“Un bello misterio”

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Es anormal que las historias de la primera dama de la novela negra canadiense no hayan visitado nuestras pantallas. Pero es que Louise Penny ha tardado en aceptar la transformación. Aunque ya lo ha hecho con dos de sus novelas, estrenadas en la televisión pública de Canadá, no me consta que hayan llegado hasta nosotros. Su primera novela, “Naturaleza muerta”, se rodó utilizando diferentes lugares de la zona para constuir el pueblo donde nace su personaje. Es frecuente ver tres altos pinos en distintos pueblos de la zona, la forma secreta de identificar a los leales al británico rey Jorge.

Título: “Un bello misterio”

Autor: Louise Penny

Editorial: Salamandra

Three Pines no consta en ningún mapa turístico de Canadá. Está demasiado alejado de cualquier carretera principal, o incluso secundaria. Al igual que Narnia, uno normalmente se lo encuentra de improviso y causa cierta sorpresa un pueblo tan antiguo escondido en un valle desde el inicio de los tiempos. Cualquiera que tenga la suerte suficiente como para encontrarlo una vez, vuelve a dar con el camino para volver. Hay que pasar un pequeño letrero abollado que anuncia que quedan unos dos kilómetros por una carretera secundaria hasta llegar a Three Pines. Tras un par de minutos de traqueteo por la tabla de lavar en que se ha convertido la carretera de tierra, se encuentra uno con un viejo molino de piedra situado junto a un estanque. Alrededor los arces, abedules y cerezos dan la bienvenida.

Three Pines no tiene policías, ni semáforos, ni aceras, ni alcalde. El departamento de bomberos voluntarios lo lleva una poeta vieja y demente, Ruth Zardo, y antes de llamarla a ella muchos escogerían perecer en las llamas, por mucho que sea considerada la mejor poetisa del país. En su único y pequeño parque hay un grupo de árboles, tres pinos. No son los originales, por supuesto. Sólo tienen 60 años. Pero aquí ha habido pinos desde que se fundó el pueblo, hace más de 200 años. Y siempre ha sido un grupo de tres. Three Pines.
Es un código. Sólo hay un par de kilómetros a la frontera con los Estados Unidos. Cuando los ciudadanos leales a la corona británica durante la Guerra de Independencia emprendían la huida, no tenían forma de saber cuándo estaban a salvo; de modo que se creó un código. Tres pinos agrupados significaba que esos ciudadanos serían bienvenidos.

En Three Pines descubrimos al personaje creado por Louise Penny, la autora de novela negra más conocida y premiada de Canadá. Louise Penny y Margaret Atwood son las dos grandes damas de la literatura canadiense. El inspector Armand Gamache es el Jefe de Homicidios de la Sûreté du Québec. Grandote, de cincuenta y tantos años, aspecto de ser padre. Tiene cierto aire de distinción. Siempre lleva traje, o americana y corbata con pantalones de franela gris. Bigote bien recortado y canoso. Su pelo oscuro encanece ya en torno a las orejas, donde se riza ligeramente hacia arriba. En días lluviosos, la mayoría, lleva una gorra que se quita al entrar bajo techo y, al hacerlo, muestra una calvicie incipiente. Es imposible no fijarse en sus ojos. Todo el mundo se fija en sus ojos, de un marrón muy oscuro, en su mirada pensativa, inteligente… y algo más. Algo que distingue al famoso Jefe de Homicidios de la Sûreté du Québec de cualquier otro oficial de alto rango. Su mirada es amable. Es su fuerza y al mismo tiempo su debilidad. Es mucho más fácil ser cruel que amable. Hace falta más coraje para ser amable, y también le hace más interesante.

Three Pines es un pueblo ficticio, en la región de los Cantones del Este, donde vive la propia Louis Penny, y donde se ha inventado su propio territorio literario. La versión televisiva son historias que no respetan las reglas del género, sin necesidad de describir cuerpos de manera forense, ni autopsias. No son sobre procedimientos, sino sobre la naturaleza humana en un momento extremo.

Los crímenes que resuelve su inspector no son lo más interesante de sus novelas, siendo siempre atractivos, inquietantes y muy bien tramados. Lo mejor es la manera de contarnos la cultura, las costumbres y la manera de funcionar de una sociedad tan variada, y hasta cierto punto reducida a tópicos por sus poderosos vecinos, como la canadiense.

En el último caso, que acaba de publicarse, nos trasladamos al extremo opuesto del país. A un monasterio inaccesible para turistas o viajeros, donde viven en silencio y clausura dos docenas de monjes. Su arte es el canto gregoriano, y ambas cosas, la clausura y el canto, tejen la intriga. Nieva estos días en España, las temperaturas rozan el cero por arriba y por abajo. En el mundo de Three Pines, no es nada.

Carlos López-Tapia

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