Ed Harris, siempre seguro, eficiente, eficaz, directo, claro y aplaudible. Uno de los actores que hacen de la naturalidad una virtud. No va de divo, no es una estrella a pesar de 4 nominaciones al Oscar y haber participado en más de una película taquillera. Hace las películas que le gustan y pocas veces le vemos en un bodrio. Es siempre tan regular que todavía no ha tenido su gran papel indiscutible. Ha sido astronauta, el ojo de Gran Hermano, un escritor enfermo de sida, un policía corrupto, un sacerdote dubitativo, un mafioso implacable, el músico sordo más genial de todos los tiempos y un pintor abstracto. De todo y para todos.
Harris salta a "El papelón de su vida" como flamante director y actor de "Appaloosa" , película que se estrenó este viernes y que supone un ejemplo del western que nos llega en los últimos años. Harris, artista inquieto, asume con este su segundo proyecto como director tras "Pollock". Quizás es tan bueno que es complicado distinguirle por un papel frente a los demás, pero la forería ha superado el reto tras una elección muy disputada.
"Las Horas" ha quedado como una historia de mujeres, como un fresco en torno al cual se cruzaban tres historias femeninas que habían tenido la obra “La señora Dalloway” de Virginia Woolf como inspiración. Estaba Nicole Kidman, Julianne Moore y Meryl Streep, pero entre ellas estaba en un pequeño papel Ed Harris. Un rol breve pero muy intenso en el que interpretaba a un escritor homosexual aquejado de sida, fiel amigo del personaje de Meryl Streep.
Una interpretación estupenda en la que con solo unas escenas dejaba patente la amargura, el sentimiento, el dolor y el desgarro. Fue su cuarta candidatura al Oscar que, como suele pasar en él, se quedó en infructuosa. Nos da igual, actores como estos no son de ese mundo de los premios. El reconocimiento público ya lo tiene. Que mejor que dejarte con uno de sus momentos incluyendo una despedida antológica para un personaje de ese tipo.
Dinero, sexo, maternidad, lucha libre, precariedad, algoritmos y Michelle Pfeiffer devorando escenas como si llevara años esperando este papel. Con esos ingredientes aterriza esta serie, de esas que parecen imposibles sobre el papel y, sin embargo, funcionan con una precisión sorprendente. La nueva ficción creada por David E. Kelley a partir de una novela de Rufi Thorpe sabe perfectamente que quiere contar una historia dramática afilada, contemporánea y bastante valiente sobre una joven madre soltera que intenta sobrevivir en Estados Unidos monetizando su intimidad en internet mientras el mundo (familia, economía, hombres, algoritmos y hasta su propio cuerpo) parece conspirar contra ella. Y sí, dicho así suena a que la serie quiere hablar de demasiadas cosas; lo sorprendente es que las habla casi todas bien.
El 30 de septiembre de 1955, James Dean conducía su flamante Porsche 550 Spyder, recién adquirido y bautizado con el irónico apodo de "Little Bastard". Se dirigía a participar en una carrera automovilística en Salinas (California), acompañado por su mecánico, Rolf Wütherich. Apasionado del volante y de la velocidad, Dean devoraba kilómetros con la excitación propia de quien sentía que la carretera era un territorio donde podía rozar el límite entre la vida y la muerte. Poco antes de las 17:45 horas, en la intersección de la Ruta 46 con la Ruta 41, cerca de Cholame, el ligero y exclusivo Porsche chocó frontalmente con un Ford Tudor 1950 conducido por Donald Turnupseed, un joven estudiante de 23 años. Dean no tuvo tiempo de esquivar el impacto y se llevó la peor parte. Wütherich sobrevivió con heridas graves, Turnupseed apenas sufrió lesiones leves, pero el actor fue declarado muerto poco después de llegar al hospital de Paso Robles. Tenía solo 24 años.
Hay series que te atrapan por la premisa y otras que te ganan por el lugar. "El último refugio" juega a las dos cosas. Te vende una huida y un entorno original... y descubres que es una ratonera múltiple. Bajo la apariencia de thriller criminal con ecos de comedia negra, esta producción australiana convierte la costa salvaje y hermosa de Tasmania en amenazante, un sitio donde esconderse parece una buena idea… durante el tiempo que dura el primer capítulo. Después ya no esconderías ahí ni una bicicleta con candado.
Margo Channing acaba de terminar una de sus rutinarias funciones teatrales. Aunque lo disimula, está exhausta. Sabe que ha llegado a esa edad crítica, implacable con las mujeres y aún más con aquellas que nunca han destacado por su obediencia. Su vida es el teatro, y ese compromiso la ha convertido en una de las principales estrellas de Broadway. Se ha entregado en cuerpo y alma a su oficio, disfrutando de una existencia cómoda y espléndida, rodeada de una cohorte de admiradores y súbditos. Más allá de eso, no hay nada… o mejor dicho, le aterra descubrir qué hay. Esa noche se presenta decisiva. Karen Richards, su íntima amiga y esposa del dramaturgo Lloyd Richards, le ha traído a una admiradora: una joven llamada Eva Harrington, que no es nueva en sus funciones. Ha sido una espectadora habitual, un detalle que le permite acceder al camerino de Margo, un espacio únicamente reservado a la élite. Eva confiesa ser una de las muchas viudas que dejó la Segunda Guerra Mundial en el corazón de los Estados Unidos y que ha encontrado refugio en el teatro, especialmente en el extraordinario talento de Margo Channing, cuya fortaleza escénica le sirve de estímulo para seguir adelante. Como la gran diva que es, Margo, siempre deseosa de tener frente a sí a alguien que le recuerde lo maravillosa que es, le ofrece a Eva la oportunidad de convertirse en su asistente personal. La joven parece servicial, sumisa… pero Margo ignora que Eva está dispuesta a arrebatarle su lugar en la cima.