“Identidad borrada”

“Identidad borrada”

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La web oficial.

El argumento: El hijo de un predicador baptista de una pequeña ciudad norteamericana, se ve obligado a participar en un programa para “curar” su homosexualidad, apoyado por la Iglesia. Cuando a los 19 años Jared Eamons cuenta a sus padres Nancy y Marshall Eamons que es gay, el joven comienza a ser presionado para que asista a un programa de terapia de conversión gay, o de lo contrario será rechazado por su familia, sus amigos y la iglesia. Dentro del programa Jared entrará en conflicto con el terapeuta jefe Victor Sykes.

Conviene ver: Joel Edgerton sorprendió como director con el thriller de suspense “El regalo” y ahora alcanza la confirmación con la adaptación de las memorias de Garrard Conley publicadas en 2016 sobre el hijo de un pastor de un pequeño pueblo en Arkansas que, tras confesar a sus padres su homosexualidad a los 19 años, fue enviado por éstos a un programa en el que, siguiendo 12 pasos y cumpliendo a pies juntillas los mandatos de la Biblia, se pretende erradicar esa tendencia sexual. Todo con el fin de seguir la que para sus padres es la buena senda y también para una comunidad que no haría más que marginarlo y denigrarlo. La historia real de la lucha de un hombre joven por encontrarse a sí mismo mientras es forzado a cuestionar cada faceta de su identidad rodeado de un entorno en el que no hay ni buenos ni malos, sino sólo gente que cree que hace lo correcto según sus ideas, la de un catolicismo que desde la moral pública condiciona la esfera privada de cada uno. “Identidad borrada” se revela como un gran y emotivo drama sobre el despertar sexual y aceptación de un joven gay enviado a terapia de reconversión, algo que el cine ha tratado poco hasta ahora ya que ha derivado de personajes armarizados y caricaturescos primero a los densamente complejos después pero ya con su condición revelada y sin intención de erradicarlo, más allá de moverse (o no) clandestinamente en sus relaciones. En esta ocasión estamos ante un ejercicio lleno de sobriedad elegante y arriesgada que la acerca más al cine europeo que al que nos suele venir de USA con escenas duras y sin cortapisas que narran la realidad de ese joven en un centro en el que se coarta de manera irracional e infructuosa una característica de la personalidad que no es sujeta a reseteo por mucho que así lo creyeran estas mentes preclaras. Y es que, además de los altibajos de la relación con unos padres, más auténticos que los idealizados por “Call me by your name” a la hora de abordar con su hijo el tema, y que se han criado con sus creencias, culturas y las enseñanzas de generaciones y generaciones que hablaban de homosexualidad como una traición a su especie, y que se resisten a aceptarlo a pesar de las evidencias y manifestaciones de su hijo, la película se adentra en el microcosmos de ese centro de terapia con sus personajes ambiguos y represivos, dogmáticos y tan poco científicos como humanos a abordar el tema, mostrando en una de las escenas el intento de una violación entre compañeros en un primer plano en un momento crudo y desolador como arrebato de rabia instintivo sobre lo que se quiere esconder, o incluso el intento desesperado del centro por tapar sus vergüenzas incluso cuando la situación ya ha llegado a tal extremo que el joven suplica salir de allí a toda costa siempre en pro de su interiorizada moral. Un lugar que no es más que caldo de cultivo para futuras depresiones, sentimientos de culpa, frustraciones e inclusos suicidios.

Una puesta en escena convencional pero que arriesga en su aséptico y sobrio tono en el que sobresalen sus tres actores. Lucas Hedges por la fuerza, naturalidad y verdad con la que aborda cada personaje, lo que le convierte en un actor inteligente, instintivo y nada viciado de tics o manierismos siendo un diamante en bruto para cualquier director haciendo fácil cualquier reto de los que se le están poniendo en una incipiente, pero ya brillante, carrera, y Nicole Kidman y Russell Crowe dando vida a unos padres que se mueven entre el amor a su hijo (que en verdad sólo acepta ir a la terapia porque su condición la vive con un sentimiento de vergüenza y de no haber cumplido las expectativas que sus padres tienen en él) y la incomprensión hacia algo que ven como antinatural y una tara social para el desarrollo de su hijo dentro del modelo de comportamiento heteronormativo de su comunidad. Nicole Kidman sigue en un momento brillante de su carrera (hace nada volvía a sorprender con “Destroyer”) y Russell Crowe recuerda al gran actor de presencia y magnetismo de sus inicios como un padre orondo marcado por la rectitud, lo que quiere proyectar de él en su hijo para que éste cumpla sus sueños proyectados como padre, y lo que proclama semana a semana en sus sermones en la iglesia. Un film que supone una “rara avis” dentro del cine USA que emociona sin efectismos bordeando por unos terrenos sólidos, equilibrados y que desprenden una gran sensación de verdad garantizando reflexión y debate sobre los intentos y miedos de una sociedad a la hora de modificar lo que es fruto de la inevitable naturaleza de cada uno frente a las presiones del entorno.

Conviene saber: 2 nominaciones a los Globos de Oro 2019 (mejor actor en película de drama y mejor canción). La película pudo verse en el Festival de Toronto 2018 .

La crítica le da un OCHO

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