"Siempre es invierno"
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El argumento: Miguel, arquitecto paisajista, viaja a Bélgica con su novia Marta para participar en un congreso. Allí se precipita el final de su relación, y tras la ruptura con su pareja decide quedarse a solas unos días más para tratar de recomponer su futuro. Roto y desubicado, Miguel conoce a Olga, una mujer que trabaja como voluntaria en el congreso de arquitectura. A su lado comenzará a reconstruirse y a entender en qué consiste su nuevo proyecto de vida.
Conviene ver: “Siempre es invierno” es una cinta intimista y entrañable que parte del viaje de un arquitecto junto a su novia para participar en un congreso y que termina siendo una travesía a la deriva conectando con lo más profundo de uno en su retrato del amor, los anhelos, las frustraciones y las oportunidades perdidas cuando se aboca el fin de la relación que ya se va intuyendo fruto del hastío y de una revelación telefónica que hará que ella regrese a España para reencontrarse con una antigua pareja. Un momento vital en el que ya se mira lo que ha quedado atrás con el retrovisor y que se aporta con una sensibilidad muy humanista impregnada de clasicismo y sentimiento con un rayo de esperanza pero también con una honda melancolía que hace que los resquicios luminosos se bañen también de amargura y que le hace conectar con el universo de Woody Allen que no suele estar muy alejado del del propio David Trueba.
Una tragicomedia sobre el duelo amoroso y esa sensación de vacío que provoca cuando las expectativas se ven truncadas y también el lugar de uno en el mundo mientras el paso del tiempo parece inexorablemente jugar en contra utilizando la metáfora del reloj de arena. La existencia son ciclos vitales y algo tiene que terminar para que otra etapa empiece y es lo que respira la cinta cuando el arquitecto se queda en Bélgica solo, en pleno bloqueo emocional, helado tanto por el frío como por lo abrupto del fin, y entra en contacto con una mujer madura, una sesentona que ejerce de voluntaria en la exposición, con la que siente una especial conexión y que le hace ver la vida, el amor y el sexo desde otra perspectiva más amplia y cómplice. David Verdaguer, Amaia Salamanca e Isabelle Renauld contribuyen a dar naturalidad a una cinta que habla de soledad, amores pasados y miedo al futuro pero que se aborda con sumo respeto y sensibilidad logrando, a pesar de su agridulce combinación de tristeza y romanticismo, terminar reconfortando invitando a estar abierto tanto a la soledad si es deseada como a las nuevas ilusiones.
Conviene saber: David Trueba adapta su propia novela en una cinta que inauguró el Festival de Valladolid 2025 participando en la sección oficial a concurso.
La crítica le da un SIETE












