Conexión Oscar 2018: Los guiones

Conexión Oscar 2018: Los guiones

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Querido Teo:

Si hacemos caso a la tradición y a la lógica (aunque el año de “Titanic” fue una excepción), películas como “Dunkerque” y “El hilo invisible” no tendrían ninguna posibilidad de alzarse con el Oscar a la mejor cinta del año. Es curioso lo de Paul Thomas Anderson, que si bien ha logrado tener cobijo en ese apartado siempre que alguna de sus películas ha tenido alguna nominación, este año se ha quedado fuera a pesar del empuje que ha tenido “El hilo invisible” en la recta final y el haberse llevado varios premios de las Asociaciones de Críticos. No obstante, si bien el Oscar a mejor guión adaptado está más que cerrado (tanto por méritos como en clave de premio a toda una carrera), el apartado de guión original es una auténtica lucha de titanes entre algunos de los títulos más destacados del año y que ayudará a desvelar por dónde marca la brújula en la impredecible noche de los Oscar.

Guión original

Emily V. Gordon y Kumail Nanjiani (La gran enfermedad del amor)

Emily V. Gordon y Kumail Nanjiani han llevado al cine su particular noviazgo marcado por una extraña enfermedad y por los prejuicios de ambas familias. Todo en una USA todavía marcada por la paranoia del 11-S y por el recelo que provoca la comunidad islámica en el país. Cogiendo esa premisa, entre lo trasnochado de la tradición y los aires propios de los nuevos tiempos y de la fusión más que del contraste de modos de vida en dos familias tan distintas, lo mejor es el culto a la stand-up USA, los guiños y la crítica a los arraigos sociales de cada religión, y unos personajes bien construidos en un texto que los actores no hacen más que elevar sintiendo la historia todos como propia. Una película que garantiza un buen rato y que, sin ser revolucionaria, logra tener un humor trasgresor y contemporáneo pero también deudor de ese género de comedia romántica que siempre viene bien que sea reivindicado como algo que ni mucho menos debe de quedar caduco.

La cinta cuenta con el director de la también muy recomendable “Hello, my name is Doris”, que a su vez ponía el foco en clave de comedia amarga con la historia de una relación romántica mal vista por su entorno, y aunque finalmente se ha quedado fuera de película (la nominación en el PGA y el SAG indica que no quedó muy lejos) y de actriz de reparto (una felizmente recuperada y divertida Holly Hunter) esta nominación a mejor guión original simboliza el reconocimiento a una de las apuestas más refrescantes del año a la hora de revalorizar un género siempre denostado.

Jordan Peele (Déjame salir)

“Déjame salir” se ha convertido en uno de los fenómenos de la temporada USA por combinar de manera notable el conflicto racial (a través de la presentación del novio negro a los padres de una joven) bañándolo de suspense, terror y sátira. Lo mejor es como trata temas espinosos con suma facilidad y desenfado de una manera muy refrescante sostenido en el cuarteto actoral y siendo lo más interesante esa tolerancia de boquilla que lleva a la chica a decirle a su novio que sus padres son tan poco racistas que habrían votado sin problemas a Obama por tercera vez de haber podido, o como éste es recibido casi como un mono de feria exótico frente a la hipócrita sonrisa y bonhomía de las apariencias que marca la clase burguesa blanca. La cinta sabe descolocar, mantener en permanente tensión y ser un paso más dentro del cine racial de los últimos años, aquí con ese aire supremacista, médico y psicológico frente a la inseguridad del que se siente diferente y vive con el estigma social de telón de fondo, bañando de cruenta sátira social la convivencia entre blancos y negros y la imagen que tienen entre ellos ambos colectivos.

Una analogía contemporánea, y en clave de terror más que de comedia, de todos los males, padecimientos, prejuicios y vejaciones que ha tenido que sufrir la comunidad negra a lo largo de los siglos. El revulsivo cómico del amigo, y analizada en su conjunto, son los elementos que provocan que no nos expliquemos el éxito de esta película a nivel de premios. Aun así, es meritoria la valentía y riesgo de Jordan Peele a la hora de abordar un proyecto complejo, mucho menos ligero de lo que podría parecer, siendo capaz de crear algunas de las escenas más recordables de la cosecha de este año.

Greta Gerwig (Lady Bird)

“Lady Bird” es una mirada nostálgica y evocadora a esos años de incertidumbre juvenil en los que, a punto de abandonar la adolescencia, llega el salto al vacío y el último intento de rebeldía antes de ya coger el rumbo definitivo de lo que queremos ser entre amores, amigos, la responsabilidad que uno se autoimpone y el respaldo y enfrentamientos con esa familia tan absorbente como necesaria. La directora echa la mirada a esos años llevándonos a un 2003 en el que ella tenía la edad de su protagonista, una Saoirse Ronan genuina e inconformista en una cinta que tiene un guión calibrado con una buena descripción de personajes y con el que Greta Gerwig encuentra una voz personal y madura que equilibra drama y comedia de tal manera que una parte no puede vivir sin la otra, algo que la hace muy reconocible y auténtica.

Una de esas películas conmovedoras en general y de culto para un tipo de espectador que conecte con la edad e inquietudes de la protagonista y que juega con estereotipos pero sin que chirríen y dándoles siempre un tono renovador. Una cinta con alma, la inquietud de querer ser uno mismo sin que los demás le moldeen (algo inevitable de la convivencia en sociedad), y escrita y rodada tanto con inteligencia como con cierta ironía que hacen que la protagonista tenga esa desbordante naturalidad y claridad de personajes como el de Natalie Portman en “Beautiful girls” o Ellen Page en “Juno”. Greta Gerwig ha depurado un estilo ya demostrado en sus trabajos para películas de Noah Baumbach y pocas veces se ha reflejado de una manera tan auténtica, sin efectismos cinematográficos ni trucos de guión, esa rebeldía juvenil como pórtico de la iniciación a una madurez inevitable.

Martin McDonagh (Tres anuncios en las afueras)

No sé si es el mejor guión pero sin duda sí que estamos ante una de las cintas mejor dialogadas, replicadas y que logra reinventarse a sí misma en determinado momento del metraje ofreciendo (sin grietas) todo lo que una historia nos puede presentar en el cine. Todo centrado en la incansable lucha de una mujer por sacar las vergüenzas del cuerpo policial de su pueblo al que acusa de no haber hecho nada para esclarecer y encontrar al culpable de la violación y asesinato de su hija. Una mujer malcarada y amargada, que vive con esa pena interior transformada en rabia e indignación, y que está dispuesta a hacer todo lo posible para llegar hasta el final al margen de las consecuencias que pueda acarrear para su negocio, familiares y amigos.

Una historia en la que se ofrece una brillante descripción de personajes, llenos de tonalidades grises, y en los que ninguno es bueno ni malo, sino que son tan complejos como los que conforman los de la propia vida plasmados en esa USA profunda desengañada y que baña sus penas en alcohol, partidas de billar o rodeos. Un guión fresco e intrigante, con unos diálogos y unas réplicas de matrícula y llenas de humor negro, son un material idóneo para un reparto conjuntado y en estado de gracia que no hacen más que elevar el depurado estilo de un McDonagh que va más allá de la mirada poco complaciente y transgresora de sus otros trabajos para, sosteniéndose en un guión sin fisuras, valiente y redondo por todo lo que propone sin trastabillarse, ofrecer un trabajo sobresaliente teniendo, además, de tener una tremenda habilidad para conectar con el público.

Guillermo del Toro y Vanessa Taylor (La forma del agua)

Del Toro ha construido quizás su película más redonda llevando a un nivel más todos los terrenos que exploró en “El laberinto del fauno”; tanto los sobrenaturales como los emotivos. Estamos ante una fábula sentida y nostálgica con humor, romance y guerra fría. Una mezcla explosiva que bien podría desbarrar pero que debido a su impecable puesta en escena nos remite a un lugar inconcreto pero que, estando ambientado en los años de la Guerra Fría, tiene un aire atemporal que nos evoca tanto a un entorno victoriano como contemporáneo. Una dirección exquisita que cuida los detalles al máximo y que, partiendo de la historia de una chica inadaptada, pasa por una fábula sencilla y bonita de ver que incluso se atreve a denunciar la precariedad del sistema laboral, un canto de amor y derecho a sentir de los oprimidos tanto por estatus social, raza o condición sexual, y sazonar una secundaria pero intrigante historia de espionaje en esos años de una USA en la que se veían comunistas hasta debajo de la alfombra.

“La forma del agua” es la película perfecta para superar los prejuicios del género y una cinta tan deliciosa como perfecta en todas sus facetas en la que, a pesar del tono habitual que utiliza el director bordeando incluso lo excéntrico y lo gore, algo de lo que no es ajena esta cinta entroncando en esa parte con Terry Gilliam o Jean-Pierre Jeunet, se maneja en una armonía en la que todo encaja como la más perfecta de las sinfonías. Precisamente tantas referencias en su cine han provocado que (con la película que ha logrado más visibilidad a nivel de premios de la carrera del mexicano) las acusaciones de plagio hayan manchado su carrera final hacia el Oscar y, por ende, sus posibilidades en guión siendo el cuarto trabajo en opciones de los cinco nominados.

El dictamen

Ganará: Martin McDonagh (Tres anuncios en las afueras)
Alternativa: Jordan Peele (Déjame salir)
Quiero que gane: Martin McDonagh (Tres anuncios en las afueras)
Echo de menos: Paul Thomas Anderson (El hilo invisible)

Guión adaptado

James Ivory (Call me by your name)

En su cuarta nominación (y cuando menos nos lo esperábamos), a sus 89 años, y lejano ya su lustro dorado a primeros de los 90, James Ivory se alzará con el Oscar en esa colaboración casi a cuatro manos que ha llevado a cabo con Luca Guadagnino, director de “Call me by your name” en la adaptación de la novela de André Aciman. Un verano de gozosa iniciación y de revelador descubrimiento para un joven de 17 años que vaguea y sestea con las hormonas alborotadas en el descanso vacacional familiar en la Riviera italiana. Sutilidad, sensibilidad, elegancia y una naturalidad que lo inunda todo y que nos lleva a ser, más que nunca, voyeuristas de lo que está pasando en la pantalla, de una manera tan idealizada en la forma pero verista en lo emocional.

Aun así la relación entre Guadagnino e Ivory no ha estado exenta de trifulcas a la hora de encarar la historia. Guadagnino tuvo la personalidad y los arrestos de rechazar algunas de las aportaciones del cineasta como fue el caso de incluir una voz en off o de rebajar algunas escenas que incluían sexo más explícito y desnudos frontales de los protagonistas. Algo que hubiera sido entendible en el contexto de la historia y de esa pulsión romántica que se transmite pero que es verdad que ha permitido ahorrarse un episodio polémico que los más puristas (y los que cuestionan que se idealice una relación que tiene como uno de sus integrantes a un menor de edad en un Hollywood tan hipersensible) habrían esgrimido con saña. Lo que sí que ha hecho Ivory es eliminar los segmentos de la novela en los que se habla de cómo fue la vida de Elio y Oliver después de ese memorable verano dejándolo en todo lo alto con un final con ojos lagrimosos entre llamas en el que sobran las palabras.

Scott Neustadter y Michael H. Weber (The disaster artist)

Si “La la land” era todo un canto a los soñadores también hay algo de eso en “The disaster artist” aunque sea a través de un personaje inconsciente y excéntrico que encaró el rodaje de su película entre su visión ególatra, sus delirios de grandeza y un continuo sentimiento de manía persecutoria al tener que dirigir a un equipo que no sabía cuál era su función en ese circo y asistía atónito al desastre para el que consiguió sin saberlo muy bien 6 millones de dólares de presupuesto logrando su idea de rodar la película tanto en 35mm y video HD utilizando también unos cromas imposibles. La cinta empieza por la amistad que surge entre Tommy y Greg, desde los tiempos en el que la inseguridad del segundo es apoyada en la desbordante personalidad del primero, el cómo surge el proyecto derivando en los intríngulis de un rodaje digno de “¡Qué ruina de función!” y alargado durante seis meses, y finalmente en la noche de la premiere en que se proyectó la cinta para asombro, estupor y risas de los asistentes que, no obstante, supieron ver la empresa cumplida por parte de un soñador petulante e inconsciente siendo ovacionado como tal.

En un proyecto, adaptación de las memorias sobre el rodaje de Greg Sestero escritas junto a Tom Bissell, en el que se respira el empeño personal de Franco y el tributo a una forma de encarar la vida y tus sueños personales, el guión acierta en el tono, no cayendo en la parodia, sino en retratar con cierto halo de tristeza y compasión la clásica figura de juguete roto que lo es antes de comenzar la partida en el juego de Hollywood y lo duro y sacrificado que es hacerse un hueco en él así como los sinsabores de la profesión de actor.

Scott Frank, James Mangold y Michael Green (Logan)

“Logan” es la despedida en forma de western crepuscular del personaje de Lobezno encarnado por Hugh Jackman en nueve películas desde la primera vez en “X-Men” en el año 2000. Comparada en calidad, pretensiones y estética con “Mad Mad: Furia en la carretera”, cintas como ésta demuestran la buena salud del cine comercial como espectáculo si se aborda con inteligencia y no como una propuesta casi robótica en su ejecución sino con la épica necesaria para mantener el interés, el drama de personajes y la emoción basada en la nostalgia en las múltiples referencias que rememoran toda la evolución de unos personajes a los que conocimos en sus momentos de gloria pero que ahora, conscientes de que su tiempo ha pasado, viven como proscritos tendentes a la extinción y también con el remordimiento provocado por un hecho que provocó la desaparición mutante.

Una cinta que se centra en el ocaso de sus personajes y que aborda con tranquilidad la narración de un argumento mínimo en el que lo más importante no es eso; sino ese discurrir tan orgánico como el que es la vida y la mirada hacia atrás con una tibia esperanza frente a un aire meditabundo que navega entre la tristeza en una ambientación fronteriza situada en 2029. Se nota que James Mangold ha tenido total libertad y por ello se permite ese ritmo, ir armando la historia poco a poco y no renunciar al gore siendo una buena muestra del cansancio del héroe con un Logan que ha perdido la rotundidad física y de poderes haciéndole más humanizado que nunca y teniendo los mismos problemas que cualquier mortal mientras ayuda a mantener con vida a un mentor Xavier que depende más que nunca de él como vemos en el inicio por el desierto conduciendo una limusina y consiguiendo medicamentos. Cine de superhéroes sobre lo que somos como especie, el mundo del que hemos sido responsables y que ya no podemos reparar, y un western crepuscular con el pretexto mutante que le ha llevado a ser la primera película de superhéroes al uso nominada en este apartado.

Aaron Sorkin (Molly´s game)

“Molly´s game” es el debut en la dirección de Aaron Sorkin tras ser considerado uno de los guionistas cinematográficos y televisivos más influyentes (y reverenciados y criticados a partes iguales) de nuestro tiempo. La cinta adapta las memorias de Molly Bloom, una esquiadora y estudiante que, tras no poder acceder a los Juegos Olímpicos tras un aparatoso accidente, cambió de rumbo y (tras un periodo de camarera) se puso a organizar eventos de póker con los que se hizo millonaria con sólo 26 años pasando por ellos medio Hollywood convirtiéndose en un pequeño círculo de poder entre negocios y chanchullos. Lo primero que nos sorprende es que Sorkin logra mantener en su debut ese ritmo endiablado de los diálogos también en una puesta en escena abrumadora que garantiza un entretenimiento continuo ya que en la cinta siempre están pasando cosas; bien de manera narrativa, por lo bien que lucen las partidas de poker y el mundo que le rodea en pantalla, y también (y eso es trabajo de guión) por meternos en la cabeza de esa Molly que pasa a convertirse en una abeja reina en este imperio y terminando siendo víctima de su propia encrucijada en un juego de gran riesgo, no sólo para los jugadores, sino para todos los que están metidos en él por la presión que supone y los continuos intereses en liza que se presentan.

Al guión, sostenido en monólogos y diálogos con la solidez, enjundia y profundidad (a veces “bigger than life” marca de la casa), lo que se le puede achacar es la compasión dirigida hacia el personaje por parte de Sorkin (lógico teniendo en cuenta que adapta las memorias de la propia protagonista) más allá de las infracciones que cometiera Molly Bloom en la vida real al bañarse su experiencia de trauma por la exigencia paterna y un secreto del pasado lo que es una trama de evasión de impuestos en la que se ve envuelta, así como las reiteraciones que acaban lastrando a la película en duración a pesar de su ritmo endiablado.

Virgil Williams y Dee Rees (Mudbound)

“Mudbound” es el segundo trabajo de la directora Dee Rees, tras conseguir parabienes en los circuitos “indies” con “Pariah” en 2011, y aunque parece en un primer momento que va a coger el testigo de las películas recientes con temática de reivindicación racial, no se queda en la superficie del problema sino que se adentra en el drama familiar y social de una familia en un pueblo del Mississippi en la década de los 40; con el trauma de la Segunda Guerra Mundial y sus coletazos de fondo, la miseria de esos años y la dependencia de los recursos agrícolas y ganaderos, con dos familias, una blanca y otra negra, enfrentadas por la jerarquía social arraigada en la tradición e idiosincrasia del país lo que impide la amistad de dos de sus hijos; a la postre supervivientes que vuelven a casa noqueados por lo vivido en la guerra. Un “Los mejores años de nuestra vida” a escalón de la América profunda.

Con menos aspiraciones que “12 años de esclavitud” o “El nacimiento de una nación” a la hora de tratar el “vía crucis” de la comunidad negra a lo largo de la Historia, el guión adaptando la novela de Hillary Jordan llega a donde quiere que no es a otra cosa que dar voz tanto a blancos como a negros (cualquier historia suele tomar partido por uno de los dos bandos) no fomentando sus diferencias sino compartiendo y transmitiendo desde ambas familias el mismo dolor humano auspiciado por un racismo congénito que, a pesar de los avances, sigue costando de erradicar generación tras generación.

El dictamen

Ganará: James Ivory (Call me by your name)
Alternativa: Virgil Williams y Dee Rees (Mudbound)
Quiero que gane: James Ivory (Call me by your name)
Echo de menos: Matt Greenhalgh (Las estrellas de cine no mueren en Liverpool)

Nacho Gonzalo

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Comentarios

Nicolas07 - 01.03.2018 a las 03:33

Tan solo diré que el trabajo de guión de “Lady Bird” es superlativo al de “Get Out” que peca en ocasiones por obviedad y que es más idea original que guión en sí mismo y “Three Billboards Outside Of Ebbing, Missouri” que aunque con su humor negro, su paso emocional en la construcción de los personajes, ese toque ácido en cada palabra que sale de los mismos y los factores argumentativos que aborda (pertinentes hoy en día) es de valorar. He de resaltar que la naturalidad, empatía, su soltura (frescura), familiaridad y conexión directa con el espectador que nos deja “Lady Bird” está por encima de las anteriormente mencionadas.

‘Lady Bird’ es de lejos el mejor guión y si la academia decide en los tiempos de Time´s Up darle el Oscar a Greta Gerwig en esté apartado ya que sus opciones en dirección son más reducidas, sería más que meritoria. Por otro lado, ya he esbozado mí deseo de que los debería ganar ganen, pero ateniéndome un poco tendría que decir que:

Guión Original:

Ganará: Martin McDonagh ‘Three Billboards Outside Of Ebbing, Missouri
Podría ganar: Greta Gerwig “Lady Bird”
Debería ganar: Greta Gerwig “Lady Bird”
Debería estar nominada: Paul Thomas Anderson “Phantom Thread”
Sorpresa a ganar: Guillermo del Toro y Vanessa Taylor “The Shape of Water”

En guión adaptado no hay mucho que decir, tan sólo que o gana “Call Me By Your Name” o gana “Call Me By Your Name”:

Ganará: James Ivory “Call me by your name”
Alternativa: Virgil Williams y Dee Rees “Mudbound”(Aunque en realidad ninguna de las cuatro restantes es una opción a ganar).
Debería ganar: James Ivory “Call me by your name”
Debería estar nominada: Matt Greenhalgh “Film stars don´t die in Liverpool”
Sorpresa a ganar: Virgil Williams y Dee Rees “Mudbound” o Scott Neustadter y Michael H. Weber “The Disaster Artist”

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