Cine en serie: "Los secretos que ocultamos", o las heridas del privilegio

Cine en serie: "Los secretos que ocultamos", o las heridas del privilegio

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Querido Teo:

La decisión que mejor explica "Los secretos que ocultamos" se tomó antes de que empezara el rodaje. Per Fly, director al que muchos conocemos por "Borgen" (2010-2022), quiso que varias de las mujeres filipinas que aparecen como "au pairs" supieran por experiencia propia lo que significa serlo. Excel Busano, que interpreta a Angel, superó tres rondas de casting y apenas había pasado por un taller antes de ponerse por primera vez ante una cámara profesional. Donna Levkovski, que da vida a Ruby, y otras integrantes filipinas del reparto procedían de un mundo parecido. De modo que, en el centro de esta historia de misterio ambientada entre familias con mucho dinero, acabaron apareciendo mujeres que conocían algo que ningún ensayo podía enseñarles: cómo se vive dentro de una casa que también es el lugar de trabajo, cómo se cuida a una familia que no es la propia y qué significa depender de quienes, al mismo tiempo, se presentan como si fueran casi parte de la tuya.

La miniserie danesa, de seis episodios, comienza con una desaparición. Ruby, "au pair" filipina de Rasmus y Katarina Hoffmann, pide hablar con su vecina Cecilie y, al día siguiente, nadie sabe dónde está. Cecilie, una empresaria instalada cómodamente en la parte privilegiada de Copenhague, empieza a hacer preguntas y acaba implicando a Angel, la "au pair" de su propia familia, mientras Aicha, la policía encargada del caso, intenta abrirse paso entre silencios, intereses y relaciones sociales que pesan bastante más de lo que parece.

Desde ese momento convivimos con dos Copenhagues que ocupan las mismas calles y, a veces, las mismas habitaciones, aunque quienes viven en ellas tengan posibilidades muy distintas de decidir qué hacer con su vida.

Ingeborg Topsøe, creadora de la serie, conocía ese mundo desde niña. Creció durante años en una familia que tenía "au pairs" y, al escribir la historia, regresó a aquella normalidad doméstica con la distancia suficiente para hacerse preguntas que entonces seguramente ni siquiera existían. "Siempre me han fascinado las estructuras de poder dentro de una familia", ha explicado. La frase sirve casi como manual de instrucciones para seguir la serie.

Nosotros comenzamos pendientes de Ruby y terminamos observando quién cocina, quién recoge, quién cuida a los niños, quién puede abandonar una casa cuando quiere y, sobre todo, quién posee suficiente autoridad para que su versión de los acontecimientos parezca de entrada más creíble que la de los demás.

Ahí aparece Cecilie, un personaje mucho más interesante precisamente porque cabe la contradicción. Puede tratar bien a Angel, preocuparse sinceramente por ella y continuar beneficiándose de una relación desigual. Marie Bach Hansen tuvo que moverse en ese terreno sin convertirla ni en culpable ejemplar ni en conciencia moral de la historia. "El reto era equilibrar la bondad de Cecilie y su sentido de la justicia", explicó durante la promoción de la serie.

El equipo llegó a repetir tomas cambiando pequeños grados de frialdad o proximidad para encontrar el punto exacto. Incluso algo tan poco trascendente como correr necesitó preparación: Cecilie sale a correr con frecuencia y Bach Hansen, que apenas lo hacía, trabajó con un entrenador para que nosotros no viéramos a una actriz fingiendo ser corredora.

Per Fly resumió el conflicto de una manera mucho más directa: "Au pair significa literalmente en pie de igualdad. Para ser sincero, no son iguales". La paradoja está contenida en el propio nombre. La fórmula nació vinculada a una idea de intercambio cultural y convivencia familiar, pero en la práctica existe una persona que posee la casa, fija buena parte de las condiciones y dispone de muchos más recursos que la otra.

"Los secretos que ocultamos" aprovecha esa diferencia sin convertir cada conversación en un discurso, porque basta con ver quién pregunta y quién tiene que responder. La búsqueda de autenticidad añadió dificultades al rodaje. Excel Busano ha contado que trabajaron durante casi cuatro meses y que algunas escenas emocionalmente intensas resultaron especialmente complicadas para alguien que debutaba como actriz.

El tamaño del equipo y la maquinaria de una producción profesional podían intimidarla, mientras las antiguas "au pairs" filipinas del reparto eran consultadas además sobre situaciones y detalles relacionados con su experiencia como trabajadoras migrantes. Donna Levkovski resumió lo que significaba para ellas verse incorporadas de esa manera a la historia: "Por fin hay un reconocimiento de la comunidad 'au pair' en Dinamarca".

También Ingeborg Topsøe se encontró ante un problema menos visible, pero decisivo: mantener un misterio durante seis episodios cuando el número de personajes sospechosos es relativamente reducido. Podía llenar el camino de engaños y pistas falsas, aunque eligió ir captando poco a poco nuestro interés. Llega un momento en que averiguar quién hizo qué sigue importando, pero va creciendo otra cuestión: qué estamos dispuestos a hacer cuando conocer la verdad amenaza el mundo confortable en el que vivimos.

El rodaje se desarrolló en Copenhague y en algunas de las zonas acomodadas situadas al norte de la ciudad, utilizando espacios reales tan interesantes como Hvidøre House. Una casa adquirida en 1906 por dos hijas del rey Christian IX de Dinamarca: Alexandra, reina consorte del Reino Unido, y Dagmar, convertida por matrimonio en la emperatriz María Fiódorovna de Rusia.

La utilizaban como residencia cuando regresaban a Dinamarca. Después de la Revolución rusa, María Fiódorovna (madre del último zar, Nicolás II) terminó viviendo allí en el exilio y permaneció en Hvidøre hasta su muerte en 1928. Arquitectónicamente también resulta muy fotogénica. Es una construcción de inspiración italiana, con elementos del Renacimiento victoriano y unas llamativas cariátides neogriegas en la fachada. Mucho más tarde se convirtió en sanatorio para diabéticos y hoy funciona como centro de reuniones y formación.

En las notas de producción se indica la búsqueda de interiores enormes donde sobre espacio, habitaciones cuya amplitud separe a las personas, superficies impecables y un exterior que empiece pareciendo un bosque de cuento para terminar admitiendo algo inquietante. Fly explicó que quería "una casa con alma y un bosque encantado fuera". El equipo llegó incluso a controlar mediante pantallas y animación el aspecto del tiempo que aparecía detrás de las ventanas. La casa, por tanto, tampoco es simplemente una casa. El dinero se convierte en metros cuadrados, distancia y silencio.

Hay también pequeños elementos que impiden que las trabajadoras filipinas queden convertidas únicamente en piezas de una intriga danesa. Escuchamos tagalo en sus conversaciones y aparece Paglisan, del grupo filipino Color It Red. Son detalles que parecen menores, pero permiten que Angel, Ruby y quienes las rodean tengan algo parecido a un mundo propio, con una lengua y unas referencias que continúan existiendo cuando los dueños de las casas abandonan la habitación.

Llegados aquí conviene separar realidad y ficción. Ruby, su desaparición y el caso criminal pertenecen al argumento. La estructura social que hace posible la historia pertenece al mundo real. Durante la investigación para el guion, Topsøe encontró que aproximadamente ocho de cada diez "au pairs" en Dinamarca procedían de Filipinas. El sistema combina convivencia, intercambio cultural y una relación laboral peculiar: se habla de formar parte de una familia, mientras la permanencia de la trabajadora sigue vinculada al programa y al hogar que la acoge.

Si ampliamos el foco, las cifras permiten comprender por qué el detalle filipino dista mucho de ser decorativo. En 2024 había alrededor de 2,19 millones de trabajadores filipinos en el extranjero; 1,25 millones eran mujeres y el 68,4% de ellas desempeñaba ocupaciones clasificadas como elementales, una categoría amplia en la que entran limpieza y diversos trabajos básicos de servicios. Detrás de esos porcentajes existen economías familiares enteras organizadas alrededor de alguien que se marcha a trabajar a miles de kilómetros.

Y ahí es donde "Los secretos que ocultamos" encuentra algo más interesante que una denuncia lineal. Las relaciones complican las categorías. Podemos querer a una persona y seguir ejerciendo sobre ella una ventaja enorme; una casa puede ser acogedora y conservar una jerarquía muy rígida; alguien puede sentirse integrado en una familia y recordar cada final de mes quién paga y quién cobra. Fly y Topsøe colocan esas contradicciones dentro de un thriller y dejan que trabajen mientras nosotros seguimos buscando a Ruby.

Entramos en la serie preguntándonos qué le ha ocurrido a una mujer desaparecida. Salimos pensando también en todas las personas que permanecen a la vista y, sin embargo, apenas vemos. Quizá esa sea la herida que permanece cuando termina el misterio: descubrir que determinadas desigualdades consiguen pasar inadvertidas precisamente porque se han instalado en casas bonitas, entre personas educadas y en lugares donde, desde fuera, todo parece funcionar a la perfección.

Vídeo

"Los secretos que ocultamos" puede verse en España en Netflix

Carlos López-Tapia

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