Berlín 2026: Gran cierre con "Josephine" y el documental "YO, love is a rebellious bird"
Querido primo Teo:
Mañana se clausurará la 76ª edición del Festival de Berlín, cuya dinámica ha estado marcada por un constante pulso entre los organizadores y los periodistas respecto a la conveniencia de abordar cuestiones políticas en las ruedas de prensa, cuando no por la tendencia de estas a monopolizar las conversaciones. El tramo final de la sección oficial ha ganado intensidad y relevancia gracias a la proyección del documental "YO, love is a rebellious bird de Anna Fitch y Banker White, así como "Josephine" de Beth de Araújo, revelación del Festival de Sundance, dos películas que aspiran a brillar en el palmarés que dará a conocer el cineasta Wim Wenders. Ambas obras, cada una a su manera, combinan innovación formal y carga emocional, marcando profundamente la cosecha de este año.
La directora alemana Eva Trobisch debuta en la competición con "Home stories", un filme sobre una joven que empieza a asumir su entrada en la vida adulta. Su protagonista es Lea, una adolescente que, tras ser seleccionada para un concurso televisivo de talentos, atraviesa una crisis identitaria al verse obligada a simplificar su compleja realidad familiar y su origen en el este de Alemania para encajar en el relato estereotipado que exige la televisión.
A partir de este conflicto, la película despliega un fresco coral sobre las tensiones sociales y políticas en una pequeña ciudad de Turingia: padres separados, dificultades económicas, el auge de la extrema derecha y el activismo juvenil de izquierdas se entrecruzan en un retrato generacional y territorial. Más ambiciosa y expansiva que sus trabajos previos, como la premiada en el Festival de Locarno "Todo bien" (2018), la cinta construye una mirada lúcida y llena de contrastes sobre la identidad alemana contemporánea.
En el apartado visual, destaca el contraste entre una estética granulada, cercana al semidocumental, y la artificialidad brillante del "reality show", uno de los hallazgos formales más logrados del conjunto. Sin embargo, la acumulación de tramas y personajes acaba volviéndola dispersa y algo inconclusa, con líneas argumentales que se diluyen y una cierta sensación de falta de cierre. Ha sido más valorada por la audiencia alemana, para el resto ha sido una propuesta estimulante aunque irregular en su desarrollo.
Tras competir con "Un cuento de tres hermanas" (2019), el realizador turco Emin Alper regresa a la Berlinale con "Salvation", un filme que tiene su germen en un suceso real. En 2009, 44 personas fueron asesinadas en la provincia turca de Mardin por una docena de atacantes enmascarados en el marco de una disputa por la posesión de unas tierras. A partir de ese episodio, el director articula una reflexión sobre cuestiones tan vigentes como el fanatismo religioso y político, la naturaleza cíclica de la violencia y el precio de entregar el poder a individuos carismáticos y profundamente desequilibrados.
La película sitúa en el centro del conflicto un terreno fértil que perteneció al clan Bezari, desplazado tras un enfrentamiento armado, y que ahora cultiva el clan Hazeran. Cuando los primeros regresan y reclaman sus campos, la tensión estalla. Mientras el líder de los Hazeran apuesta por la convivencia, su hermano Mesut se niega a ceder y convierte la defensa de la tierra en una cruzada personal. Atrapado en una espiral de paranoia, pesadillas y supuestas revelaciones divinas, su fanatismo crece al mismo ritmo que la amenaza de la violencia.
Alper compone así un retrato inquietante de la manera en que los líderes autoritarios consolidan su poder: apelando al miedo, manipulando el lenguaje, invocando designios sagrados y señalando enemigos internos y externos. Aunque formalmente se inscribe en el drama realista, la atmósfera es densa y opresiva, casi febril, reforzada por un elaborado diseño sonoro y una iluminación que intensifica la sensación de asfixia. La fotografía, por su parte, subraya la belleza de los paisajes en disputa, haciendo aún más palpable lo que está en juego.
Lo más destacable de la propuesta es su eficacia a la hora de transmitir la inexorabilidad de la tragedia y de mostrar cómo la violencia se gesta lentamente en el seno de la comunidad. Sin embargo, en ocasiones abusa del trazo grueso en la construcción de los personajes y no termina de aprovechar las sugerentes posibilidades dramáticas de sus símbolos y de sus incursiones en lo onírico, que acaban resultando reiterativas. Además, el metraje se prolonga más de lo necesario, insistiendo en ideas ya expuestas.
La austriaca "The loneliest man in town" de los directores Tizza Covi y Rainer Frimmel sigue a Alois Koch, conocido artísticamente como Al Cook, un músico vienés de blues de 80 años que vive solo en un edificio a punto de ser demolido, rodeado de recuerdos y vinilos que testimonian su larga carrera.
No se trata de un documental ya que se ha optado por dramatizar esta etapa final de su vida: Cook se ve obligado a abandonar su apartamento y desprenderse de sus pertenencias mientras afronta la vejez y la posibilidad de empezar de nuevo. Admirador de leyendas como Robert Johnson o Elvis Presley, cuya influencia marcó su estética y su aprendizaje del inglés, el músico sueña con viajar al Mississippi para pasar allí sus últimos años. Sin embargo, un reencuentro con una antigua pareja le hace replantearse su futuro en Viena.
Ha sido rodada en 16mm, con una estética granulada y planos fijos, y la película apuesta por un tono observacional y melancólico que evoca por momentos el minimalismo del cine de Aki Kaurismäki o el neorrealismo de "Umberto D." (1952) de Vittorio De Sica. Incluye material de archivo y actuaciones musicales que aportan algunos de sus momentos más emotivos, como una íntima interpretación acústica de Silent night.
Sin embargo el film peca de falta de conflicto y dramatismo: su minimalismo deriva en reiteración y escasa progresión narrativa. Aunque crea una atmósfera nostálgica y ofrece instantes conmovedores, especialmente cuando Cook recuerda a su esposa fallecida, no termina de justificar plenamente su metraje. El resultado es un retrato melancólico y sensible, más interesado en el pasado que en construir una verdadera tensión dramática, pero que deja abierta una tenue esperanza sobre el porvenir de su protagonista.
Del Chad ha llegado "Soumsoum, the night of the stars" de Mahamat-Saleh Haroun un cuento feminista ambientado en el desierto de Ennedi. Su protagonista es Kellou, una joven que sufre visiones inquietantes del pasado y del futuro, en un relato que combina parábola mística y simbolismo. Aunque ambientada en la actualidad, la historia introduce elementos de realismo mágico y personajes con dones extraordinarios. El resultado alterna momentos de belleza y lirismo con otros de evidente tedio.
Kellou, considerada una marginada (en su aldea la llaman "chica de sangre" porque su madre murió al darla a luz), vive aislada junto a su padre, un forastero que nunca ha sido aceptado. Su única alegría es Baba, un joven cuya familia desaprueba la relación. La situación cambia cuando entabla amistad con Aya, una mujer mayor también apartada por la comunidad. Entre ambas surge un vínculo profundo; Aya actúa como mentora y le enseña a no temer sus visiones, mientras Kellou promete cuidar de ella cuando descubre que está enferma.
Sin embargo, la creciente cercanía provoca el rechazo del pueblo, que considera a Aya una mujer de mala reputación y la culpa de las desgracias que azotan la aldea como muertes de bebés, lluvias devastadoras, etc.... El filme alcanza su momento más poderoso cuando Aya narra su propio origen en una secuencia de tono fantástico, visualmente deslumbrante.
Pero a partir de ese momento la narración pierde fuerza. El componente mágico cede terreno a un discurso más alegórico: el padre como símbolo del inmigrante, la búsqueda de libertad de Kellou como denuncia del patriarcado. Aunque las intenciones son claras y nobles, la película se vuelve reiterativa y lenta, con escaso desarrollo dramático.
La directora finlandesa Hanna Bergholm ha presentado "Nightborn" que cuenta en su reparto con la presencia del actor británico Rupert Grint cuyo último trabajo fue "Llaman a la puerta" (2023) de M. Night Shyamalan. Bergholm, tras su estimulante ópera prima "Ego" (2022), vuelve a explorar el terror corporal y la psicología de la maternidad aunque con menos originalidad que con su anterior trabajo.
La historia sigue a Saga y a su marido británico Jon, que se instalan en la deteriorada casa familiar de ella en un bosque remoto de Finlandia con la intención de formar una familia. Lo que debería ser un evento ya de por sí estresante se convierte en pesadilla cuando su hijo nace como una criatura monstruosa, peluda y sedienta de sangre, un híbrido entre troll y vampiro que altera por completo su vida y su matrimonio.
Bergholm combina horror, comedia negra y sátira doméstica para retratar la experiencia de la maternidad y la paternidad primerizas, transformando momentos cotidianos, como la lactancia, los primeros pasos o las rutinas del hogar, en secuencias grotescas y cómicas a la vez. La película juega con la ambigüedad: no queda claro si el bebé es realmente un ser sobrenatural o si es una exageración grotesca de los miedos y el agotamiento que enfrentan los padres primerizos. La criatura, mayormente fuera de pantalla, refuerza la sensación de artificio y el carácter simbólico del relato: Kuura representa los temores universales de todo progenitor.
El film destaca por su tono desquiciado y su humor macabro, así como por la entrega de los protagonistas, Seidi Haarla y Rupert Grint, que no rehúyen las situaciones más absurdas y sangrientas. Visualmente, la película combina fotografía de cuento oscuro, escenarios inquietantes y el uso de CGI y marionetas para dar vida al bebé. A pesar de estas virtudes formales y de algunos momentos memorables, "Nightborn" se vuelve repetitiva y pierde fuerza dramática, insistiendo demasiado en su metáfora sobre la maternidad y la vida familiar sin ofrecer un desarrollo narrativo sólido ni resolutivo.
Esta edición se ha cerrado con dos platos fuertes. En primer lugar, el documental "YO, love is a rebellious bird" de la pareja de realizadores formada por Anna Fitch y Banker White. Se trata de un conmovedor y original film que celebra la vida de Yolanda "YO" Shea, una mujer nacida entre Suiza e Italia en los años veinte que pasó sus últimos años en un pequeño pueblo de California. Lo que comenzó como un proyecto sobre la vida de YO, se transformó durante casi diez años de producción en una reflexión sobre la muerte, la memoria y la amistad.
Fitch, marionetista y artista, recrea meticulosamente modelos a escala de la casa y el vecindario de YO, intercalando estas maquetas con entrevistas grabadas mientras YO aún vivía y con material de archivo, lo que da lugar a un retrato a medio camino entre realidad y representación artística.
El documental explora la íntima relación entre Fitch y YO, construida a lo largo de casi veinte años, mostrando cómo su amistad se convirtió en el eje central del proyecto. La película no se centra en la muerte de YO, sino en celebrar su vida: su irreverente sentido del humor, su curiosidad insaciable y su forma de enfrentarse a la existencia con alegría y desprejuicio. Fitch logra transmitir esa personalidad a través de marionetas, collages, dramatizaciones en miniaturas y escenas semiabstractas, jugando con la línea entre lo tangible y lo emocional. La directora también refleja su propio lugar en esta historia, mostrando cómo el duelo y la devoción por su amiga motivaron cada elección artística.
Aunque la estructura narrativa es poco convencional y algunas transiciones carecen de lógica lineal, el documental funciona como un homenaje íntimo y poético. Cada escena refleja la pasión y el afecto de Fitch, transformando los recuerdos cotidianos en momentos de belleza y significado. Aborda temas universales como la búsqueda de sentido, el paso del tiempo y el poder del arte para procesar la pérdida, manteniendo un tono juguetón, irreverente y vital, a la altura del espíritu de YO. En definitiva, "YO, love is a rebelilous bird" supone una celebración de la vida, un homenaje al afecto sincero y un recordatorio de que incluso quienes no dejan monumentos públicos merecen ser recordados.
En segundo lugar, "Josephine" de Beth de Araújo que fue la gran vencedora del recientemente clausurado Festival de Sundance, donde se llevó el Gran Premio del Jurado y el Premio del Público y que en la Berlinale ha logrado vender su distribución a Sumerian Pictures, compañía que busca lograr su hueco en la industria. En su segundo largometraje, la directora parte de un hecho traumático de la infancia de su propia infancia para construir una historia intensa y psicológicamente compleja.
La película sigue a una niña de ocho años que presencia una agresión sexual en el Golden Gate Park de San Francisco y debe enfrentarse a las consecuencias de un evento que no puede comprender plenamente. La experiencia de Araújo sirve como núcleo para explorar cómo un trauma repentino transforma la percepción del mundo y altera las relaciones familiares, mostrando que incluso en hogares aparentemente seguros, ninguna familia está libre de tener que lidiar con experiencias difíciles.
La cinta utiliza el plano subjetivo de forma destacada desde los primeros minutos, situando al espectador en la mirada de Josephine y estableciendo desde el inicio un vínculo emocional con su experiencia. Este recurso no solo refuerza el drama, sino que hace más orgánica la posterior alternancia de perspectivas y momentos cotidianos, donde acciones simples (como un desayuno o un recreo escolar) adquieren una carga de incomprensión y tensión. La película logra así mantener un conflicto subyacente constante sin necesidad de artificios narrativos, mostrando cómo un solo hecho puede alterar de manera profunda la vida de una niña y de su entorno.
La interpretación de Mason Reeves como Josephine destaca por su interiorización y sutileza, transmitiendo el sufrimiento y la confusión de su personaje de manera creíble, mientras que Channing Tatum y Gemma Chan completan el núcleo familiar con actuaciones matizadas que equilibran la fragilidad de la niña con la complejidad emocional de los adultos. La dirección de Araújo combina esta precisión interpretativa con decisiones formales audaces y efectivas, como el uso del subjetivo en escenas clave, tanto en el parque como en el juzgado, que aportan frescura y profundidad al relato sin caer en el sensacionalismo.
La película consolida a Beth de Araújo como una cineasta capaz de convertir experiencias personales en un relato universal, intenso y conmovedor, equilibrando con maestría la fuerza dramática y la ambición formal. Tras causar sensación en Sundance, "Josephine" ha confirmado su impacto en la Berlinale, a pesar de que la dureza de su historia podría dificultar su reconocimiento en ciertos ámbitos de la industria.
Mary Carmen Rodríguez





































