“Senderos de gloria”

“Senderos de gloria”

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Recuperar el libro que originó la más polémica película filmada sobre la I Guerra Mundial, tiene el sentido que menciona David Simon en el excelente prólogo: “Este es ciertamente un libro para un mundo en el que los hombres estrellan aviones contra edificios y se consideran mártires religiosos, en el que las decapitaciones y las explosiones de coches bomba son materia prima para la producción de vídeos de Youtube, en el que el accionamiento de un interruptor desde miles de kilómetros de distancia envía un misil a un mercado local o a la celebración de una boda en una aldea”.

Título: “Senderos de gloria”

Autor: Humphrey Cobb

Editorial: Capitán Swing

Humphrey Cobb escribió en 1933: «He visto unas cuantas películas bélicas filmadas en aquella época. Me alegré de que aparecieran varias secuencias de cuerpos muertos y destrozados. Salí del cine enfadadísimo con la guerra, furioso por haber leído algunas cosas, pese a lo saturadas que están de mezquindad, podredumbre y disputas internas, acerca de los hombres que enviaron a esos pobres diablos a aquella horrenda carnicería, pero salí del cine y me sumergí de inmediato en la muchedumbre de Broadway, esa multitud pálida y con la mirada bobalicona compuesta de proxenetas y coristas y pensé que podrían haber sido barridos todos por una ruidosa, limpia y clara ráfaga de ametralladora».

Dos años después el canadiense, guionista en Hollywood, escribiría un libro inspirado en una información publicada en The New York Times sobre un proceso que acababa de terminar en Francia. Las viudas y familias de cinco soldados franceses fusilados por motín en 1915 habían demandado al ejército por daños. El tribunal acordó que habían sido injustamente ejecutados, pero concedió a las dos viudas una indemnización de un franco a cada una. Los demás no recibieron nada.

Un indignado Cobb escribió entonces esta novela corta basada remotamente en el caso. Gracias a su contención, a su sequedad, se convertía en una denuncia cuyo grito alcanzó los oídos de un joven de 14 años, Stanley, que la recordaría hasta concretarla en una película muchos años más tarde. En medio de un furor predecible, la película de Kubrick fue prohibida en Francia y él amenazado (no muy seriamente) con ser demandado criminalmente por haber hecho un libelo sobre la jefatura del ejército francés y haber mancillado el honor de Francia. Allí no sería estrenada hasta 1976. El Departamento Americano de Defensa también la prohibió en todas las bases militares estadounidenses, y en España solo llegó a proyectarse en festivales muchos años después de su estreno. La razón era simple y cruel; dejaba al descubierto el fraude que ocultaban los ideales institucionales. El nacionalismo es un asesino; la religión, cada vez más inútil en medio del horror interminable. Y las instituciones del Estado a las que podríamos apelar (el gobierno, sus diplomáticos, sus ministros, sus comandantes militares, su clero) son cómplices de conferir carácter de normalidad, incluso de cierta inevitabilidad, al desfile diario de violencia.

Cobb encuentra la alegoría adecuada para hacer entender el peor aspecto del siglo que comenzaba, un periodo de exterminio masivo y de guerras que hacen saltar por los aires junto a cientos de miles de cuerpos a la Convención de Ginebra. El capital de riesgo, la codicia empresarial internacional y la automatización han puesto de rodillas a los sindicatos. Y mientras los más afortunados, corruptos o talentosos, quizá ganen más que nunca, la mayoría jamás ha sido tan desechable como ahora.

Los seres humanos, sostiene Cobb sirviéndose de frases secas y cortantes, valen cada día menos. Inquietante actualidad la de este libro escrito hace setenta años, que se suma a la gran cantidad de textos valiosos que está aportando el centenario.

Carlos López-Tapia

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Comentarios

David - 31.07.2014 a las 22:10

Una de mis 50 favoritas. Y un muy buen artículo. ¿Dónde está el sexto sarcófago, que lo buscó para hacerle click y no me aparece?

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