Hollywood canalla: 90 años del estreno de "La parada de los monstruos", la película que provocó arcadas en Hollywood

Hollywood canalla: 90 años del estreno de "La parada de los monstruos", la película que provocó arcadas en Hollywood

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Querido primo Teo: 

Hace 90 años Tod Browning repugnó a Hollywood con “La parada de los monstruos” (1932). La siempre pacífica comunidad de Tinseltown no estaba preparada para ver un retrato tan despiadado sobre la condición humana y que tenía como protagonistas a los integrantes de una compañía de un circo, discapacitados en su mayoría y con severas deformidades. Tod Browning, que fue uno de los directores que impulsaron el cine de terror, vio que su película fue destrozada por el estudio Metro-Goldwyn-Mayer, prohibida en muchos territorios, y su carrera apenas logró remontar tras el escándalo. Fue en la década de los 60 cuando “La parada de los monstruos” comenzó a ser rescatada por la contracultura pero Tod Browning no pudo ver la resurrección de su obra maldita. 

Tod Browning hizo prácticamente de todo en el mundo del espectáculo, comenzó en el circo y de ahí saltó a los vodeviles haciendo números de magia y también como actor y director. Fue D.W. Griffith quien le ofreció la primera oportunidad en ese loco negocio nuevo llamado cine. Su carrera interpretativa se truncó en el año 1915 cuando sufrió un terrible accidente de tráfico que le destrozó la pierna derecha y dos años después se inició como director en la Metro en donde solamente dirigió dos películas. Alguien que fue fundamental en su trayectoria fue el productor Irving G. Thalberg, a quien conoció en una productora dependiente de Universal. Él fue quien le unió al actor Lon Chaney con quien formó una alianza exitosa, con títulos como “La rosa del arroyo” (1919), “El trío fantástico” (1925) o “Garras humanas” (1927), y que finalizó con la prematura muerte del actor más camaleónico que tuvo el cine mudo en el año 1930. En Universal Tod Browning dirigió el mayor éxito de su carrera, “Drácula” (1931), pero su relación con la compañía terminó de manera conflictiva ya que se le denegó el acceso al montaje de una cinta que terminó iniciando la senda en el género de terror.

Irving G. Thalberg, ya consagrado como jefe de producción de la Metro-Goldwyn-Mayer, acudió al rescate de Tod Browning y le proporcionó un suculento contrato con el Estudio, en donde ya había trabajado el director en el pasado, y el primer proyecto que tenía en mente era una adaptación de un cuento llamado “Spurs”, escrito por Tod Robbins, y que estaba ambientado en un circo. Thalberg fue el principal escudero de Browning en la compañía presidida por Louis B. Mayer y que presumía de tener más estrellas que en el cielo, ya que en su plantilla tenían a Greta Garbo, Norma Shearer, Joan Crawford y Clark Gable. Entre tanto glamour Mayer se negaba a darle el visto bueno a “La parada de los monstruos” pero cedió ante el empeño de su jefe de producción que estaba viendo con recelo los éxitos en el cine de terror que estaba cosechando la Universal con “Drácula” (1931) y “Frankenstein” (1931) de James Whale y consideraba que Browning, responsable de la primera, era un aliciente para captar a nuevos espectadores. 

“La parada de los monstruos” no deja de ser una obra que refleja la lucha de clases y que denuncia la doble moral y la intolerancia de la sociedad, un mensaje tan conveniente en las primeras décadas del siglo XX como en el mundo de nuestros días. La historia se desarrolla en una compañía francesa de circo en la que la mayoría de sus integrantes tienen severas deformidades. Uno de ellos es Hans, que padece acondroplasia, que deja a su novia Frieda porque ha iniciado una relación con Cleopatra, la hermosa trapecista del circo. Este nuevo romance en la compañía en realidad obedece a un plan. Hans ha heredado una fortuna y la trapecista quiere hacerse con ella y se alía a su amante que es el forzudo del grupo y que tiene el nombre nada original de Hércules. La malvada Cleopatra logrará casarse con Hans y le envenenará. Él no muere y las criaturas sospecharán de las intenciones de Cleopatra y Hércules y ejecutarán su venganza sobre ellos. Browning reivindica la diversidad, mostrando con naturalidad la cotidianidad de un grupo de personas con algún tipo de anormalidad física y pone énfasis en la necesidad en los más desprotegidos de formar una comunidad para defenderse de un ataque, un sentimiento que no puede estar más conectado a los grupos identitarios ansiosos de justicia social. 

“La parada de los monstruos” muestra los orígenes circenses de Browning que hizo un proceso de casting de lo más exhaustivo. Junto con el director de reparto Ben Piazza se recorrió varias ciudades de la costa Este de los Estados Unidos para reclutar a personas con severas anomalías que formasen parte de atracciones de feria. Se quería dar visibilidad a quienes se habían visto obligados a convertirse en parte de un espectáculo que no dejaba de ser denigrante. Los elegidos fueron entre otros los hermanos Harry y Daisy Earles, con acondroplasia, las siamesas Daisy y Violet Milton, la mujer barbuda Olga Roderick, Schlitzie, Elvira y Jenny Lee, los tres con microcefalia, Koo-Koo, apodada "la niña pájaro" por padecer Síndrome de Virchow-Seckel que le hacía tener un esqueleto muy reducido, el príncipe Randian, un hombre sin extremidades, y Josephine Joseph que era interesexual. Las “criaturas” compartían el reparto con actores profesionales como Olga Baclanova, una intérprete a la que ya daban por sentenciada por su incapacidad para adaptarse al cine sonoro pero que encontró con la pérfida Cleopatra el papel por el que sería recordada, Henry Victor (Hércules), Lelia Hyams, Wallace Ford y Roscoe Ates. 

Tod Browning se sintió cómodo rodando “La parada de los monstruos”, no así su reparto de criaturas de circo. Hubo un grupo de trabajadores de la MGM que presentaron una queja al Estudio para evitar que utilizaran el comedor de la compañía. Irving G. Thalberg, que consideraba a “La parada de los monstruos” una apuesta personal y que quería evitar mayores conflictos, habilitó otro comedor. Peor era el problema que había surgido entre las propias criaturas que eran incapaces de gestionar sus egos y eran constantes las peleas para acaparar la atención. Eso de trabajar en el mismo Estudio que Greta Garbo y Clark Gable se les subió de una manera exagerada a la cabeza. 

Los problemas para Tod Browning comenzaron cuando entregó al Estudio “La parada de los monstruos” y el resultado final espantó en los primeros pases. Buena parte de los espectadores que asistieron a dichas proyecciones de prueba desertaron y otros protestaron por haber presenciado un espectáculo de lo más grotesco, de hecho una espectadora amenazó con demandar al Estudio por haberle provocado un aborto. Los ejecutivos de la MGM estaban tan abochornados que trataron de impedir el estreno del film pero finalmente se optó por eliminar las partes que resultaron más desagradables a la audiencia y que estaban centradas en la ejecución de la venganza de las criaturas. También se le añadieron un prólogo y un epílogo para suavizar la historia. De la casi hora y media de duración “La parada de los monstruos” quedó con un metraje de apenas 64 minutos, el resto lamentablemente se perdió. 

El 10 de Febrero de 1932 se estrenó “La parada de los monstruos” en Los Ángeles con una respuesta desfavorable de casi toda la crítica y la oposición de los medios de comunicación que acusaron a la MGM de convertirse en una plataforma de explotación de criaturas de feria. El Estudio se defendió alegando que los discapacitados también tienen derechos de ser retratados en el cine pero, a pesar de los esfuerzos de sus responsables y de que Louella Parsons escribiera muy bien sobre la película, la polémica terminó devorándola y “La parada de los monstruos” fue retirada por la compañía antes de que finalizara su recorrido por todo el país. Fue una cinta que tuvo un presupuesto de 350.000 dólares de la época, no llegó a cubrir su inversión en la taquilla, tuvo una pésima distribución internacional y fue prohibida en el Reino Unido y también en otros países.

El escándalo de “La parada de los monstruos” acabó con la carrera de Tod Browning. El cineasta, que era bastante inaccesible y que ya había tenido problemas con otras compañías, tuvo que prescindir de su cualidad como autor, llegando incluso a no aparecer en los créditos para dirigir refritos de algunas de sus obras. Su último trabajo fue “Milagros en venta” (1939). Tod Browning falleció en su casa de Malibú el 6 de Octubre de 1962 a la edad de 82 años. Llevaba más de dos décadas aislado del mundo, viudo desde 1944, completamente alcoholizado y había perdido la voz debido a un cáncer de laringe.

Cuando Tod Browning falleció en 1962 Hollywood apenas le brindó un homenaje, tan solo el Gremio de Directores (DGA) celebró un acto en su memoria al que únicamente acudieron cuatro personas. La situación estaba a punto de cambiar. El origen de todo esto tiene que ver con una acción de Louis B. Mayer que, en un principio, pudo ser entendida como una manera de tirarla a la basura pero que en realidad la salvó del olvido. Después de que “La parada de los monstruos” se convirtiera en un escándalo y su carrera comercial fuera un desastre por ello, el presidente de la MGM vendió en 1947 sus derechos de explotación a Dwain Esper por un período de 25 años y por tan solo 50.000 dólares. Dwain Esper era un director, productor y exhibidor de películas de serie Z e incluyó el film de Tod Browning en un repertorio de películas sensacionalistas con las que sermonear a la audiencia. 

Gracias a la distribución de Dwain Esper “La parada de los monstruos” tuvo una segunda vida y comenzó a ser vista con otros ojos. Pocas semanas antes del fallecimiento de Tod Browning se pudo ver la película en el Festival de Venecia y tras el certamen llegó a ser estrenada en el Reino Unido. Todo eso contribuyó a que la película fuera descubierta por el espectador de la década de los 60, ese que empezaba a abrirse al mundo del cine clásico a través de los ciclos universitarios, la programación televisiva y la resurrección momentánea de algunas estrellas legendarias. El culto a la cinta de Browning comenzó en Europa y posteriormente se trasladó a los Estados Unidos a través de las proyecciones en festivales de cine y en sesiones golfas en las salas de arte y ensayo. 

La contracultura de la década de los 60 le hizo justicia a “La parada de los monstruos” y también a la figura de Tod Browning que lamentablemente permanecía ajeno a su resurrección artística. Es imposible hablar de las obras de directores como Tim Burton, Guillermo del Toro o Alex de la Iglesia sin mencionar el legado recibido de “La parada de los monstruos”, ni se crearían series como "Carnivàle" (2003-2005) o "American horror story" (2011), es más, ni se le daría el tratamiento reivindicador a las atracciones de feria de "El gran showman" (2017). A lo largo de estos últimos 60 años se ha tratado de hacerle justicia a la obra de Tod Browning, se la ha mirado de una manera mucho más humanista que en 1932. Al final las criaturas lograron hacer justicia. 

Mary Carmen Rodríguez 

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