“Hollywood y la mafia”

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Título: “Hollywood y la mafia”

Autor: Tim Adler

Editorial: EDICIONES ROBINBOOK

Nota de la Redacción:

En 1986 Hollywood se vio ante un jurado de investigación federal, lo que en Usamerica se conoce como un “Gran Jurado”. El sistema es peculiar porque permite al fiscal formar un jurado que puede llamar a declarar e investigar cualquier cuestión, pero no deciden sobre inocencia o culpabilidad, sino que resuelven sobre si hay datos para acusar y elevar el caso a un juicio penal convencional.
El fiscal creía tener pruebas suficientes para iniciar una investigación sobre la infiltración de dinero del crimen organizado en la producción de películas de Hollywood. El tema no era nuevo porque ya en los años cincuenta se había investigado a la mafia y encontrado relaciones entre el dinero sucio y la producción de películas.
Este libro recorre la historia de una relación larga, comenzando con un clásico como alfonso Capone, y llegando hasta nuestros días…
“El tres de marzo de 1999, el FBI grabó en secreto una conversación entre” Anthony Rotondo, un sicario de la familia criminal de Nueva Jersey
DeCavalcante, y su colega mafioso Joseph “Tin Ear” Sclafani. Este último -apodado “Tin Ear” “Oídos Sordos” debido a que usaba un audífono- alardeaba de conocer a Johnny Depp y a otras estrellas y productores. Los dos hombres iban en automóvil y estaban hablando de un programa de televisión que habían visto la noche anterior, admirándolo por su exactitud. “Hey, ¿quién coño son esos Soprano?”, preguntó Sclafani. “¿Quién cojones son? ¿Se supone que somos nosotros?”, añadió Rotondo.

Hay una bibliografía muy variada sobre el tema, pero poca traducida al español. El libro es ameno, riguroso y bien documentado. Un placer entretenido para los aficionados al cine y la mafia.
IndiceHM.htm

En la Introducción el autor dice:

Introducción

-Harry, ese tío es un criminal.
-¿Y qué? Debería encajar en esta ciudad sin problemas.
El productor de Hollywood Harry Zimm refiriéndose al usurero mafioso Chili
Palmer en la novela de Elmore Leonard ¡Paga lo que debes!

…uno de los productores ejecutivos de la serie de televisión Los Soprano, dice que, a lo largo de la historia del mundo del espectáculo, a los productores les ha gustado que los asocien con gánsters. Hollywood se ha acabado creyendo su propia fábrica de mitos, viendo a los gánsters como personajes llenos de glamour en vez de simplemente como unos matones y extorsionistas. El gánster de Brooklyn Henry Hill, el personaje interpretado por Ray Liotta en el film Uno de los nuestros (1990), dijo: “Toda la gente del cine quiere codearse con los matones. Los matones son como una especie de joya preciada con los que lucirte en una fiesta”. La columnista de cotilleos de Hollywood Hedda Hopper señaló que lo contrario también es cierto: que los criminales disfrutan relacionándose con la gente famosa.
Después de todo, Hollywood ha enseñado a los gánsters cómo vestirse y cómo comportarse. En persona, los gánsters eran en su mayoría incultos, toscos y estultos. Johnny Rosselli, que fue durante muchos años el hombre de la Organización en la Costa Oeste y, asimismo, productor cinematográfico, ni siquiera sabía leer. Pero gánsters del cine como Humphrey Bogart o George Raft -que en la vida real estaba bajo la protección de la mafia y cuyo mejor amigo era Benjamin “Bugsy” Siegel (el gánster que controlaba el sindicato de extras de Hollywood)- eran personas lacónicas y con estilo. Raft enseñó a hablar a los mafiosos. Tal y como señaló Raymond Chandler en su novela El sueño eterno (The Big Sleep), “su voz era la voz minuciosamente informal del tipo duro de las películas… las películas los han hecho a todos así”. El gánster británico Reggie Kray tomó como modelo a Raft,
pidiéndole a su sastre que copiara los trajes azules cruzados del actor. A su vez, Raft basó su imagen en la pantalla en Joey Adonis, un gánster de Nueva York vinculado a Charles “Lucky” Luciano. Después de “El padrino”, los mafiosos empezaron a llamarse padrino unos a otros -un término inventado por el autor Mario Puzo- y se recuperaron costumbres arcaicas, tales
como besar el anillo del “don”. Un “don” siciliano incluso llegó a poner el tema principal de la música de la película en la boda de su hija.
Naturalmente, existen razones económicas por las que la mafia se ha sentido atraída por Hollywood. Las películas son instrumentos perfectos para blanquear dinero -a diferencia de los negocios de fabricación, que requieren tiempo para equipar las fábricas antes de que empiecen a blanquear dinero-. La producción cinematográfica requiere grandes cantidades de dinero rápidamente. Hoy en día, producir y promocionar una película de Hollywood cuesta de promedio unos 96 millones de dólares. La mayoría de los ingresos llegan a los dos años del estreno de la película, una vez ha estado en los cines y en vídeo. Tal y como dijo una vez una fuente de Hollywood a The New York Times, ha habido un flujo constante de dinero de la mafia circulando en las películas. Hank Messick, un veterano periodista especializado en crímenes, llegó a la conclusión de que el crimen organizado ha
corrompido a fondo buena parte del mundo del espectáculo. Argumentó que el mundo del espectáculo no es el único que ha sido corrompido, pero ha supuesto una conquista clave para los que él denomina como “los chicos del dinero fácil”.
Por otro lado, Hollywood ha utilizado los mismos métodos que la mafia para intimidar a los actores y quedarse con el dinero de los accionistas. En 1958, Harry Cohn, de la Columbia, que compró el estudio con dinero de la mafia, amenazó a Sammy Davis Jr. con dejarle ciego y partirle las dos piernas si no dejaba de verse con Kim Novak. Hasta la Segunda Guerra Mundial, tanto los jefes de la Metro-Goldwyn-Mayer como de la 20th Century Fox estuvieron robando millones de dólares provenientes de la recaudación de taquilla de manera muy parecida a cómo la mafia “birlaba” dinero de los casinos de Las Vegas en la década de 1960. “Nadie puede birlar dinero tan bien como en Las Vegas, porque ellos la inventaron” -dijo el director Richard Brooks-, “pero Hollywood está en segundo lugar”.
A finales de la década de 1970 se sabía que los estudios debían a los actores cientos de miles de dólares y que les pagaban de mala gana la mitad de lo que les debían -y luego le decían al actor que los demandara por el resto-. El estudio sabía que el actor nunca los demandaría por miedo a no volver a trabajar nunca más. “Moralmente, eso es exactamente lo mismo que ponerle una pistola a un hombre en su barriga y robarle cien mil dólares”, escribió Steve Allen, presentador de un programa de televisión de
entrevistas y defensor de la anticorrupción.
Las novelas de Chandler, en las que el detective privado Philip Marlowe se enfrenta a gánsters, policías corruptos y a los mismos ricachones parásitos que lo contratan, podrían considerarse como una especie de metáfora de la propia relación del novelista con Hollywood. Chandler, en una carta escrita a un amigo en mayo de 1949, constató las similitudes entre los ejecutivos de Hollywood y los mafiosos: Una vez, mientras estaba mirando a través de la ventana de la oficina de Joe Sistrom en los estudios Universal, pude ver a los peces gordos que salían paseando en un grupo distendido después de comer en el comedor de los ejecutivos.
Tenían exactamente el mismo aspecto que una pandilla de gánsters de Chicago de primera clase a punto de condenar a muerte a un competidor derrotado. Me hizo imaginarme el extraño parentesco psicológico y espiritual entre las operaciones de los negocios de grandes sumas de dinero y los chanchullos fraudulentos. Las mismas caras, las mismas expresiones, los mismos modales. La misma manera de vestir y los mismos movimientos exagerados.
Magnates, gánsters y estrellas a menudo surgieron de los mismos lugares. Al igual que los gánsters, los magnates de Hollywood eran o bien inmigrantes o hijos de inmigrantes; los hermanos Cohn eran hijos de un sastre alemán, mientras que los cuatro hermanos Warner eran hijos de un zapatero polaco.
Louis B. Mayer y Meyer Lansky, financiero del Sindicato, provenían ambos de Rusia, mientras que el gánster de Los Ángeles Mickey Cohen nació en Nueva York hijo de padres judíos rusos. El abuelo de Frank Sinatra vivió en el mismo pueblo siciliano que Lucky Luciano. Danny Kaye creció en el mismo barrio de Brooklyn que Bugsy Siegel. Igual que los sicilianos de clase obrera formaron la mafia para poder tener un sentimiento de fraternidad y protegerse de los terratenientes matones, los judíos que crearon Hollywood lo hicieron en parte para amortiguar la presión de la elite protestante. Hollywood se acabaría convirtiendo, tal y
como señaló el escritor Neal Gabler, en un reino en sí mismo. Y, al igual que los inmigrantes sicilianos, la primera generación de jefes de los estudios decidió encargarse de sí misma en vez de dejar que entraran intrusos. Tal y como señala Celia Brady, narradora de la novela de Scott Fitzgerald El último magnate (The Last Tycoon): “No nos gustan mucho los intrusos en
Hollywood”.

Aquí tienes unas páginas del primer capítulo…
CaponevisitaHollywood.htm

Y aquí un reportaje en mp3…
LibroMafiayHollywood.mp3

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Comentarios

sandro chaparro - 07.12.2008 a las 18:26

donde se lo puede comprar a este libro en Argentina ?

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