In Memoriam: Chuck Norris, la cresta de la ola de las Artes Marciales

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Querido Teo:

Marcado por el escepticismo de un cine de acción testosterónico y por ser una figura controvertida tanto en declaraciones como a la hora de apoyar a diversos mandatarios más que cuestionables, ha muerto Chuck Norris a los 86 años. Un emblema y un icono de su tiempo y de un tipo de cine que, hace apenas una semana, celebraba su cumpleaños diciendo que él no envejecía sino que subía de nivel. Al final la cita con el destino es inexcusable y el mismo no ha podido doblar la rodilla frente a un Chuck Norris que depuró y dio popularidad a esta disciplina en la pantalla siendo cada movimiento o mamporro parte de una coreografía que para alguien como Norris era como el respirar.

Nació el 10 de marzo de 1940 en Ryan, en el estado de Oklahoma, y fue hijo de Ray Norris y de Wilma Scarberry. Declaró que tenía raíces irlandesas y cheroquis y era el mayor de tres hermanos. Cuando tenía dieciséis años, sus padres se divorciaron; trasladándose más tarde con su madre y sus hermanos a Prairie Village en el estado de Kansas, y luego a Torrance, en el estado de California.

Se alistó en las Fuerzas Aéreas estadounidenses en 1958 siendo desplazado a Corea, donde conoció el "tang soo do" (disciplina que combina técnicas de karate japonés, kung fu chino y taekwondo moderno). Cuando regresó a su país natal, el actor abrió varias escuelas de karate y empezó a competir, destacando rápidamente hasta proclamarse campeón mundial de karate profesional en 1968, título que mantuvo hasta 1974, cuando se retiró.

El cine llamó tarde a su puerta, debutó con la "La mansión de los siete placeres" (1968), pero sería el preámbulo de una gran popularidad. En los setenta fue Bruce Lee quien le abrió las puertas participando en la fiebre de las Artes Marciales con "El furor del dragón" (1972), destacando su enfrentamiento final en el Coliseo de Roma, a la que seguirían "El tigre de San Francisco" (1974) o "Los valientes visten de negro" (1978).

Los ochenta sería su década como emblema de la serie B de acción en clásicos del género como "McQuade, lobo solitario" (1983), junto a David Carradine, "Desaparecido en combate" (1984), "Delta Force" (1986), "Hitman" (1991) o "El mensajero del infierno" (1994).

Los nuevos tiempos y la quiebra de la Cannon, productora que amamantó buena parte de su carrera durante los ochenta, le llevó a refugiarse en la televisión donde triunfó en la serie “Walker, Texas Ranger” (1993-2001) dando vida al Ranger de Texas Cordell Walker, un policía tejano duro que defendía a toda costa los buenos valores, así como también la ley y la justicia desde su particular modo de proceder.

Una de esas series de fondo de armario, repetidas hasta la saciedad por cualquier cadena, tan efectivas como intrascendentes defensoras de unos valores muy patrióticos y conservadores que casaban con la ideología republicana del actor y de buena parte de su nicho de público.

Ya en el siglo XXI se le pudo ver en autohomenajes en "Cuestión de pelotas" (2004) y "Los mercenarios 2" (2012) hablándose más de él por sus cuestionables declaraciones, el apoyo político que ha brindado a nombres como Ronald Reagan, Donald Trump o Benjamín Netanyahu, y el haber sido un firme defensor de las armas además de un católico convencido.

Norris se casó con Dianne Kay Holechek en diciembre de 1958 cuando ambos no llegaban a los 20 años estando unidos más de 30 años hasta que se separaron en 1989 con dos hijos en común, Mike y Eric. Se volvería a casar con la modelo Gena O'Kelley en 1998 con la que ha estado unido hasta su repentina muerte y con la que ha tenido dos hijas, las mellizas Dakota y Danilee. Norris tuvo una hija, Dina (nacida en 1962), fruto de una relación extramatrimonial cuando estaba en el ejército y a la cual conoció en 1990 y después reconocería públicamente en sus memorias de 2004.

Parafraseando a la mitología que rodeaba una figura que para sus fans era imbatible se podría decir que Chuck Norris no murió, simplemente pasó a otra dimensión. En todo caso más o menos cuestionadas sean sus películas desde luego su figura forma buena parte de la cultura popular de una generación que se crió con sesiones dobles y muchas horas de televisión desconectando la neurona y tirando de la evasión más primaria.

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Nacho Gonzalo

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