“Tod Browning”

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La película más desagradable e incómoda de la historia del cine se rodó hace ochenta años en el controlado sistema de estudios de Hollywood. Su autor se enamoró de una bailarina de circo, se fugó con los artistas y en pocos años su currículum incluía experiencia como escapista con el truco clásico del “enterrado vivo”, como contorsionista y como cómico, haciendo de negro en un dúo llamado “La lagartija y el negro”. Su biografía tuvo que reconstruirse muchos años después de su muerte, está rellena de lagunas, pero concuerda con la imagen que ha quedado unida a la de los seres que sobrevivían gracias a sus deformidades.

Título: “Tod Browning”

Autor: José Manuel Serrano Cueto

Editorial: Cátedra. Colección Signo e Imagen / Cineastas

Nota de la Redacción: El autor recoge este comentario de un director colega de Tod Browning: “Por la tarde, después del trabajo, Browning cogía el coche y desaparecía. No iba nunca a tomar nada con nadie, nadie sabía dónde vivía, ni se conocía a su familia y era muy difícil acercarse a él personalmente. Era un hombre muy extraño”.

En el año más duro de la crisis económica que hundió la bolsa norteamericana, en 1932, la pantalla se llenaba de monstruos y Universal confiaba en que el horror ficticio llevara a la gente al cine para olvidar el real. Serrano Cueto nos lleva en la primera parte del libro a los detalles biográficos de Tod Browning, para ir repasando luego cada una de sus películas. D. W. Griffith, el padre del cine norteamericano, recorría las ferias del país con su “linterna mágica” cuando conoció a Tod Browning y realizó con él un corto, “Scenting a terrible crime”, en el que Browning secundó a un apestoso plato de chucrut. El futuro cineasta nunca olvidaría sus raíces ni a las criaturas con las que convivió en sus primeros años. Tras triunfar con un monstruo ficticio, recordó a otros más reales y comenzó la operación de reclutamiento más excéntrica que jamás haya conformado un reparto.

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El responsable de la MGM, Irving Thalberg, se reprochaba haber cedido los servicios de Browning a la Universal para dirigir “Drácula”, con la que el estudio rival había tenido un taquillazo que Browning nunca repetiría. Aceptó la petición del director de que se escribiera el guión de “La parada de los monstruos” y, cuando leyó la primera escena, se encontró con una enana sin piernas, dos hermanas siamesas y una mujer con microcefalia. Thalberg se llevó las manos a la cabeza porque lo que tenía delante era mucho más que un relato de terror.

El libro analiza a Browning desde todos los ángulos, deteniéndose en “Drácula”, con una derivación extensa a su protagonista, y en “La parada de los monstruos” más que en ninguna otra cosa, ya que ambas son el culmen del éxito y el fracaso del director que fue recordado exclusivamente por “Drácula” hasta 1962.

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El tono de la obra es cinéfilo y en ocasiones académico, pero no llega a resultar un lastre para una lectura ágil. Se puede recomendar a cualquier aficionado que haya profundizado en la historia del cine y a todo fan del cine de terror, para que conozca una de las raíces importantes del cine actual.

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