El cine de David Fincher de menos a más, psicópatas, redes sociales y jabón

El cine de David Fincher de menos a más, psicópatas, redes sociales y jabón

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Querido Teo:

Un 25 de Diciembre de 2008 se estrenaba en salas estadounidenses “El curioso caso de Benjamin Button”, el drama dirigido por David Fincher que conseguiría 13 nominaciones a los Oscar en la edición de ese año. Un cuento mágico de una factura técnica apabullante. Todo un logro cinematográfico que le valdría el reconocimiento por parte de la Academia a David Fincher por su labor tras las cámaras, aunque no pudo materializarse en premio.

Fincher, nacido en Denver en 1962, es, probablemente, el primer director del siglo XXI pleno. Si bien su carrera comenzó a principios de los 90, su discurso narrativo y su visión han sido capitales y acabarían revolucionando el cine del fin de siglo. Junto a autores como Nolan y las Watchowski, conforma el triángulo que estableció las reglas de juego del cine del nuevo milenio. Algo similar a lo que ocurrió en los 70 con Coppola, Spielberg y Scorsese. Precisamente, Fincher comenzó en Industrial Light & Magic como técnico en “El retorno del jedi” (1983) de George Lucas e “Indiana Jones y el templo maldito” (1981) de Steven Spielberg.

Posteriormente dio el salto a la realización de anuncios (el mítico “Smoking fetus” es obra suya) y videoclips donde se ganó bastante fama. A él le debemos joyas como el videoclip de “Bamboleo” (1988) de los Gipsy Kings, “Home” (1990) de Iggy Pop y, sobre todo, “Vogue” (1990) de Madonna.

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Con una gran influencia hitchckoniana y tachado muchas veces de ser un director frío, Fincher tiene un estilo propio caracterizado por una milimétrica planificación, una descripción minuciosa de procesos y un discurso narrativo que apenas ha variado en toda su filmografía: el descenso a los infiernos para volver a renacer; bien sea literal, metafórico o figurado. Un director que captura tu empatía (los personajes de su cine suelen ser desagradables o, cuanto menos, ásperos) para narrar un proceso catártico del que el espectador va a ser testigo y a la vez cómplice. Un discurso que a lo largo de los impecables y sólidos 10 títulos que componen su filmografía varía en forma pero no en fondo. Un decálogo que vamos a tratar de ordenar de menos a más. Una filmografía tan fuerte como el acero en la que encontraremos psicópatas, redes sociales y jabón.

10º “Millennium: Los hombres que no amaban a las mujeres” (2011). Fría venganza

Concebida como una nueva adaptación de la exitosa novela de Stieg Larsson que conoció una adaptación (por algunos momentos superior) sueca que catapultó a la fama a Noomi Rapace, se convierte en manos de Fincher en un ejercicio de suspense extremo con unos títulos de crédito antológicos y un montaje portentoso, obra otra vez de Kirk Baxter y Angus Wall y recompensado con un meritorio Oscar.

El ritmo narrativo de esta historia de venganza es, como en todos los trabajos de Fincher (a excepción de “Alien³”), eje vertebrador del relato que juega con los claroscuros del personaje de Lisbeth Salander interpretado por una enorme Rooney Mara, convirtiéndola en uno de los personajes femeninos más interesantes de la década. El potente guión de Steven Zaillian hace el resto.

Sin embargo, es inevitable que el conjunto quede como un todo frío (adjetivo que siempre se le ha achacado a Fincher) y que, por momentos, su larga duración haga que el espectador se pierda con tramas desdibujadas y confusas que acaban por no llevar a ningún sitio y que (al contrario que ocurriera en “Zodiac”) entorpecen un relato al que Fincher se acercó por meros intereses comerciales. O como lo llamaba Alfred Hitchcock (a quien le debe tanto), “run for cover”; algo seguro y manejable a la espera de un proyecto más personal.

9º “The game” (1997). El hombre gris

Con una influencia bastante marcada por Hitchcock, asistimos a un preciso thriller que, si bien su ritmo en la parte central adolece el conjunto, es una cinta muy acorde con el discurso de su director. Un hombre gris consumido por el materialismo que necesita un revulsivo para tomar consciencia de la situación. Un tema muy recurrente en el cine de finales del siglo XX. Una cinta con muchísimos paralelismos con otras coetáneas como “Abre los ojos” (espectacular obra de Amenábar) o “Pactar con el diablo”. Un film que, en palabras del propio Fincher, es una reinterpretación de “Cuento de Navidad” de Charles Dickens.

Con clara inspiración en “Con la muerte en los talones” (1959) de Alfred Hitchcock, Fincher nos plantea aquí un ejercicio de suspense en el que los saltos de eje, los primeros planos, la utilización de plano holandés y los flashbacks rodados en 16mm acentúan la sensación creciente de paranoia que, por desgracia, acaba yendo de menos a más, hasta desembocar en un final que requiere de un salto de fe considerable. Aún así, la propuesta es un ejemplo perfecto de pericia técnica a la hora de rodar un thriller y de cómo un buen montaje es capaz de elevar el resultado final de una película.

Con críticas tibias y un funcionamiento en taquilla bastante decente, “The game” (1997) supone una evolución lógica en el cine de Fincher tras reformular el cine de psicópatas con “Seven” (1995) y una anticipación del discurso narrativo sobre la sociedad occidental que dos años más tarde completaría y lo encumbraría como uno de los grandes directores contemporáneos con la magistral “El club de la lucha” (1999).

8º “La red social” (2011). En la gruta del rey de la montaña

Considerada por muchos como un retrato minucioso del cinismo y la condición humana, lo cierto es que “La red social” (2010) habla como pocos títulos de la sociedad que la contextualiza. Precisamente por ello, aunque su discurso no se ve afectado, su retrato acaba perdiendo fuerza con los años, como Facebook o Twitter. Como una red social que alcanza un pico para terminar pasando de moda. Es el precio a pagar por saber hablar con una voz firme y concisa que no da tregua al espectador.

Con un guión del afamado Aaron Sorkin, Fincher secuestra nuestra capacidad de empatizar con su protagonista principal (algo a lo que ayuda la anodina interpretación de Jesse Eisenberg) para narrarnos una historia de ambición y traiciones, que en última instancia se convierte en el retrato de una obsesión. Para ello, se sirve de un montaje portentoso (la secuencia inicial y su plano/contraplano roza lo magistral) y una partitura que resalta su aspecto sobrio y cerebral.

Con unas críticas impecables (las mejores en toda la carrera del cineasta) y un funcionamiento desbordante en taquilla (225 millones de dólares sobre un presupuesto de 40), la cinta se alzó con 3 Oscar irrefutables como son los de mejor guión adaptado, mejor partitura original y mejor montaje (un monumento para Angus Wall y Kirk Baxter). La película acabó perdiendo el premio gordo ante la estupenda (y muy superior) “El discurso del rey” (2010), aunque eso no le resta mérito ni fuerza a esta propuesta de espíritu “millennial” que retrata como pocas la sociedad de principios del siglo XXI.

7º “Alien³” (1993). Dolor y fuego

1990, cuatro años después del éxito de “Aliens. El regreso” (1986), Ronald Shusset, Dan O’Bannon y Walter Hill, los productores ejecutivos de la saga, se reunieron en las oficinas de la Fox para planificar la que sería la última película de la franquicia. El último enfrentamiento entre Ripley y el Alien, esta vez en nuestro planeta. En la teoría, era difícil que algo saliese mal tras el éxito de sus dos predecesoras. En la práctica, no sólo salió mal, sino que nos encontramos ante una película muy irregular e informe, cuyo rodaje es uno de los peores que se recuerdan en el Hollywood actual.

Tras despedir a varios guionistas y desechar varios libretos, los productores contrataron a un desconocido y jovencísimo David Fincher en las labores de dirección con la intención de mangonearlo a su antojo. Efectivamente así fue.

Con poca experiencia, al frente de la tercera parte de una franquicia inmensamente famosa, con el agravante de no tener un guión de rodaje (las páginas iban llegando por fax en el mismo día), cambios continuos, Sigourney Weaver en la producción con claros síntomas de preocupación, decorados sin acabar, 65 millones de presupuesto (una burrada para la época) y una fecha de estreno inamovible, el joven Fincher hizo lo que pudo y, tras varios enfrentamientos violentos con los productores, acabó abandonando el proyecto y renegando de él. La versión estrenada en cines, totalmente alejada de la idea original (sólo respeta el concepto de ser el capítulo final) y en cierto modo una mutilación del material por parte de los ejecutivos del Estudio sobre la visión de Fincher, no le hace justicia a lo que tenía el director en mente que, aun así, consigue imprimir una personalidad propia y transmitir ese sentimiento de religiosidad e infierno terrenal que requiere la historia. Fincher contra los elementos.

La película fue un sonado fracaso en taquilla que apenas sirvió para recuperar la inversión y obtuvo críticas mediocres. En 2003 se estrenó un montaje llamado “Assembly Cut” (en el que Fincher se negó a participar, dejando claro que su rechazo a la película es total), que es lo más cercano a la visión del realizador y convierte a esta tercera parte de la saga en una película de una extrañísima belleza y un tono funesto con varias ideas brillantes en determinados momentos que, pese a no llegar a la altura de las dos anteriores, consigue encontrar su propia voz. La voz de un joven Fincher que comienza a alzarse con bastantes cosas que decir.

6º “Perdida” (2014). La sombra de Hitchcock

La película más perversa de la filmografía de Fincher es, a su vez, un retrato cínico y mordaz sobre la manipulación en todas sus vertientes. Desde la manipulación emocional, a la que ejercen los medios de comunicación y desembocando en la manipulación por sobrevivir literal y metafóricamente. Un retrato que haría las delicias de Alfred Hitchcock, de su obsesión por las rubias y del humor negro y retorcido.

A través de una separación, y con un juego con los puntos de vista que supone un giro de guión que no hace más que reforzar la idea de comedia negra que planea por todo el film, “Perdida” se eleva por encima de la media gracias a una Rosamund Pike que no duda en devorar a todo aquel que osa compartir plano con ella y cuya “Amazing Amy” se convierte, por méritos propios en el mejor personaje femenino que nos haya brindado Fincher.

Nominada al Oscar a la mejor actriz y convirtiéndose en un éxito de taquilla (350 millones mundiales sobre un presupuesto de 61), la cinta cosechó unas de las mejores críticas de la filmografía de Fincher. Y no es para menos ya que estamos ante una retorcida comedia negra, que no todo el mundo supo apreciar y que funciona como crítica de la sociedad y metáfora de la autodestrucción personal y marital. Algo que ya predijo Tyler en “El club de la lucha” (1999).

5º “Seven” (1995). La caja de Pandora

Que “El silencio de los corderos” (1991) es una de las obras maestras absolutas del cine que nos regaló Jonathan Demme está fuera de toda duda. Un título capital para entender el thriller. Un título que reformuló las bases del género para darle un tono decadente y pesimista a través de un estudio de personajes único. Un film que sentó las bases de todo lo que estaría por venir.

Partiendo de un guión de Andrew Kevin Walker, David Fincher consigue aglutinar en “Seven” (1995) todo lo aprendido por la película de Demme para cambiar las reglas yendo un paso más allá, subvertir los elementos y darle un tono taciturno y apocado a través de una fotografía sucia y un montaje frenético. De hecho, en alguna ocasión el propio Fincher ha declarado que es a través del trabajo en equipo y el montaje donde sucede el hecho fílmico. En la suma de las partes y no en una mente maestra. De hecho, reniega de la etiqueta de autor por esos mismos motivos.

Con un Brad Pitt que estaba despegando como la gran estrella que es, acompañado de un Morgan Freeman sobrio y en la sombra y con un Kevin Spacey en estado de gracia (su John Doe es casi tan mítico como Buffallo Bill), Fincher abre la caja de Pandora de nuestros miedos representados en esa caja de la cruda escena final y donde, ante nuestros ojos, el héroe del cine del siglo XX, caracterizado por unos valores morales firmes, duda, titubea y acaba cruzando la línea que lo lleva a convertirse en el antihéroe que terminaría tomando forma en el cine que estaría por venir durante los años siguientes. Probablemente sin “Seven” (1995) no existirían productos como “Breaking bad” (2008-2013) o “Dexter” (2006-2013) del mismo modo en qué los conocemos.

4º “La habitación del pánico” (2002). Relojería suiza

Un productor estadounidense afirmaba que podría ajustarse perfectamente un reloj mientras veías “La habitación del pánico” (2002). Y no es una afirmación baladí; nos encontramos ante una de las más perfectas, milimétricas y acompasadas propuestas que nos haya dado nunca el cine comercial. Todo un portento de la planificación y el montaje que juega con los espacios y la geografía del plano como muy pocos títulos han conseguido, consiguiendo una sincronía y una coordinación únicas.

Y todo ello sin hacernos perder el interés en una historia que, no por simple, desmerece la admiración. Hitchcock estaría orgulloso ante tal propuesta. Un thriller ejemplar dirigido con una potencia sobrehumana que consigue mantenernos pegados a la butaca durante sus 115 minutos sin que pestañeemos una sola vez y que contiene varias escenas que son un ejemplo de tensión cinematográfica diga de estudio.

Protagonizada por una Jodie Foster todoterreno (en sustitución de última hora de una Nicole Kidman lesionada en el rodaje de “Moulin Rouge”), una jovencísima Kristen Stewart y secundados por un Forest Withaker siempre solvente y un Jared Leto pasado de rosca, “La habitación del pánico” (2002) recaudó 225 millones de dólares sobre un presupuesto de 50 y cosechó críticas bastante positivas. Un título imprescindible (e infravalorado) en la filmografía de Fincher que funciona como un engranaje de relojería suiza.

3º “El curioso caso de Benjamin Button” (2008). Extraordinaria fábula

Nos encontramos aquí ante un film hipnótico, de una belleza exquisita tanto por su sensibilidad, su dirección, su diseño de producción y por su fotografía. Sin olvidarnos de la excepcional partitura compuesta por Alexandre Desplat. Una comunión de talentos que acaba conformando una fábula que funciona como una preciosa alegoría del paso del tiempo (en todas direcciones) y del determinismo. Y cuyo mensaje final es desolador: da igual desde donde partas, al final todos llegamos al mismo sitio y pasamos por las mismas cosas.

Protagonizada por Brad Pitt, una inmensa Cate Blanchett, Taraji P. Henson, Tilda Swinton y Julia Ormond, la historia es conocida por todos. Un hombre que nace como un anciano de 90 años y que, conforme va pasando el tiempo, irá yendo hacia atrás y rejuveneciendo. En su insólito viaje seremos testigos de cómo su condición afecta a su evolución física y emocional y de los personajes que pueblan su mundo, con los que en ocasiones se reencontrará a lo largo de los años.

Sin duda estamos ante una de las mejores películas de la filmografía de Fincher, que demuestra un clasicismo a la hora de dirigir que lo iguala a grandes del oficio y el melodrama como William Wyler o David Lean, demostrando ser un director capaz de abordar cualquier género. De una pericia técnica que asusta (por momentos parece que Brad Pitt acabase de salir del rodaje de “Cool world” (1992) de lo joven que luce en escena), unos efectos prácticos y digitales excepcionales combinados siempre en favor de la narrativa y de la historia (ganadores de un merecido Oscar), una dirección artística preciosa y unos Brad Pitt y Cate Blanchett en una de sus mejores interpretaciones, “El curioso caso de Benjamin Button” (2008) se eleva por encima de la media y combina todos los elementos de forma fluida para ofrecernos una bella historia sobre el amor, el paso del tiempo y la persecución de nuestros sueños. Un triunfo que nos reconcilia con nuestro alrededor y que nos hace amar el cine como la primera vez.

2º “El club de la lucha” (1999). Maldad. Caos. Jabón

La primera regla del club de la lucha es no hablar del club de la lucha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aunque habrá que romper esa regla porque hay mucho que decir…

Considerada una de las películas más influyentes de Fincher, “El club de la lucha” (1999) es uno de los filmes que mejor refleja las frustraciones y los miedos de la sociedad occidental de finales de los 90, esos años bisagra entre el siglo XX y el nuevo milenio, en los que se trataba de desmontar y desmitificar con ciertas dosis de existencialismo a la cultura popular que tanto nos había influenciado sólo unos años atrás.

Protagonizada por Edward Norton, Brad Pitt y Helena Bonham Carter, y basada en la aclamada novela de Chuck Palahniuk, el film nos cuenta la historia de un insomne narrador sin nombre que ha perdido el rumbo y no encuentra sentido a su vida. Durante uno de sus viajes de negocios conoce a Tyler Durden, un vendedor de jabón cuyas ideas radicales les llevarán a ambos a formar un club clandestino donde la autodestrucción personal se materializa en forma de peleas entre sus miembros. Poco a poco, el club irá evolucionando en toda una filosofía de vida llena de reglas y normas y, por consecuencia, en un movimiento activo denominado Proyecto Mayhem; un llamamiento jerarquizado a la rebelión anárquica y a los placeres del cuerpo.

La magistral dirección de Fincher nos acaba por ofrecer un ejemplo de planificación y montaje en pos de la historia que, si bien decae un poco a la mitad de su segundo acto, acaba renaciendo cual Ave Fénix a medida que se acerca a su lógico y triste final. La crítica de la época no abrazó la propuesta de forma unánime y la cinta funcionó muy mal en taquilla. Probablemente porque el mundo no estaba aún preparado para una deconstrucción anárquica de la sociedad y del sentido de la vida a través del nihilismo que no deja indiferente a ningún espectador. Afortunadamente, los años la han colocado como una de las grandes en el lugar que se merece. Lo sé porque lo sabe Tyler.

1º “Zodiac” (2007). El thriller que no existe

La proeza. La acrobacia. La obra maestra de David Fincher y una de las mejores películas que nos ha dado el cine. Un retrato minucioso, milimétrico, preciso, crudo y frustrante sobre la investigación de los crímenes del asesino del Zodiaco que aterrorizaron la bahía de San Francisco durante los años 60 y 70.

Para ello Fincher nos ofrece un retrato totalmente alejado de lo que se esperaba de él (básicamente una secuela de “Seven”) para ofrecernos la investigación más realista que hayamos visto. Por momentos asistimos a un thriller que en realidad no existe y que vira a un relato casi intimista sobre la obsesión, la desesperación y el descenso a los infiernos. El pulso narrativo de Fincher es tan sólido que es capaz de darnos crímenes rodados con una crudeza desagradable para, acto seguido, presentarnos minuciosamente cómo se desmorona una unidad familiar. Con un montaje virtuoso (la escena de la entrevista a Arthur Leigh Allen es digna de estudiarse en las escuelas de edición por cómo se intercalan los planos y contraplanos), “Zodiac” (2007) marca un tempo y un tono en el que la tensión se puede mascar en cada fotograma. Una bomba que nunca llega a explotar.

Un film naturalista que no tiene final. Al igual que sucedió en la vida real; no hay una verdad absoluta. Por eso la película evita el presentarnos alguna y en su lugar se limita a darnos varias posibilidades. Jake Gyllenhaal, Robert Downey Jr. y Mark Ruffalo componen los tres ejes angulares que acaban de completar el relato con unos personajes llenos de aristas y matices cuyas interpretaciones sutiles no hacen más que reforzar esta afirmación. “Zodiac” es y seguirá siendo la mejor película de David Fincher. Y como diría el asesino del Zodiaco; “si no lo fuera, tampoco lo diría”.

Sr. Finch

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