“1917”

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El argumento: En lo más crudo de la Primera Guerra Mundial, dos jóvenes soldados británicos, Schofield y Blake reciben una misión aparentemente imposible. En una carrera contrarreloj, deberán atravesar el territorio enemigo para entregar un mensaje que evitará un mortífero ataque contra cientos de soldados, entre ellos el propio hermano de Blake.

Conviene ver: “1917” es una cinta de director y en ella Sam Mendes demuestra su magisterio desde el primer minuto con una planificación exquisita orquestada en un falso pero efectivo permanente plano secuencia (un fundido a negro sirve para saltar el tiempo de la acción) que es testigo del viaje, letanía, lamento, épica y solidaridad de dos jóvenes que son enviados por sus mandos mayores para entregar una carta que puede evitar numerosas pérdidas humanas fruto de un ataque orquestado por las tropas británicas que no es más que una encerrona por parte de los alemanes. Schofield y Blake son los jóvenes que el azar lleva a una misión azarosa que, además, tiene el gancho emocional de que uno de los hermanos de ellos está en las trincheras dispuesto a formar parte de ese ataque masivo. Con suma sutileza la cinta no necesita de flashbacks ni regodearse en efectismos sino que su fuerza es transmitir la suciedad de la sangre, el barro, el sudor, las púas, las ratas y la metralla en la carne de dos tipos que sólo ansían volver algún día a casa y reencontrarse con los suyos pero a los que no les importa ni las medallas, ni el reconocimiento, sino salir enteros y con la dignidad intacta de uno de los episodios históricos más sonrojantes, cruentos y claves del siglo XX sufriendo el ser portadores de la misión de llevar a cabo un hito histórico a su pesar y dejados a su suerte. Se habla mucho de cine inmersivo con esta película pero el gran acierto de Sam Mendes es mantener la tensión, la sensación de claustrofobia y de que seamos testigos de lo que ocurre en ese viaje como si corriéramos con ellos en una carrera contrarreloj con la respiración entrecortada. Algo que logra con aparente facilidad en una cinta que, en lo referente al género, bebe del antibelicismo de “Sin novedad en el frente”, la denuncia de “Senderos de gloria”, la hermandad épica de “Salvar al soldado Ryan”, el lirismo reflexivo de “La delgada línea roja” y la potencia de “Dunkerque” ya que la cinta no es más que la lucha de dos hombres corrientes ante la experiencia humana de la guerra que saben que están ante la misión que marcará sus destinos y el del resto de compañeros, no pudiendo descansar hasta que la hayan cumplido, casi no permitiéndose el poder parar a tomar aire en cada uno de sus segmentos como la explosión provocada por una rata, la caída de un avión en una granja, el convoy de soldados que va hacia ninguna parte, la del el encuentro con una mujer francesa y un bebé que no es suyo, la escena nocturna y fantasmal en un poblado derruido, o el último momento de paz antes de la batalla a través de una canción de camaradería y nostalgia (Poor wayfaring stranger) en la profundidad del bosque.

Una experiencia apabullante rodada con clasicismo y defendiendo la azarosa artesanía del medio frente a los efectos digitales en la que la breve presencia de actores conocidos como Colin Firth, Andrew Scott, Mark Strong, Benedict Cumberbatch o Richard Madden no aleja a la película de su foco, la de la fuerza de esas almas sobre un terreno en el que ya todo parece perdido y que el director aborda tras la cámara con audacia, valentía y en permanente movimiento. La música de Thomas Newman y, sobre todo, el montaje de Lee Smith y la fotografía llena de contraluces de Roger Deakins contribuyen sobremanera a la majestuosidad de lo que se ve en pantalla. Una cinta en la que especialmente George MacKay emociona aunando toda la fuerza, empeño y drama de la historia en su mirada, tan lastimera y cansada, como decidida y llena de fuerza convirtiendo una misión fortuita, a la que llega por el mero destino, en su propia misión, en un antídoto frente al escepticismo personal, aflorando su instinto de supervivencia en un camino hacia su salvación. Sam Mendes arriesga, borda y gana en una propuesta basada en las historias que contaba su abuelo, mensajero en el ejército británico durante la contienda, y que no se puede abordar sin pericia, maestría y cierto espíritu kamikaze siendo la cámara la que de dimensión a la historia y cincele la épica, nada patriotera pero sí muy emocional, sacando incluso suma belleza ante el horror de unos hombres que ante la muerte tan presente a su alrededor se mueven sólo por sus convicciones y espíritu sacando fuerzas de flaqueza en permanente convivencia con su dolor. Una deriva, desesperada a ratos, alucinógena por momentos, e intensa siempre, en la que no hay vísceras o complejas escenas de batalla, sólo el horror en tiempo real del propio hombre frente a sus demonios y a las oscuridades de su condición marcadas por la megalomanía, el odio y la sed de gloria militar. Todo en una I Guerra Mundial conocida por ser una permanente batalla sin triunfo, una pérdida de la inocencia sin la gloria fruto de ser raída por la falta de medios, en la que los tanques sustituyeron a los caballos, convicciones y en las que el hambre y la sinrazón provoca que las líneas entre los pretendidos bandos de héroes y villanos de desvanezcan no habiendo ni rangos ni nacionalidades. Sam Mendes ha batallado con riesgo y sale airoso de una pieza fílmica brillante, en la que convive la proeza técnica con el intimismo más desarmante, en la que, a pesar de lo calculado de la misma, no impide que brote la emoción y la satisfacción de ese último aliento de verdadera gloria en un escenario en el que es lo único que queda frente al desamparo de los acontecimientos, la del deber cumplido, la de la palmada en la espalda y la satisfacción personal cuando deriva a un éxito colectivo. La gloria que no se condecora con una medalla en la solapa sino sólo formando parte de la dignidad de uno mismo y jalonada desde lo más profundo del corazón.

Conviene saber: La octava película de Sam Mendes ya ha conseguido 2 Globos de Oro a la mejor película de drama y al mejor director.

La crítica le da un DIEZ

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Comentarios

Marcos - 30.01.2020 a las 08:12

Película brillante técnicamente, no hay duda.
Pero en mi opinión, si bien es cierto la atmósfera immersiva que crea esta muy lograda, se queda coja en lo que cuenta.
Ni aporta nada nuevo a la historia fraternal de “Salvad al soldado Ryan” (para mí bastante mejor que está), ni me convencen los toques estilo “The Revenant” de supervivencia. Mucho menos la historia fácilona y a todas luces irrealista con la chica francesa y el bebé.
En mi opinión, un 7 (más allá de la técnica)

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