Conexión Oscar 2021: Los intérpretes que han llegado a los Oscar de manera póstuma

Conexión Oscar 2021: Los intérpretes que han llegado a los Oscar de manera póstuma

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Querido Teo:

Chadwick Boseman es una de las grandes pérdidas del 2020 y Hollywood llora todavía su ausencia. Una corriente de emotividad que tiene que ser muy tenida en cuenta en la carrera de premios de este año en la que el actor cuenta con dos bazas como son, por un lado, "La madre del blues" en la categoría protagonista y "Da 5 bloods: Hermanos de armas" en la de reparto pudiendo alcanzar, incluso, la doble nominación este año. En el caso de ganar el Oscar se convertiría en el tercer actor en conseguirlo de manera póstuma tras Peter Finch por “Network, un mundo implacable” en 1977 y Heath Ledger por “El caballero oscuro” en 2009 pero hay otros intérpretes que tuvieron la posibilidad de ganar el Oscar una vez ya fallecidos aunque se quedaran sólo con la candidatura.

Jeanne Eagels por “The letter” en 1930

Jeanne Eagels fue una de esas actrices aspirantes a luminaria que llenaron Hollywood en sus primeros años. Procedente de Kansas City llegó a Nueva York en 1911 con ese firme propósito a sus 21 años después de recorrer el Medio Oeste norteamericano en el show de los hermanos Dubinsky. Trabajó como corista y alternó cortos y apariciones en Broadway ganando cada vez más peso en los repartos. En 1922 hizo su primer papel como protagonista en la obra “Rain”, basada en un relato de William Somerset Maugham, en la cual interpretaba a Sadie Thompson. Hizo una gira con dicha obra, representándola por última vez en Broadway en 1926.

Tras una temporada en Broadway, se tomó un descanso en su actividad teatral para rodar una película junto a John Gilbert, la producción de MGM “Man, woman and sin” (1927), pero al año siguiente fue vetada por el sindicato Actors Equity tras no presentarse en una función que tenían programada en Milwaukee (Winsconsin). Debido a los 18 meses de penalización en el teatro pudo rodar dos films sonoros para Paramount Pictures, “The letter” y “Jealousy”. Justo antes de su retorno a las tablas con una nueva representación en Broadway, Eagels falleció repentinamente el 3 de octubre de 1929 en la ciudad de Nueva York. Tenía 39 años de edad. Las causas exactas del fallecimiento no se conocen, pero se apunta a que fue consecuencia de sus problemas con el alcohol y la heroína.

Aunque en la edición de los Oscar de 1930 no hubo nominados oficiales sí que es una de las actrices que la Academia tuvo en cuenta ese año a la hora de dar los ganadores de la segunda edición de los premios por lo que se le considera la primera nominación póstuma en la Historia de los Oscar.

James Dean por “Al este del Edén” en 1956

Un espíritu rebelde, tres películas, una mirada desvalida y una muerte prematura sirvieron para convertir a James Dean en leyenda e icono popular. Uno de los miembros de esa generación formada, entre otros, por Marlon Brando, Paul Newman o Montgomery Clift y que parecían dispuestos a beberse la vida en sus inicios. Dean vivió muy rápido, fue infeliz, pero mostró un talento salvaje que todavía estaba por pulir.

Amaba el teatro y antes de salir de su pueblo ya había representado varias obras. A los 18 años viajó a Los Ángeles donde cursó sus estudios en la Universidad de California y a finales de 1949 empezó a conseguir pequeños papeles en cine y televisión, también hizo un famoso anuncio de Pepsi (ese día conoció a su representante Isabelle Dreasemer). Pronto se trasladó a Nueva York para estudiar interpretación en el famoso Actor's Studio donde conoció a los talentos más destacados de su generación y a directores como Elia Kazan que confió en él para “Al este del Edén” al considerar que su aire introvertido encajaba muy bien con su personaje, uno de los dos hijos que compiten por el cariño de su padre, un granjero de California, en la adaptación de la novela de John Steinbeck.

“Al este del Edén” consiguió 4 nominaciones al Oscar y reportó a Jo Van Fleet la estatuilla a la mejor actriz de reparto. El Oscar al mejor actor recayó ese año en Ernest Borgnine por “Marty”.

James Dean por “Gigante” en 1957

James Dean se sumó tarde al rodaje de “Gigante” de George Stevens porque todavía estaba rodando escenas de “Rebelde sin causa”, la cinta que en realidad asentó su base iconográfica. Un drama sureño y épico en el que se forma un triángulo amoroso marcado por la codicia y las apariencias cuando un rico terrateniente (Rock Hudson) llega a su rancho de Texas con su bella esposa (Elizabeth Taylor). Jett Rink, el arrogante trabajador que encuentra petróleo en unas tierras heredadas, tenía también rasgos de Dean, ya que ambos eran personas solitarias, recibiendo el actor el mandato del Estudio de no participar en carreras de coche durante el rodaje, pasión que ya estaba poniendo en práctica y que ponía de los nervios a los productores ante sus evidentes peligros.

En cuanto terminó el rodaje de “Gigante”, James Dean se propuso competir en una carrera en Salinas, cerca de San Francisco, con su nueva adquisición, un Porsche Spyder 550, bautizado como “Little Bastard” por Bill Hickman, otro corredor, amigo personal de Dean que formó parte de su equipo como instructor, siendo especialista en rodajes de escenas peligrosas con coches. Dean encontró la muerte probando el coche antes de llegar a Salinas para participar en la carrera, en el cruce 41-46 de la localidad de Cholame (California), tras un frenazo al cruzarse con un Ford que conducía un estudiante a gran velocidad. Dean iba acompañado por su mecánico, saliendo ambos despedidos del coche, rompiéndose éste una pierna y fracturándose la mandíbula. El estudiante únicamente se rompió la nariz y se lesionó el hombro pero Dean murió prácticamente en el acto al romperse el cuello. Era el 30 de Septiembre de 1955 y el actor que llegaría a símbolo de una época sólo contaba con 24 años de edad.

La muerte de James Dean convirtió todavía más en acontecimiento el estreno de “Gigante”, una de esas superproducciones más grandes que la vida en las que Hollywood sacaba pecho en una epopeya de más de 200 minutos que adaptaba la novela de Edna Feber. Las fans lloraban a Jimmy, convertido en icono estético para una juventud que pretendía romper con el clasicismo que representaban sus padres, y siendo también una gran influencia para la moda y la música de ahí en adelante. La cinta tuvo 10 nominaciones al Oscar pero sólo se hizo con el premio a la mejor dirección para George Stevens. Tanto James Dean como Rock Hudson fueron nominados pero el Oscar al mejor actor recayó en Yul Brynner por “El rey y yo”.

Spencer Tracy por “Adivina quién viene esta noche” en 1968

“Adivina quién viene esta noche” fue la novena y última película que rodaron juntos una pareja icónica del cine clásico, Spencer Tracy y Katharine Hepburn. Katharine llevaba casi una década alejada del cine, periodo en el que sólo había rodado "Larga jornada hacia la noche" (1962), su relación con Spencer era cada vez más fuerte debido a la necesidad de éste. El actor cada vez estaba más enfermo, con múltiples problemas en órganos vitales como el corazón, el hígado o los pulmones, por lo que Kate se fue alejando de su carrera y de sus amigos para estar todo el tiempo posible cuidando al amor de su vida.

Fue el director Stanley Kramer, amigo de la pareja, el que les convenció para que volvieran al cine en un delicioso guión en el cual tendrían que interpretar a una pareja madura, que siempre se ha jactado de ser liberal y de difundir buenos valores a su hija, que se queda estupefacta cuando ésta les comunica que ha decidido casarse con un médico de cuarenta años internacionalmente respetado, eso sí, teniendo en cuenta el detalle (todo un shock para la clase burguesa de la época) de que el prometido es negro.

Spencer Tracy moriría diez días después de terminar el rodaje tras despedirse del cine y de la vida pública con un antológico monólogo en el final de la película que defiende el amor por encima de todo y la tolerancia entre unos y otros. Las miradas de compenetración con la Hepburn y esos diálogos tan propios de su vida en común con los que ellos dos se despedían también entre ellos forma parte de los anales del cine. Tracy ya tenía 2 Oscar, “Capitanes intrépidos” en 1938 y “Forja de hombres” en 1939, pero Kate (a pesar de que se hizo con su segundo Oscar) nunca terminó de perdonar a la Academia que le negara el premio a su compañero de toda una vida. El Oscar fue para Rod Steiger por “En el calor de la noche”.

Peter Finch por “Network, un mundo implacable” en 1977

Peter Finch fue el primer Oscar actoral en recibirse de manera póstuma. La campaña a su favor fue muy intensa y eso terminó pasándole factura falleciendo de un infarto a los 60 años pocos días antes de que se dieran a conocer las candidaturas. Finch había sido nominado cinco años antes por “Domingo, maldito domingo” pero “Network, un mundo implacable” fue su gran oportunidad, precisamente en unos años de transición a todos los niveles en la sociedad USA, marcada por Vietnam y por la ruptura con todo lo antiguo ante la incertidumbre que se presentaba para las nuevas generaciones en los años más cuestionados del "american way of life".

Finch da vida en el certero retrato de Sidney Lumet a ese presentador de televisión que, al recibir la noticia de que es despedido porque se considera que ya no interesa a la audiencia, pone en jaque y en dilema moral tanto a la cadena como a unos espectadores tendentes al aborregamiento. El morbo y la indignación social en uno de los mejores trabajos de Lumet y de la década que coincidía en las candidaturas con otras cintas muy deudoras de su tiempo y de esa citada transición representadas en la épica humana de “Rocky”, la lucha por la verdad y el desencanto respecto a los que nos gobiernan de “Todos los hombres del presidente”, o la terrible rutina que nos acaba condenando a la perdición en forma de hombre solitario e inadaptado en “Taxi driver”.

El mayor rival de Finch fue el Robert De Niro de esta última pero también fueron nominados William Holden por “Network, un mundo implacable”, Sylvester Stallone por “Rocky” y Giancarlo Giannini por “Siete bellezas”. El monólogo en forma de arenga frente a las cámaras no sólo es una demostración de genio interpretativo sino que a día de hoy esa rabia y desencanto se siente más viva que nunca.

Ralph Richardson por “Greystoke, la leyenda de Tarzán” en 1985

El 10 de Octubre de 1983 moría a los 80 años Ralph Richardson, uno de los mejores actores de la escuela británica y año y medio más tarde recibía la candidatura por el que había sido su penúltimo trabajo en pantalla, lo nuevo de Hugh Hudson tras la oscarizada “Carros de fuego”. El actor ganó en la Asociación de Críticos de Nueva York y también recibió la nominación al Bafta por su trabajo del Conde de Greystoke. Uno de esos secundarios de toda la vida al que la Academia, además de por su magnífico trabajo, en parte quiso rendir tributo también quedando demasiado pobre para su expediente una única nominación anterior por “La heredera” en 1950.

La cinta está considerada una de las mejores adaptaciones del imaginario de Edgar Rice Burroughs reinventando también el mito de “El niño salvaje”. Aunque la presencia de Richardson en la película es breve no se puede negar esa veteranía propia de los actores curtidos en las tablas, de William Shakespeare a Harold Pinter, que provoca que cuando están en pantalla toda la atención recaiga en ellos. El actor de “El ídolo caído” (1948), “La barrera del sonido” (1952), “Larga jornada hacia la noche” (1962), “Doctor Zhivago” (1965) o “Muerte en el Nilo” (1978) llevaba a cabo una de esas actuaciones testamentarias meses antes de ser víctima de un derrame cerebral.

El Oscar al mejor actor de reparto de 1985 recayó en Haing S. Ngor por “Los gritos del silencio”.

Massimo Troisi por “El cartero (y Pablo Neruda)” en 1996

Esta cinta de Michael Radford fue un fenómeno en el momento de su estreno y más de un cuarto de siglo después “El cartero (y Pablo Neruda)” (1994) sigue conmoviendo a los espectadores, especialmente por la interpretación de Massimo Troisi (merecedora de la nominación al Oscar) que no llegó a ver el resultado final ya que se encontraba gravemente enfermo del corazón cuando rodó el film, murió tan solo 24 horas después de terminar mientras dormía en Ostia (Roma) el 4 de Junio de 1994 a los 41 años de edad. Precisamente su fragilidad fue clave para una interpretación sentida y que nos devolvía a la tradición de los románticos héroes cotidianos de la cultura italiana

Mario es un humilde cartero a quien se le ha encomendado la misión de entregarle el correo al poeta Pablo Neruda, quien vive de manera temporal en un pueblo italiano debido a que ha salido de Chile por motivos políticos. Entre los dos se va forjando la complicidad y el poeta ayudará al cartero a conquistar a la escultural mujer de la que se ha enamorado. Troisi venía de ser uno de los actores fetiche de Ettore Scola, con el que rodó tres películas, además de demostrar su versatilidad tanto en el guión como en la dirección, su tercera película como realizador fue la comedia “Non ci resta che piangere” que llevó a cabo junto a Roberto Benigni.

A pesar de que sólo algunos elegidos son nominados al Oscar por interpretaciones no habladas en inglés, algo que hace unos años era mucho menos habitual que ahora, Massimo Troisi y la película emocionaron y el actor se hizo también con nominaciones al Gremio de Actores (SAG) y al Bafta. El Oscar fue para Nicolas Cage por “Leaving Las Vegas”.

Heath Ledger por “El caballero oscuro” en 2009

Heath Ledger es posiblemente junto a Philip Seymour Hoffman la mayor pérdida interpretativa de lo que llevamos de siglo por todo lo que tenían que ofrecer todavía. A pesar de que “El caballero oscuro” naciera como apuesta comercial (y se marcara en 2008 un verano de record tanto en taquilla como a nivel de crítica), eclipsando la irrupción de la gran etapa de Marvel en el cine con el primer “Iron Man”, la desazón por la muerte de Ledger (uno de los mejores actores de su generación) y la compleja y eléctrica encarnación de su Joker (haciendo palidecer al show de tics de Jack Nicholson) provocó que no hubiera más opciones a su nivel en la categoría de ese año. Un ejemplo del trabajo esforzado y mimético con una preparación de personaje que le llevó a los abismos. Una obsesión y un descenso a los infiernos personal que le hizo ser víctima de una sobredosis el 22 de Enero de 2008 cuando sólo contaba con 28 años de edad.

Una inmersión interpretativa pocas veces vista y que convierte a este trabajo en uno de los más incontestables de los últimos tiempos, al margen de cualquier compensación emotiva quitándose la Academia el prejuicio de premiar a un personaje de cómic en una película rompetaquillas. Y es que, a pesar de que la película quedó fuera de la categoría principal y de la de mejor director a pesar de las entusiastas críticas a nivel global, nadie podía negar el Oscar para el australiano (que ya lo rozó con “Brokeback Mountain” tres años antes).

Pocos se acuerdan de los rivales que tenía Heath Ledger esa noche en la que sus padres y su hermana recibieron el Oscar mientras Hollywood lloraba amargamente todavía en shock un año después de su muerte. Una muestra más de que era un Oscar que hubiera caído en sus manos de todos modos ya que, sin pretenderlo, creó no sólo al Joker sino a una serie de villanos tan excéntricos y perturbadores como carismáticos y auténticos que no han hecho más que llenar de matices al cine y la televisión de los últimos años.

Nacho Gonzalo

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Comentarios

Corrector - 19.02.2021 a las 12:55

"... no hubieran más opciones..."

Lo correcto es "no hubiera más opciones".

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