Cine en serie: "Mi brillante carrera", o escribir antes que obedecer

Cine en serie: "Mi brillante carrera", o escribir antes que obedecer

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Querido Teo:

Stella Maria Sarah Miles Franklin, de la que probablemente sabíamos poco o nada hasta llegar aquí, escribió "Mi brillante carrera" cuando todavía era adolescente y consiguió publicarla en 1901, con apenas 21 años, firmando simplemente como Miles Franklin. El libro estaba tan cerca de sus propias experiencias, de su familia y de determinadas personas de su entorno que muchos lectores lo tomaron por una autobiografía apenas disimulada. Aquella notoriedad terminó resultándole tan incómoda que retiró la novela de circulación, y hubo que esperar hasta 1966 para recuperarla. Desde entonces forma parte de los clásicos más respetados de la literatura australiana.

Más de un siglo después, Philippa Northeast acudió precisamente a los diarios de Franklin para encontrar materiales con los que construir a Sybylla Melvyn, protagonista absoluta de esta nueva adaptación televisiva. Y digo nueva porque Sybylla ya tuvo una vida cinematográfica importante, cuando Gillian Armstrong dirigió "Mi brillante carrera" (1979) con Judy Davis y Sam Neill.

Hay una llamada telefónica durante el rodaje que une muy bien aquellas dos versiones. Kate Mulvany, que ahora interpreta a Augusta Beecham, telefoneó a su amigo Sam Neill.

"— Oye, estoy interpretando a tu tía, ¿te lo puedes creer?".

Neill, que había sido Harry Beecham en la película de Armstrong, quiso saber quién interpretaba ahora al personaje y se alegró especialmente cuando Mulvany le dijo que sería Christopher Chung, porque seguía "Slow horses", donde Chung interpreta al bastante insoportable Roddy Ho. Sam Neill murió el pasado julio, antes de poder ver terminada esta nueva versión, pero Mulvany ha contado que estuvo muy pendiente del rodaje, preguntando, enviando mensajes y queriendo saber cómo avanzaba todo. Hay pocas formas mejores de recibir una herencia.

Sybylla Melvyn es una muchacha criada en una familia que ha ido descendiendo social y económicamente hasta acercarse peligrosamente a la pobreza. Ella, sin embargo, tiene una idea bastante clara de lo que quiere hacer con su vida: escribir. Su familia preferiría una solución más práctica y, sobre todo, más rentable en aquel tiempo: que encontrara un buen marido.

Cuando la envían a vivir con su abuela, la señora Bossier, Sybylla entra en otro mundo. Aparecen los bailes, las bibliotecas, los vestidos, los criados, las casas enormes y, naturalmente, los pretendientes. De pronto parece que se le abren muchas puertas, aunque poco a poco entendemos que buena parte de la historia consiste en descubrir cuáles merece la pena atravesar y cuáles conviene dejar cerradas.

Podemos disfrutar del romance, porque lo hay y funciona, pero la verdadera historia de amor de "Mi brillante carrera" está en otra parte. Es la historia de Sybylla con la escritura y, sobre todo, con la posibilidad de decidir qué clase de mujer quiere ser.

Philippa Northeast sostiene prácticamente la serie entera y afronta además una dificultad considerable. Tiene 31 años, mientras que Sybylla es una adolescente, y aun así consigue que creamos en ella porque trabaja menos la edad física que la edad emocional. Sybylla puede ser exagerada, ridícula, divertida, vanidosa, romántica, insegura y desesperadamente impaciente. Tiene esa sensación tan adolescente de que el mundo funciona demasiado despacio y de que todos los adultos se han puesto de acuerdo para impedirle vivir.

Northeast lo explica diciendo que "vemos este mundo a través de una mirada adolescente" y que la novela "se lee casi como el diario de una adolescente". Ella conocía el libro desde niña y buscó en los diarios de Miles Franklin gestos, pensamientos y contradicciones que pudiera trasladar al personaje.

El reparto está lleno además de caras que nos ayudan a orientarnos. Christopher Chung abandona al Roddy Ho de "Slow horses" para convertirse en Harry. Anna Chancellor, aquella inolvidable Duckface de "Cuatro bodas y un funeral" (1994), interpreta a la abuela Bossier. Genevieve O'Reilly, nuestra Mon Mothma de "Andor" (2022-2025), es Helen. Y Kate Mulvany, a quien hemos visto en "Elvis" (2022) y "Hunters" (2020-2023), se divierte especialmente con Augusta.

El rodaje tuvo bastante menos de excursión campestre de lo que las imágenes pueden hacernos creer. La producción se estimó inicialmente en unos 17 millones de dólares australianos y la situación se complicó de tal manera que llegó a convertirse en una de las producciones televisivas de mayor envergadura realizadas hasta entonces en Australia Meridional.

Northeast contó que hubo momentos en los que unas cuarenta personas trabajaban únicamente en vestuario. Cada prenda debía confeccionarse, ajustarse y adaptarse a las necesidades del rodaje, y Sybylla podía llevar cinco capas de ropa al mismo tiempo mientras montaba a caballo, corría o bailaba. La actriz terminó definiendo la serie como el trabajo "más atlético" de su carrera.

Y hay algo especialmente acertado en esa incomodidad física. Sybylla no solo pelea metafóricamente contra las convenciones que quieren imponerle. También la vemos forcejear con corsés, faldas, capas y vestidos que representan exactamente a la mujer que su familia y su clase social esperan fabricar.

Christopher Chung tuvo que enfrentarse a un entrenamiento bastante diferente. Una de las primeras cosas que hizo al llegar a Australia fue aprender a manejar un látigo. Descubrió que buena parte del movimiento dependía de la muñeca y llegó a manejarlo con cierta soltura, aunque cuando hubo que rodar junto a Northeast la seguridad aconsejó poner límites razonables a su entusiasmo.

Las localizaciones aportan buena parte del placer visual de "Mi brillante carrera". Uno de los escenarios principales fue Yallum Park, cerca de Penola, una residencia construida en 1878 y protegida como patrimonio histórico. Poder utilizar un edificio auténtico del periodo permite que las habitaciones, los pasillos y los jardines tengan una densidad que suele perderse cuando todo nace en un decorado.

Pero aún importa más lo que ocurre fuera de las casas. El paisaje australiano aparece seco, abierto, polvoriento, atravesado por caminos que parecen conducir a cualquier parte y a ninguna. Los árboles están separados, el horizonte parece inmenso y Sybylla aparece muchas veces empequeñecida dentro de él.

En unas notas de producción podríamos escribir algo así: "exterior, campo australiano. Sybylla frente al horizonte. Hay espacio de sobra para huir y muy pocas carreteras por las que hacerlo". Ahí está buena parte de la contradicción del personaje antes de que diga una sola palabra.

La música toma una dirección completamente distinta a la que esperaríamos de una historia ambientada alrededor de 1900. En lugar de encerrarnos musicalmente en la época, aparecen folk pop, indie, glam y canciones contemporáneas que incluso entran dentro de algunas escenas. Escuchamos versiones de Young Turks, de Rod Stewart; Atomic, de Blondie; Scarborough fair o I love you always forever, interpretadas por artistas como Isabella Manfredi, Beckah Amani, Julia Jacklin y Thelma Plum, además de material de Kate Miller-Heidke.

El anacronismo funciona porque la música intenta expresar cómo siente Sybylla y no reproducir exactamente lo que habría sonado en un salón australiano de 1900. Es una forma bastante eficaz de meternos en su cabeza: vestidos del siglo XIX, emociones perfectamente reconocibles en 2026.

Y aquí conviene separar un poco la realidad de la ficción, porque la serie juega continuamente con ambas. Sybylla y Miles Franklin no son la misma persona, pero resulta imposible ignorar el parentesco entre una joven que reclama una vida creativa y otra joven que, contra buena parte de las expectativas sociales de su tiempo, escribió precisamente el libro que estamos viendo transformado en televisión 125 años después.

Liz Doran amplía además el universo de la novela con bastante libertad. Harry pasa a ser chino-australiano, aparecen personajes indígenas como Nell y Betty y se incorpora también una trama homosexual. Son decisiones contemporáneas, aunque se apoyan en realidades históricas que durante mucho tiempo quedaron fuera de los relatos más convencionales sobre Australia.

Las comunidades chinas llevaban décadas formando parte del país antes de la Federación. El Chinatown de Melbourne existe desde 1851 y, en 1901, más de trescientas personas de esa comunidad participaron en las celebraciones inaugurales del Parlamento federal. Ese mismo año, sin embargo, la Immigration Restriction Act puso las bases de la llamada política de la "Australia blanca", destinada a restringir la inmigración no europea.

Doran ha explicado que los guionistas comenzaron planteándose una pregunta bastante sencilla: quién vivía realmente en Australia alrededor de 1900 y quién había quedado fuera de las historias que después se contaron sobre aquel país.

La misma revisión afecta al papel de las mujeres. Australia Meridional, precisamente el territorio donde se ha rodado buena parte de la serie, había aprobado en 1894 el derecho de las mujeres a votar y a presentarse a las elecciones, un avance extraordinario para la época. Pero el derecho al voto resolvía muy poco de otras cuestiones mucho más cotidianas: la dependencia económica, las herencias que privilegiaban a los hombres o la necesidad de casarse para asegurar el futuro.

Ahí es donde Sybylla sigue resultándonos tan cercana. Para ella escribir significa ganarse la vida, pero significa también disponer de algo parecido a una habitación mental propia, elegir dónde vivir, decidir con quién compartir su tiempo y establecer quién puede entrar en esa vida. Shari Sebbens, actriz y productora asociada de la adaptación, lo ha resumido hablando de mujeres que quieren "algo con todo su corazón" y todavía encuentran resistencia cuando se atreven a decirlo en voz alta.

Quizá por eso "Mi brillante carrera" funciona mejor cuando dejamos de medir constantemente cuánto se parece a la novela de Miles Franklin o a la película de Gillian Armstrong y aceptamos que estamos ante una tercera criatura. Conserva el dilema esencial (amor, independencia, dinero, familia, creación) pero lo coloca dentro de una televisión más juguetona, más sensual y también más consciente de quienes habían quedado fuera del encuadre.

Liz Doran explicó que decidieron hacer "sin disculparse, una serie pensada para mujeres". Sería una pena convertir esa declaración en una frontera porque nosotros también podemos entrar en esa biblioteca, también conocemos la tentación de aceptar una vida segura y también entendemos que el título esconde una pequeña ironía.

La brillante carrera de Sybylla todavía no existe. Tiene que escribirla. Y durante seis episodios asistimos precisamente al momento en que descubre que la primera página consiste en algo tan sencillo y tan difícil como decidir qué vida será la suya.

Vídeo

"Mi brillante carrera" puede verse en España en Netflix

Carlos López-Tapia

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