San Sebastián 2017: Un banquete de risas de Nakache y Toledano, una jueza singular, madre por derecho y adopción y la brillante lucha frente a los elementos de Martin McDonagh y Frances McDormand

San Sebastián 2017: Un banquete de risas de Nakache y Toledano, una jueza singular, madre por derecho y adopción y la brillante lucha frente a los elementos de Martin McDonagh y Frances McDormand

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Querido Teo:

En un festival tan intenso siempre se agradece que las películas ofrezcan algo más que los dramones de autor de turno o las películas tan pretenciosas que llevan su lado filosófico a tal extremo que se transforma en yugo para cualquier espectador (incluso para los gafapastas que encuentran interpretaciones hasta en los detalles que no los tienen). Por eso se agradece que el certamen haya abierto jornada este domingo con “Le sens de la fête/C´est la vie!”, lo nuevo de los directores de “Intocable”, mientras también se ha podido ver a concurso “Ni juge, ni soumise” y “Una especie de familia”. Además, “Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri” nos ha parecido desde la sección Perlas la que es posiblemente una de las cintas más redondas de las que hemos visto este año.

Olivier Nakache y Éric Toledano serán siempre los directores de “Intocable” y ya con su anterior trabajo, “Samba”, cerraron hace tres años la sección oficial de un certamen como el donostiarra que siempre ha confiado en ellos por esa habilidad de saber encontrar y unir los resortes del humor fresco y directo con un timing cómico envidiable en el cine reciente y ofreciendo siempre grandes momentos al espectador. Si con “Samba” se quedaron por debajo de la recordada cinta protagonizada por Omar Sy y François Cluzet ahora se desquitan con una propuesta que, a buen seguro y favorecida por el boca-oreja, funcionará muy bien en nuestro país.

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En “Le sens de la fête/C´est la vie!” nos adentramos en el mundo de los banquetes de bodas a través de una empresa que organiza todo el evento dirigido por un jefe de operaciones estresado, en permanente estado de exaltación, y que está pasando un duro momento personal separándose de su mujer mientras su amante (una de las miembros de su organización) parece también querer romper con él. En ese ambiente encaran todos un día tan estresante como surrealista con el fin de organizar con todo el boato y perfección la boda de un petulante niño rico en un palacete y atender a sus exigencias. Ya con un prólogo delirante, que nos sirve para conocer cómo funciona este mundillo de las bodas mucho más paranoico y delirante de lo que parecen apuntar los cuidados álbumes de fotos, los vídeos en los que vemos a invitados con la corbata en la frente, y alguna conga salida de madre, nos adentramos en un delirio con un ritmo trepidante en el que se explota la coralidad de la historia entre camareros, el DJ, el fotógrafo y su becario, o invitados para dar de comer a parte (pero tan reconocibles) como es el caso de la madre del novio. Todo capitalizado por un Jean-Pierre Bacri que asume ese rol de jefe cascarrabias pero con buen corazón, frente a todos los problemas y enredos que surgen como una sublevación laboral o tener que sustituir con hojaldre los problemas en el menú, en el que el actor saca a relucir toda su vena cómica, mucho más bufa que la vista en sus más intelectuales trabajos para Agnès Jaoui. Desde luego que no estamos ante la comedia definitiva, ni se reinventa nada con ella, pero las risas y el buen rato que provoca (en un éxtasis continuo para el espectador) no está pagado. Los más escépticos dirán que se pasa de costumbrista (hasta a esos les hemos visto reír con ganas) pero hay que alabar tanto que los directores conozcan perfectamente los gustos del público como que la organización del Festival haya acogido en la sección oficial una comedia como ésta. Un respiro entre tanto drama, colas y brotes de inanición que vivimos. Una película que funcionará como un tiro en taquilla y que prácticamente se puede decir que es imposible que no te garantice un gran rato en el cine.

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Mucho más descolocante la cotidianeidad irreverente de “Ni juge, ni soumise” de Jean Libon e Yves Hinant, un falso documental centrado en la Juez de Primera Instrucción Anne Gruwez que se centra en las entretelas de los procesos judiciales tirando del carisma y ese punto tan chispeante como políticamente incorrecto de una jueza real que parece dominar la situación en todo momento y que no se corta a la hora de interrogar a criminales, inmigrantes, mandar a alguién a la cárcel o pedir la exhumación de un cadáver. Uno se frota los ojos con que haya una mujer así, y parece tan delirante que nos creemos más que es un ejercicio satírico ficcionado que un documental al uso por mucho que digan los directores que lo que se cuenta es todo cierto y tal como ha ocurrido. En todo caso, la jueza Anne Gruwez es todo un personaje y ella inunda la pantalla y da sentido al proyecto que garantiza risas y perplejidad pero que no deja claro muy bien cuál es su mensaje más allá de la crítica velada al racismo, la liberación femenina en un mundo de hombres con una mujer que no se achanta frente a nada y nadie (siempre dando una gran sensación de seguridad y coherencia en todo lo que dice), y a un sistema judicial por parchear. ¿Una genialidad llena de verdad o una sátira inane?

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“Una especie de familia” de Diego Lerman es un drama plomizo sobre la maternidad y la lucha de una mujer por conseguirla, aunque sea para recuperarse de una pérdida reciente y a través de una adopción. Una cinta que se adentra en la personalidad de esta mujer y en su ahínco por conseguir lo que quiere. El film es algo irregular, dejando eso sí algún momento destacado como el del control policial o el de la huída del centro de acogida, pero lo deja todo en las manos (en este caso mejores imposibles) de una Bárbara Lennie que brilla en papeles de este tipo de mujeres supervivientes inasequibles al desaliento. Curioso que el festival haya acogido también hoy otra forma de ver la maternidad como es en la película “Las hijas de Abril” de la que ya hablamos cuando la vimos en Cannes.

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“Tres anuncios en las afueras de Ebbing, Misuri” llegaba con el mejor aval posible como era el del Premio del Público en el pasado Festival de Toronto. Allí lamentablemente se nos quedó descolgada (tenemos una gran habilidad para perdernos películas ganadoras) pero ahora nos hemos desquitado con dos horas de gran cine en las que Martin McDonagh se doctora después de las refrescantes propuestas humorísticas y criminales de “Escondidos en Brujas” y “Siete psicópatas”. En esta ocasión nos lleva a la lucha de una mujer por sacar las vergüenzas del cuerpo policial de su pueblo al que acusa de no haber hecho nada para esclarecer y encontrar al culpable de la violación y asesinato de su hija. Una mujer malcarada y amargada, que vive con esa pena interior transformada en rabia e indignación, y que está dispuesto por hacer todo lo posible para llegar hasta el final al margen de las consecuencias que pueda acarrear para su negocio, familiares y amigos. Una historia en la que se ofrece una brillante descripción de personajes, llenos de tonalidades grises, y en los que ninguno es bueno ni malo, sino que son tan complejos como los que conforman los de la propia vida plasmados en esa USA profunda desengañada y que baña sus penas en alcohol, partidas al billar o rodeos.

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Un guión fresco e intrigante, con unos diálogos y unas réplicas de matrícula y llenas de humor negro, son un material idóneo para un reparto conjuntado y en estado de gracia que bien podría merecerse el próximo SAG al mejor reparto. Y es que, aunque todo lo capitanee una Frances McDormand apabullante que hace estos papeles de mujer huraña y asocial con suma facilidad, no puede estar mejor un Sam Rockwell que por fin parece llegar con opciones a una carrera al Oscar en la que siempre ha sido un nombre muy infravalorado. Ese juguete roto, auspiciado por una madre enganchada a la tele y cuyos poros destilan tequila, que se hizo policía como pudo ser otra cosa cosa, y que baña de una fachada de odio y alcohol lo que en el fondo es un hombre noble que busca justicia, bien podría merecerle una nominación y quién sabe si un Oscar en la categoría de reparto. No hay que olvidar a Woody Harrelson, Peter Dinklage, Caleb Landry Jones, John Hawkes, Abbie Cornish y un Lucas Hedges que confirma que lo de “Manchester frente al mar” no fue ni mucho menos una casualidad. A destacar como siempre en el caso de McDonagh, además del guión y el reparto, una selección musical muy adecuada entre la que está el Chiquitita de ABBA en un momento muy importante. Un final en alto, tan quijotesco como abierto e impredecible, y la música de Carter Burwell que capta toda la esencia y atmósfera de la historia, redondean una de las mejores películas de largo que va dar el cine USA esta temporada.

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Nacho Gonzalo

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