich vive frente a los restos sumergidos entre tres y diez metros de una urbe tan grande como Londres en el siglo XIV. Desde que fue engullida por las aguas es un entorno lúgubre, ideal como escenario de un relato de H.P. Lovecraft. La marisma de este relato contiene restos mucho más antíguos…. aunque no todos.

“Ruth roza los cuarenta, pelo castaño hasta los hombros, ojos azules, piel blanca… y, se ponga como se ponga en la báscula (desterrada de momento al escobero), 80 kilos de peso, que hacen que renuncie a su gusto por los colores para vestir de negro, que adelgaza. Vive en una casa muy pequeña, con una escalera tan empinada que parece más bien una de mano. En la cocina caben de milagro una nevera y unos fogones, aunque Ruth casi nunca cocina. La casa de Ruth es una de las tres que se alinean al borde de la marisma. Es profesora en la Universidad de Norfolk Norte, una universidad de nueva creación. Es profesora de Arqueología, disciplina nueva en el centro, aunque no tanto como su especialidad, la Arqueología Forense. Phil, el jefe de su Departamento, siempre bromea con que la Arqueología no tiene nada de nuevo, y Ruth nunca deja de sonreír como es debido, pensando que tarde o temprano Phil se comprará una pegatina para el coche: «Los arqueólogos te lo levantan todo», o «Lígate a un arqueólogo y olvídate de las canas». Ruth tiene especial interés por los huesos. ¿Por qué los esqueletos no tocan música en la iglesia? Porque no tienen órganos. Se los sabe todos, pero aun así se ríe cada vez. Sus alumnos le regalaron una figura de cartón a tamaño natural del doctor McCoy de Star Trek, más conocido como «Huesos», que tiene al final de la escalera, desde donde aterroriza a sus dos gatos”.

La aparición del esqueleto de una niña de hace 2.000 años, se entrelaza con dos desapariciones más recientes. Se pasa frío, así que buena lectura para verano caluroso. La historia está muy bien trenzada, avanza a un buen ritmo y es recomendable, salvo que seas una chica viviendo sola junto a un pantano, se ponga a llover, pero mucho, fallen las comunicaciones, y no tengas en el escobero un spray-manguera de pimienta o alguna cosa por el estilo… aún así, si es tu caso, espera a volver a la ciudad.

Carlos López-Tapia

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