“Una cuestión de tiempo”

“Una cuestión de tiempo”

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El argumento: Tim Lake es un joven de 21 años que descubre que puede viajar en el tiempo. Su padre le cuenta que todos los hombres de la familia han tenido desde siempre ese don, el de regresar en el tiempo a un momento determinado, una y otra vez, hasta conseguir hacer “lo correcto”. Así pues, Tim decide volver al pasado a intentar conquistar a Mary, la chica de sus sueños.

Conviene ver: “Una cuestión de tiempo” es uno de los pocos ejemplos del cine reciente de gran comedia romántica, un género en crisis y que (tras brillar en los 90) lleva casi una década de capa caída. Richard Curtis es uno de sus grandes valedores y lo demuestra una vez más no apostando por una cinta al uso dentro de las claves del género, sino que la reinventa extendiéndose más allá combinándolo con toques de fábula, ciencia ficción (al estilo “Atrapado en el tiempo” u “¡Olvídate de mí!”) y, sobre todo, una interesante reflexión sobre la capacidad de amar y el dominio que tenemos sobre nosotros a la hora de coger las riendas de nuestra propia vida. Una película que emociona (entre la risa y la lágrima) por su capacidad de no quedarse en el envoltorio romántico sino de conectar con el sentimiento del espectador, profundizando en sus emociones gracias a personajes auténticos, cercanos y muy empáticos. Como en gran parte de su cine, Curtis vuelve a ofrecer una película que ganará con el tiempo y en posteriores visionados al encerrar más capas de las que parece, aprovechando su gran habilidad para conectar con el público, entretenerlo, emocionarlo, y que se caiga rendido al paseo sentimental que encierra, con momentos optimistas y otros más lacrimógenos, pero alcanzando la simbiosis propia de alguien que sabe conectar con los sentimientos más profundos. Richard Curtis no encabezará listados de mejores directores o guionistas de todos los tiempos, pero está al alcance de pocos que el espectador, cuando conecta con su cine, lo haga de una manera tan intensa cayendo rendidos a lo que propone. Una película de esas calificadas como “bonita” pero que es todo un recorrido emocional por nosotros mismos, por la capacidad de enamorarnos, sentir y tomar las decisiones que marcarán nuestra vida de manera inevitable en sus diferentes etapas, así como la capacidad para aprovechar las segundas oportunidades que se nos brindan. Todo a través de la premisa de poder viajar en el tiempo, pero no a través de la Historia, sino por la vida pasada del protagonista con el fin de aprovechar las oportunidades que se han dejado pasar. Su película más madura y existencialista ofreciendo una mirada menos luminosa y más real y reflexiva sobre el amor en comparación con otros trabajos. Quizás el mensaje sobre las cosas más importantes de la vida sea algo convencional, pero la verdad es que uno se lo traga con gusto gracias al equilibrado guión y el gran nivel actoral encajando cada uno de ellos como un guante en sus papeles. Cine nostálgico, divertido y agradecido de ver (que gran acierto de guión y de casting la relación de un fantástico y entrañable Domhnall Gleeson y Bill Nighy como padre e hijo que se aman y admiran a pesar de la torpeza a la hora de interactuar entre ellos) con algo tan crítico para los escépticos como los buenos valores, con una gran carga de melancolía a su alrededor que hay que tener en cuenta, y rodeado con unos escenarios de ensueño tanto en Londres como en Cornwall. Una de esas películas en las que todo parece funcionar con un guión fresco, unos actores naturales y estupendos (Rachel McAdams más encantadora que nunca) y en la que se respira magia y vida con ese toque british que nos vuelve locos. Una pequeña joyita que enamorará especialmente a los habituales de Curtis y a los menos escépticos llevando la bandera de disfrutar de la vida y del día a día aprovechando hasta el último suspiro siempre con el corazón y los sentimientos sobre la mesa.

Conviene saber: Tercer trabajo como director de Richard Curtis tras “Love actually” (2003) y “Radio encubierta” (2009), siendo destacado por su labor como guionista en “Cuatro bodas y un funeral” (1994) y “Notting Hill” (1999).

La crítica le da un SIETE

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