Tim Burton. Diario de un soñador

Tim Burton. Diario de un soñador

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Cap. I. Tim Burton, muerte y luz de estrellas

Cap. II. Danny Elfman. Canción de cuna para un cadáver

Cap. III. La gran aventura de Pee-wee: Las bicicletas son para el verano

Cap. IV. Bitelchús: Bioexorcistas y psicosis varias

Cap. V. Batman: El regreso del caballero nocturno

Cap. VI. Eduardo Manostijeras: La modernización del cuento clásico

Cap. VII. Batman vuelve: Murciélagos, gatos y pingüinos

Cap. VIII. Ed Wood: La obra maestra de Tim Burton

Cap. IX. Mars Attacks!: No huyan… venimos en son de paz

Cap. X. Sleepy Hollow: Profesores, leyendas y hombres que pierden la cabeza

Cap. XI. Picasso visita El planeta de los simios

Cap. XII. Big Fish: Burton y el realismo mágico

Cap. XIII. Charlie y la fábrica de chocolate: Johnny y Tim atacan de nuevo

Cap. XIV. De Pesadilla antes de Navidad a La novia cadáver: El arte de Tim Burton

La editorial nos ofrece el capítulo dedicado a “La novia cadaver” para que nos hagamos una idea del tipo de libro que tenemos entre manos. Aquí lo tienes…

Cap14Noviacadaver.htm

Y las intenciones de los autores están reflejadas en la manera de ver a Tim Burton que tiene la persona a la que han encargado el prólogo para la obra y el prólogo dice:

¿Quién no ha sentido aunque sea una vez que ante los ojos de la chica que le gusta el tiempo se detiene y hasta las palomitas de maíz pueden quedar suspendidas en el aire?

¿Quién no ha sentido al menos una vez que nuestros dedos de “tijeras” pueden lastimar al otro con solo un roce y que el corazón se nos estruja en esa dualidad maldita de deseo y temor ante esos dos bellos ojos que nos miran expectantes?

¿Quién no ha sentido al menos una vez que aquel que amamos está cometiendo un error fatal y no tenemos manera de que lo vea y por más que nos esforcemos no podemos impedir que sufra y haga sufrir tratando de “robarse” aunque sea la Navidad?

Tim Burton sin duda lo ha sentido, lo ha entendido y ha podido transmitirlo como nadie. El hombre de la fantasía permanente, el que nos obliga a ceder ante la maravillosa idea de que esto no es solo posible sino que es necesario. Que nos hace desear “tragarnos el anillo” de sus cuentos y nadar por la irrealidad, no como escape sino como medio natural de ser diferentes.

Cuando vemos uno de sus filmes, siempre podemos descubrirlo tras todo ese mundo que se desarrolla en la pantalla. Por suerte o por desgracia, son muy pocos los cineastas que logran entrar en esta categoría. Aquel lugar de privilegio en donde pueden compartir sus fotogramas los Allen, Spielberg, Coppolla, Fellini, Kurosawa, Buñuel, abrazados en la absoluta diversidad de los unos con los otros pero unidos a perpetuidad en la memoria colectiva cultural mundial.

Burton ha conseguido trascender mas allá de que el proyecto sea propio o por encargo: con Jack creó un clásico no solo de la animación, sino del cine mundial; con Batman reinventó un personaje y lo dotó de un goticismo y una oscuridad brillantes. Recordemos que, en el momento de salir a la luz Batman, la última imagen fílmica que la mayoría de nosotros teníamos del encapotado era la adorable e ingenua serie de televisión, muy a la “american TV way”.

Perteneciente a una industria en la que los contenidos y las formas no siempre son lo que importa mientras se ajusten a lo políticamente correcto y ganen el dinero que, por sobre todo, es lo más políticamente correcto que existe en Hollywood, Tim Burton, apoyando sus pies en el mítico cine clase “B” de autocines y continuados barriales, ha podido desarrollarse creando un lenguaje propio y buceando en sus obsesiones naturales y profundamente humanas. ¿Hay algo más importante para un narrador de historias que esto?

Quizás podamos decir que desde sus comienzos Burton ha desarrollado siempre su misma obsesión: un personaje imposibilitado por algún motivo para expresar sus sentimientos y ser retribuido por ello. O como bien dicen David G. Panadero y Miguel Ángel Parra en este libro: “Y no exageraremos si afirmamos que en Burton encontramos un discurso coherente, diríase incorruptible, pese a su notoria evolución como hombre de cine. Aunque en la forma sean tan distintas Bitelchús y Big Fish, en el fondo siguen siendo la expresión íntima de un defensor a ultranza de lo imaginario por encima de lo real, una reivindicación de la fantasía por encima de lo cotidiano, que se antoja escaso en interés”.

Analicemos esta idea tomando como ejemplos los siguientes: Eduardo Manostijeras vive enamorado con locura de la chica pero no puede ni siquiera tocarla; Batman puede ofrecer su vida por otros, pero no puede simplemente amar y ser amado por una periodista o por una archivillana con gatunos movimientos; la pobre muñeca de trapo lucha con todo su corazón para lograr que Jack advierta que está cometiendo un error y que tiene la felicidad frente a sus narices pero él no lo ve; una mujer mono se enamora de un hombre, una raza inferior, un animal, pero no puede reprimir lo que siente aunque sea intelectualmente imposible; y así podríamos seguir.

Este hombre ha logrado traspasar el simple encuadre de director de cine para alcanzar ese lugar al que muy pocos pueden aspirar que es el de narrador de historias, lugar al que llegan solo aquellos que pueden ubicarse más allá de lo que filman, aquellos para los que las fronteras culturales o económicas no existen.

Cómo no reverenciar y saludar con euforia a un director que nos propone y sostiene contra viento y marea, que prefiere un mundo de fantasía, de irrealidad, que nos seduce y nos invita a ser nosotros nuestros propios “Big Fish”. Pero no como evasión vacía, sino para tener en cuenta que otra manera de sentir y vivir es posible.

Los invito pues a zambullirse en este “lago” maravilloso que es la obra y el pensamiento de este narrador de historias. Dejemos que David G. Panadero y Miguel Ángel Parra nos tomen de la mano entonces, traguemos el “anillo”, y como grandes peces imaginarios nademos por estas páginas y les aseguro, por experiencia personal, que al final devolveremos ese anillo mágico y será el mismísimo Tim Burton quien nos sostendrá en sus brazos y nos devolverá al lago otra vez. Pero el agua ya no será la misma porque como pasa cada vez que nos dejamos tocar por las películas, dejamos de ser los mismos y vivimos miles de vidas y recorremos miles de mundos.

Diego Yaker

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Comentarios

luz trinidad valencia - 05.09.2014 a las 03:32

pues esta realmente sensasional porke abla de distintas peliculas yo lo e leido porke llo lo tengo en la biblioteca escolar

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