Cine en serie: “Help”, el impacto humano de la pandemia

Cine en serie: “Help”, el impacto humano de la pandemia

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Querido Teo:

“Help” es una producción británica concebida como telefilm que muestra los estragos de la pandemia funcionando tanto como elemento de denuncia como reflejo de algo que hemos vivido hace muy poco y que a muchos, por lo que parece, ya se les ha olvidado. Un trabajo que no sólo tiene una mirada documental y pertinente sino que también funciona como ejercicio de tensión que juega con la claustrofobia y con la impotencia de lo que vive una trabajadora en una residencia de ancianos justo cuando el mundo se pone en “stand by” y entra en colapso ante no saber cómo actuar en el azote más virulento de la pandemia del coronavirus (COVID-19).

“Help” empieza con Sarah, una joven choni de extrarradio de Liverpool que vive con una familia desestructurada (entre insultos y desplantes con sus padres y su hermano), que se prepara en su coche para acudir a una entrevista de trabajo en una residencia de ancianos. Tras ya tener un choque inicial con su futuro jefe, Sarah consigue el empleo encontrando ahí una vocación y una dignidad que utiliza a la hora de cuidar a los residentes, la mayoría de ellos ancianos aquejados por el Alzheimer, llamándole pronto la atención Tony, un hombre de 47 años, un niño grande, que combina momentos de lucidez con una demencia precoz pero que pronto con cierta inocencia y vulnerabilidad conecta con Sarah. Ambos son personas rotas que encuentran el uno en el otro un aprecio y un respeto que hasta ahora no han sentido de los demás.

El día a día transcurre entre cuidados y las circunstancias de cada uno de los allí presentes, creando una burbuja ajena a la realidad en la que Sarah se siente útil y valorada tras una vida conflictiva llena de tumbos. Todo hasta que la sombra de la pandemia, tras unas primeras noticias en la radio a las que se presta poca atención como ocurrió en todo un mundo que no atendió a las señales de lo que venía, bloquea un país y un mundo en el que los primeros afectados son los ancianos que, a pesar de pretender ser protegidos por un muro de contención con más ilusión que medios, van poco a poco contagiándose ante la escasez de mascarillas, la falta de EPIs (sustituidos por bolsas de basura) y el ser abandonados por un gobierno y un sistema de salud bloqueados que les deja abandonados a su suerte.

Encadenando turnos interminables, y con cada vez más bajas tanto entre pacientes como entre cuidadores, Sarah tiene que hacerse cargo de la situación en una noche en la que los problemas de respiración de uno de los residentes, entrando éste en una situación crítica, le hará tener que pedir ayuda a Tony, rompiendo cualquier protocolo, para que pueda ayudarlo ante la falta de recursos y el hecho de que incluso en llamando a la línea de emergencia no encuentren solución ante un desbordamiento que lleva a los efectivos priorizar los enfermos en base a sus condiciones y situación. La escena en la que Sarah y Tony tienen que dar la vuelta al amigo de éste, Kenny, para que pueda respirar mejor es uno de esos momentos que no se olvidan.

Entre proyectos televisivos y minimalistas que han tratado de mostrar la vida en pandemia, “Help” es un testimonio enérgico y valioso centrándose en el coste humano que se ha sufrido en primera línea de fuego y poniendo el foco en aquellos a los que no se ha valorado y recompensado su desempeño, esfuerzo y sacrificio habiendo preferido destacar y dar fama al “influencer” de turno engullido por su ego que desde el cuarto de su casa no ha hecho más que contribuir a un mundo más ajeno a la realidad con banales diarios de confinamiento.

“Help” es una experiencia inmersiva en el que esa residencia es un escenario cercano al terror entre la oscuridad de sus pasillos y la falta de efectivos para poder hacer frente a algo imprevisible y que pilló al mundo descolocado pero que, en verdad, también podría haberse hecho mejor especialmente en unas residencias que vieron como el virus no dejó de hacer estragos colándose entre las rendijas y acumulando enfermos y muertos que al final ya eran vistos con la insensibilidad de un número para muchos políticos que, con sus actuaciones, parecían pensar que se estaba ante gente que ya había vivido lo suficiente y que su pérdida no era más que “el mal menor” ante el caos en el que se estaba inmerso.

Con tono sobrio, austero y nada complaciente en “Help” vemos como no había recursos para atender, como los familiares recibían una fría llamada comunicando el fatal desenlace sin poder haberse despedido de los suyos, las consecuencias del confinamiento involuntario y el desborde de una primera ola que ha sido lo más parecido que ha estado la generación reciente de vivir una Guerra Mundial, en este caso virológica. Vemos la dignidad de los que resisten y el agotamiento en primer plano de sus rostros con una cámara que en sus desenfoques y en su recorrido por esos pasillos hace acrecentar la sensación de caos y tensión.

“Help” nos ayuda a no olvidar lo que hemos pasado y a poner en valor a los que más los han sufrido, dejándose la piel de manera abnegada y solidaria sin pedir nada a cambio. La recompensa no fue otra que esos aplausos de postureo en los balcones a las 20:00h que quedaron en nada más allá que gestos para la galería propio de un mundo buenista en el que se deja de lado lo más importante recortando en salud y no priorizando un sistema que no entiende de ideologías políticas sino de una coyuntura social que prioriza otras cosas antes que la salud y el bienestar de los ciudadanos.

Jodie Comer (ganadora del Bafta TV 2022) y Stephen Graham están magníficos destilando una gran ternura en su relación, con esa necesidad mutua y esa partida de cartas siempre postergada que les lleva a ayudarse primero y posteriormente ser una especie de rebeldes quijotes que no quieren resignarse, aunque sólo sea por unos días, a estar condenados a lo que el sistema tiene preparados para ellos. Dos personas heridas y con una rabia que bordea la violencia pero que entre ellos demuestran la dulzura que encierran en su interior.

Un retrato social aterrador que, en ocasiones, es cine social de Ken Loach y que por otro lado, con sus desenfoques, fotografía y banda sonora, abraza el terror que cala más hondo, el auténtico por sentirse cierto y del cual no podemos escapar por su realidad y carácter universal.

Una relación en la que ambos personajes encuentran un remanso de paz, un oasis temporal, frente a un mundo que se cae a pedazos, y más para ellos, marginales de una sociedad que no sabe que hacer con ellos aunque lo único que precisen sea respeto, cariño y una oportunidad de creer en ellos. Quizá esos últimos 15 minutos sean algo forzados pero en ellos vemos ese grito ahogado frente al cristal del personaje de Tony y como Sarah rompe la cuarta pared lanzando un mensaje al mundo para aquel que quiera sentirse escuchado e interpelado.

Una apuesta valiente, furiosa, divulgativa y necesaria, imprescindible tanto para olvidadizos como negacionistas, que aunque hace pasar un mal rato remueve nuestras conciencias siendo un ejercicio de reivindicación y también un acertado testimonio de lo vivido y tendente a ocultar mirando a otro lado como si no hubiera pasado. Un trabajo duro, maduro, sutil y emotivo con el que Channel 4, sin apenas promoción, ofrece una de las cintas del año que en España puede verse en Movistar+. Marc Munden (“Utopia”) en la dirección y Jack Thorne (“This is England”) en el guión logran impactar con naturalidad y sin artificios y, sobre todo, lanzan un mensaje a navegantes para que (por si no lo sabemos todavía) sepamos que no hay bien más preciado que la salud ni dinero y medios mejor invertidos que en ello.

Vídeo

Nacho Gonzalo

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