Conexión Oscar 2019: Festival de Toronto (II): “Ha nacido una estrella”, “The front runner”, “Destroyer”, “Red Joan” y “Gloria Bell”

Conexión Oscar 2019: Festival de Toronto (II): “Ha nacido una estrella”, “The front runner”, “Destroyer”, “Red Joan” y “Gloria Bell”

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Querido Teo:

En la segunda jornada del Festival de Toronto ya han llegado algunas de las películas con hechuras de Oscar que iremos viendo los próximos días. Una de ellas es sin duda “Ha nacido una estrella”, la gran apuesta de Warner Bros. para la próxima temporada que es tanto la cuarta versión de esta historia de auges y caídas artísticas y personales, algo que por mucho que pasen las décadas siempre tiene reclamo cinematográfico, como un sorprendente y enérgico debut de Bradley Cooper como director y la presencia de una no menos torrencial Lady Gaga que pone potente voz (eso ya se sabía) y sabio proceder interpretativo (esto no tanto).

Bradley Cooper debuta tras las cámaras con el remake de “Ha nacido una estrella” a cargo de Warner Bros. El proyecto llevaba tiempo dando vueltas por el Estudio; incluso se barajó la posibilidad de que lo dirigiera Clint Eastwood y hasta se escucharon los nombres de Tom Cruise y Beyoncé para protagonizarlo. Clint se centró en “Jersey boys” para sacarse la espinita musical ante el embarazo de la cantante y fue Cooper el que produce la cinta junto a Jon Peters, Bill Gerber y Basil Iwanyk y también la protagoniza heredando el proyecto del propio Clint tras coincidir ambos en “El francotirador” y por la cual Cooper consiguió una de sus, hasta ahora, 3 nominaciones al Oscar. La película está basada en la obra del mismo título de 1937 dirigida por William Wellman y protagonizada por Janet Gaynor y Fredric March y que cuenta la historia de una estrella de cine que ayuda a una joven actriz a subir al estrellato mientras que el alcoholismo y la edad van minando su propia carrera. El remake de Bradley Cooper es la tercera versión de la película original, ya que se volvió a rodar en 1954 con Judy Garland y James Mason bajo la dirección de George Cukor (probablemente la mejor) y una vez más en 1976 con Barbra Streisand y Kris Kristofferson a cargo de Frank Pierson (de la que más bebe esta nueva versión). Salvo esta última, las anteriores funcionaron bien en el tema de los Oscar y Cooper ha logrado convencer con una adaptación más libre, country, rockera y contemporánea tratando eso tan eterno de los altibajos de la fama y lo efímero que puede ser nuestros ídolos (e incluso nosotros mismos) si a eso le añadimos traumas del pasado o adicciones varias.

Lo que destaca de esta nueva versión es la brutal química y magnetismo de Bradley Cooper y Lady Gaga que se manifiesta sobre todo en una primera hora magistral en la que ponen todas sus cartas sobre la mesa y convirtiéndolo en pura dinamita cinematográfica. Es verdad que la segunda parte decae porque ya sabemos lo que ocurre, y el lucidor aspecto musical queda en un segundo plano ante el distinto viaje emocional que emprende cada uno de ellos, pero sin duda estamos ante uno de los éxitos de esta temporada con una banda sonora que se convertirá en todo un pelotazo compuestas por canciones originales entre las que destacan la que ya daba por sí fuerza al trailer (y que culmina esa hora de puro disfrute que reseñábamos con la actuación en directo de ambos) y un número final a cargo de Lady Gaga con todo un teatro expectante y que podría recordar por su fuerza al Audition de Emma Stone en “La la land” en el que el rostro y los ojos de la artista lo dicen todo. Lo destacable en este caso es que Lady Gaga deja atrás el mito que le rodea y vemos a la persona que hay detrás, construyendo un personaje del que nos creemos que venga de un entorno difícil y algo choni buscando su oportunidad, que le llega cuando el personaje de Bradley Cooper la descubre en el club de transexuales en el que actúa en ocasiones. Esperemos que los prejuicios, no sería objetivo, pesen la candidatura de una Lady Gaga que debería disputar la victoria sin ninguna inseguridad por su parte al arrasar en lo musical y sorprender de manera sobresaliente en lo dramático, así como un Bradley Cooper que difícil será que no salga premiado aunque sólo sea por haber levantado con su debut este proyecto desde diversas facetas, seguramente con más opciones como actor que como director por todo ese recorrido que emprende mientras sentimos su sudor, su talento para tocar la guitarra y entonar de manera aguardentosa por el alcohol que corre por sus venas mientras su carrera se pone en jaque. Desde luego “Ha nacido una estrella” es otro gran ejemplo del reverdecer del cine musical como fenómeno para el público. Concebida para eso y para que los Oscar y la taquilla puedan volver a ir de la mano en esta actualizada revisión del clásico mito de los demoledores y oligofrénicos vaivenes del mundo del espectáculo.

Jason Reitman es uno de los habituales de Toronto a pesar de que su carrera haya quedado bastante por debajo de lo que se esperaba de él cuando se reveló al mundo con la ácida “Gracias por fumar” y la sobrevalorada “Juno”. El resto de sus títulos no han llegado al alcance de los mencionados y da la impresión de que su carrera sigue en caída libre (con las honrosas excepciones de las notables “Young adult” y “Tully”) pero con “The front runner” vuelve a morder el polvo con una premisa mucho más interesante de lo que se ha traslucido en su torpe desarrollo centrándose en Gary Hart, un popular senador estadounidense, símbolo de ese concepto del “buen americano” con el que se vende a los líderes del país, que se presentó a la presidencia para ser elegido por los demócratas pero que vio que su campaña para 1988 se fue al traste tras unas revelaciones de relaciones extramatrimoniales. Lo que se esperaba como un ingenioso thriller político, con sorna y radiografía de los intringulis de las relaciones entre políticos y periodistas, con caravanas en campaña que les lleva de estado en estado y que son como pequeños microcosmos de la sociedad de la época, lleva a que una vez más Jason Reitman se pase de sobrio y presente una cinta que al final ni tiene alma ni engancha como debiera. Hugh Jackman está correcto pero se quedará en la cuneta hacia los premios.

Nicole Kidman vive un momento dulce y este año se encuentra en liza en la carrera con “Destroyer”, un thriller negro ambientado en Los Ángeles dirigido por Karyn Kusama, responsable de la interesante “The invitation”. La actriz, con voz y aspecto irreconocible, interpreta a Erin Bell que trabajó en su juventud como policía encubierta en una peligrosa banda del desierto de California. Su incursión en el mundo de la mafia tuvo consecuencias fatales para su mente de las que cree haberse recuperado. Sin embargo, cuando el líder de la banda vuelve a dar señales de vida, Bell sufre una odisea moral y existencial. La única solución para olvidar sus fantasmas pasa por retomar el contacto con viejos miembros del grupo, intentando comprender cuáles fueron los motivos que destruyeron su pasado. Nicole Kidman se marca su particular “Drive” o “Good time” en una película de esas que llaman de violencia estilizada en la que da vida a una ex policia infiltrada y traumatizada que intenta ajustar cuentas con el pasado y con una secta que, por otro lado, no es lo mejor dibujado en el film. Brillante Kidman volviendo a callar la boca de esos que hace sólo unos pocos años sólo hablaban de ella por sus arreglos estéticos o por su fragilidad. Aquí se vuelve a demostrar el talento de una actriz que tira su característico glamour por el sumidero dando vida a una mujer rota física y psicológicamente que, sabiendo que no puede salir a flote, intenta con su último aliento ponerse en paz con lo que vivió y con unos recuerdos que, al igual que se agolpan en su cabeza de manera, pueblan la película de manera habitual durante todo el metraje, de manera caótica, lo que hace todavía más impactante la interpretación de Kidman al rescate de la cinta y demostrando así como esos hechos que sufrió la han cambiado para siempre en una encarnación exigente, de tripas para fuera y que lleva a la actriz a un viaje emocional físico y psicológico de altura. Una de esas películas pequeñas, a pesar de que la lleva un Estudio tan al alza en la bolsa de valores de los premios como A24, pero que hará ruido sobre todo por el trabajo de una actriz que prosigue los cánones de sorprender a crítica y público rompiendo esquemas preconcebidos como ocurrió en su día con Halle Berry por “Monster´s ball” o Charlize Theron por “Monster”.

“Red Joan” de Trevor Nunn servirá de percha para el próximo premio Donostia de Judi Dench pero de momento no tiene distribución en USA. Aunque la consiga no parece que la película tenga mucho que hacer en ligas mayores. Estamos ante un telefilm basado en hechos reales con el habitual sello british aunque algo deslucido y pobre. La presencia de Judi Dench sabe a poco ya que sobre todo se centra en la trama juvenil del personaje, basada en la vida de Melita Norwood (Joan Stanley en el film), la espía británica que estuvo más tiempo al servicio de la KGB y que a su vejez fue detenida por las autoridades por su colaboración con los rusos a la hora de pasarles información para la construcción de la bomba atómica y el armamento nuclear. Sophie Cookson (Roxy en las películas de “Kingsman”) la interpreta en esa etapa. La cinta divaga en los testimonios que la anciana declara a la policía mientras vemos lo que le llevó a actuar así, una mezcla de profesionalidad y espíritu científico por encima de cualquier nacionalidad, amores en su vida y activismo político. Una película muy discreta de mero relleno en un festival como éste.

“Gloria Bell” es el remake que ha hecho el propio Sebastián Lelio de su aclamada película protagonizada por Paulina García y que ahora encarna Julianne Moore. El propio director se ha permitido adaptar uno de sus trabajos más lucidos y disfrutables (nada desmerecedor frente al Oscar de “Una mujer fantástica”) para hacerlo conocido para el público USA y lo hace siguiendo punto por punto, y canción por canción de las que escuchaba la protagonista en su coche, el esquema y argumento de la cinta lo que le resta efecto sorpresa. Aun así, Julianne Moore está estupenda en un personaje que combina fragilidad y determinación a la hora de cómo encarar los 60 para una mujer y cómo sufre el síndrome de sentirse sin importar a nadie al estar divorciada y sin hijos a cargo, cuando ha estado toda la vida sacrificada por ellos y va de pub en pub en busca de algún ligue (en este caso un eficaz John Turturro). En el pase con el público la gente ha disfrutado de lo lindo ante la fuerza del personaje y los hits musicales (como la inmortal canción italiana que da nombre al personaje o el Total eclipse of the heart de Bonnie Tyler) que elevan cualquier espíritu y traca final fílmica.

Nacho Gonzalo

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