El cine en las estrellas: La soledad del cosmos (I)

El cine en las estrellas: La soledad del cosmos (I)

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Querido Teo:

Aunque es posible que suene a tópico, las películas con extraterrestre conforman todo un subgénero propio dentro de la ciencia-ficción. Una categoría sin duda ganada a pulso, gracias a la profusión de vecinos galácticos que han poblado nuestras pantallas desde aquellos primeros selenitas saltimbanquis que imaginó Meliès. Y es que la gran pantalla está poblada de alienígenas de todo pelaje y condición. A ellos les debemos el pánico más cerval (“Alien”) y la mayor de las ternuras (“E.T.”). Los hay que han sufrido nuestra intolerancia (“Ultimátum a la Tierra”) y nuestro odio (“El enigma de otro mundo”), sin olvidar los que han pretendido machacarnos a destajo (“Mars Attacks!”, “Independence day”). Han sido víctimas (“District 9”, “Men in black”) y verdugos (“El pueblo de los malditos”). De lo más carnales (“Mi novia es una extraterrestre”, “Spieces”) a los que rayan la más pura divinidad (“2001”, “Contact”). Feos como ellos solos (“Depredador”) y extraordinariamente guapos (“Starman”, “Superman”). Nos han visitado (“Encuentros en la tercera fase”) y los hemos visitado (la serie de “Star Trek”). Incluso nos hemos ocupado de los que viven en otras galaxias (“Star Wars”, “Dune”).

Y aunque la imagen del extraterrestre en el cine ha variado a lo largo de la historia según han ido cambiando los miedos, preocupaciones y esperanzas del hombre, desde las visiones anticomunistas en plena época de la guerra fría (“La guerra de los mundos”), hasta la visión apocalíptica de “El planeta de los simios”, la época de liberación sexual de los 70 en “Barbarella”, o la conciencia ecológica de “Avatar” (2010), lo cierto es que el cine hace mucho tiempo que hizo suya una de las máximas de la astrobiología: la vida debe ser una constante en el Universo, es más, para el cine, el cosmos está más poblado que la Gran Vía en hora punta (por la que seguro trasunta algún turista galáctico).

En cualquier caso, tanto desde un punto de vista fílmico como científico, esta obsesión por la vida fuera de nuestro rincón del Universo responde al consabido intento de conocer si el hombre está solo o no en el Universo. En definitiva, delimitar si la vida en la Tierra no ha sido más que un tonto accidente, un improbable cúmulo de casualidades, o si por el contrario hay vida ahí fuera, aunque no sepamos, de momento, donde.

Emilio J. García Gómez-Caro (Astrónomo)

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