"La vida fuera"
La web oficial.
El argumento: Roma, 1980. Después de que su obra magna, en la que ha estado trabajando durante una década, sea rechazada por el mundo editorial italiano, la escritora Goliarda Sapienza acaba en la cárcel por robar joyas, pero el encuentro con unas jóvenes reclusas resulta ser una experiencia que cambiará su vida. Tras su puesta en libertad y a lo largo de un sofocante verano, las mujeres se reencuentran, y Goliarda establece un profundo vínculo con Roberta, reincidente y activista política. Una conexión que nadie en el exterior puede entender realmente, pero a través de la cual Goliarda redescubre la alegría de vivir y el impulso de volver a escribir.
No conviene ver: En “La vida fuera” Mario Martone se centra en la figura de una escritora que alcanzó la gloria una vez fallecida cuando fue publicada su obra “L’arte della gioia” después de una vida azarosa de incomprensión y altibajos. Un personaje complejo que fue una adelantada a su tiempo pero que nunca llega a interesar ni a estar bien desarrollado en ninguna de sus dos tramas temporales a pesar de la fascinación que se nota que despierta en el director a la hora de reivindicar a Goliarda Sapienza para un nuevo público. La película se presenta como una propuesta marcada por la frustración. Su protagonista ve como la obra en la que más invierte es rechazada y ese derrumbe tanto profesional como personal la lleva a cometer un delito que la lleva a la cárcel. Es allí donde su vida da un giro inesperado. En el encierro conoce a un grupo de jóvenes cuyas vidas han estado llenas de abandono, rabia y marginalidad. Con ellas nace un lazo profundo y esa convivencia empieza a iluminar la oscuridad en la que se había sumido la protagonista y la ayuda a recuperar, entre otras cosas, la confianza en sí misma.
Cuando finalmente recupera la libertad, las mujeres que conoció en la cárcel siguen presentes en su memoria, y con ellas renace un impulso que llevaba tiempo adormecido: volver a escribir, encontrar de nuevo una voz propia capaz de narrar lo vivido, lo sufrido y lo aprendido durante el encierro. Es en ese trayecto donde la película alcanza su verdadera potencia. No pretende presentarse como una biografía complaciente, sino como una mirada franca y urgente, dura en algunos momentos y luminosa en otros. La película aspira a mostrar una transformación profunda, una especie de renacer íntimo. Mario Martone dirige con una sensibilidad que rehúye el artificio y no teme la aspereza, capturando con delicadeza esa mudanza interior que ocurre cuando la libertad vuelve, no solo en sentido físico, sino a través de los vínculos, la comprensión y la memoria compartida. Visualmente la obra opta por la sobriedad, la fotografía no tiene excesos estéticos, la cárcel aparece árida, la ciudad se muestra cálida. Esta sencillez refuerza la sinceridad del film de una autora que escribe para evadirse y que fue en la cárcel cuando conectó de verdad con otras personas dejando atrás diferencias sociales, culturales o de clase.
Las interpretaciones aportan una de las capas más sólidas de la obra. Valeria Golino encarna a la protagonista con una mezcla de fragilidad, tormento y valentía que la vuelve profundamente humana. Su evolución se siente real y dolorosa mostrando su complejidad y contradicciones, así como su dureza y fragilidad. A su lado, la frescura de Matilda de Angelis y el acompañamiento del resto del reparto otorgan cuerpo y alma a personajes complejos, llenos de contradicciones y fuerza interna. Juntas conforman un coro de mujeres que se apoyan, que luchan y que se niegan a desaparecer entre las sombras. Aun así, “La vida fuera” no ofrece un mensaje fácil ni reconfortante. Habla de errores, de injusticias sociales, de caídas bruscas y realidades que no se suavizan. Su mirada honesta exige cierta entrega por parte del espectador, porque lo que propone no es entretenimiento rápido, sino una experiencia emocional intensa. En ese viaje, la película invita a reflexionar sobre la libertad, sobre las oportunidades que nacen de la crisis y sobre el poder de reinventarse incluso cuando el horizonte parece derrumbarse a través de un personaje rebelde e incómodo para los cánones de la época que sufría la hipocresía y rechazo de los círculos tanto culturales como sociales de la época.
“La vida fuera" no deja de ser más que una de sobremesa que no sabe lo que cuenta y no transmite ni emoción ni complicidad en esa alianza femenina debido a una estructura desconcertante que mezcla realidad y ficción como si fuera la propia mente de la escritora lo que deja una historia confusa y caprichosa que la hace enrevesada. El contar también con un ritmo lento y una puesta en escena funcional deja un conjunto lánguido e inerte genera una sensación de tedio y desinterés a pesar de pretender lanzar un mensaje liberador y de redefinición a través del vínculo generado por estas mujeres. Todo ello a pesar del trabajo de Valeria Golino y Matilda de Angelis en sus momentos de conexión y sororidad por una sensual Italia funcionando mejor por separado que en conjunto ya que el ambiguo vínculo entre ambas no termina de fluir. No le deja en buen lugar que lo mejor sea sus créditos finales para esta historia de libertad, sororidad y manifestación creativa.
Conviene saber: A competición en el Festival de Cannes 2025.
La crítica le da un CUATRO












