Casi un año después de que Estelle Getty entrara en fiambrera, también ha pasado a ese lado la que hacía de su hija en la serie "Las chicas de oro" a los 86 años. Que discusiones tan divertidas van a tener ahora. La actriz Beatrice Arthur interpretó el papel de Sophia Petrillo, el personaje más borde, también más realista, y con más humor negro del inolvidable cuarteto de mujeres. Arthur consiguió un Emmy a la mejor actriz en una serie de comedia en 1988 por "Las chicas de oro" junto a otras tres nominaciones a esos premios y cuatro candidaturas a los Globos de Oro por un papel que la hizo muy popular.
En 1972 (y tras una extensa carrera en Broadway) tuvo su primer gran éxito televisivo en "Maude", en la que interpretaba a una mujer liberal encorsetada en la sociedad imperante en ese momento y que fue un spinf-off de otra serie de fama como “All in the family”. En 1977 obtuvo su primer Emmy por este personaje tras cuatro nominaciones infructuosas. Su presencia en el cine si que fue mucho menor. Destaca sobre todo su papel en "Mame" en 1974, que ya había representando con éxito en el teatro consiguiendo un Tony. Por "Mame" estuvo nominada al Globo de oro como mejor actriz de reparto.
Con “Las chicas de oro” se convirtió en una estrella de la televisión a lo largo de las 7 temporadas en las que la serie fue emitida (De 1985 a 1992). Ante el deseo de Arthur de abandonar la serie, ésta fue cancelada y las otras tres actrices intentaron hacer un sucedáneo llamado “The golden palace” que sólo duró una temporada. Tal vez porque sin el humor socarrón de Arthur ya nada era lo mismo. Su altura (casi 1´90) y una voz grave fueron seña de identidad de su personalidad siendo una interprete querida, reconocible y genuina.
En 2002 regresó al teatro con su show "Bea Arthur on Broadway", por el que compitió por su último Tony. En ese espectáculo Arthur llevaba a cabo una especie de canto del cisne creando un espacio para la charla, anécdotas, recuerdos y actuaciones de toda una vida. En 2000 había recibido su última nominación al Emmy por su intervención de Mrs White en la serie "Malcomn in the Middle".
Siempre da pena ver cómo los personajes que adornaron mi infancia van dejando esta vida....
Dorothy y las demás chicas de oro me hicieron reir muchas tardes, y es una de las telecomedias que más me han convencido como espectador.
Miriam
17 años atrás
Es una lástima como van desapareciendo personajes tan míticos y queridos de series como las chicas de oro. Por suerte quedarán esos capítulos que nos han hecho reír tanto.
Cuando la actriz Geraldine Chaplin evoca a su padre, en sus palabras se entrelazan el orgullo de ser la hija de uno de los mayores genios del siglo XX y una sensación agridulce: la de tener que justificarse ante una sociedad moralista que no dudó en condenar a Charles Chaplin por su conocida atracción hacia mujeres muy jóvenes. Geraldine nació de la relación entre el director y Oona O'Neill, iniciada cuando la joven (hija del dramaturgo Eugene O'Neill) tenía apenas 18 años, mientras que el creador de "Tiempos modernos" (1936) ya había alcanzado los 54. Sin embargo, y de forma casi paradójica, Oona representó para Chaplin no una repetición mecánica de sus impulsos sentimentales, sino su punto de inflexión: en ella encontró una serenidad desconocida, un amor leal y una estabilidad que contrastaban con décadas de relaciones turbulentas. Oona no solo aceptó el pasado del cineasta, sino que asumió un papel protector frente al mundo exterior, convirtiéndose en su aliada más firme en los años de mayor hostilidad pública y política, y también en la guardiana silenciosa de su intimidad en los años de exilio en Suiza.
La frase que pone en marcha "El juego del asesino" podría parecer una despedida corriente, una de esas fórmulas que se dicen al salir de una tienda o al despedirse de un maître en un restaurante conocido. "Hasta otra". En inglés, "Catch you later". Pero para Huw Miller, 55 años, detective recién jubilado y hombre que lleva tres años durmiendo mal por un caso que le venció, esas palabras no son una cortesía. Son una llave. Abren una habitación cerrada dentro de su cabeza, una habitación llena de víctimas, errores, expedientes y culpa. Y, desde ese instante, nosotros entramos con él, aunque ya sepamos que en las habitaciones de las casas tranquilas las cortinas no deberían moverse tanto.
La nueva "El cabo del miedo" comienza con una imagen, la nuca de Bardem con un ojo tatuado, y una idea, Max Cady ya no regresa como culpable que ha cumplido condena, sino como hombre liberado por nuevas pruebas, un ex convicto que puede presentarse ante el mundo con una palabra peligrosa en la boca: injusticia. Ahí cambia todo. En las películas anteriores bastaba con temer a Cady. En la serie, antes de temerle, tenemos que preguntarnos qué hicieron con él, qué sabían Anna y Tom Bowden, qué callaron y hasta qué punto una familia respetable puede construirse sobre el daño de otro. Esa es la grieta por la que entra Javier Bardem, y entra con una calma de depredador que ha leído el manual de instrucciones de la casa.
Esta es una de esas historias, pocas, que nacen una vez y luego renacen y renacen. Primero fue una novela de 1957, "Los verdugos", de John D. MacDonald. Después fue una película en blanco y negro de 1962, estrenada en España como "El cabo del terror". Casi treinta años más tarde volvió con Martin Scorsese, Robert De Niro, Nick Nolte, Jessica Lange y Juliette Lewis, ya con el título que muchos espectadores recordamos como "El cabo del miedo". Ahora regresa como serie, con Javier Bardem convertido en Max Cady, y lo más inquietante no es que la historia vuelva, sino que vuelva a parecer actual.
Siempre da pena ver cómo los personajes que adornaron mi infancia van dejando esta vida....
Dorothy y las demás chicas de oro me hicieron reir muchas tardes, y es una de las telecomedias que más me han convencido como espectador.
Es una lástima como van desapareciendo personajes tan míticos y queridos de series como las chicas de oro. Por suerte quedarán esos capítulos que nos han hecho reír tanto.