“El intérprete del dolor”

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Hace una década que “El buen nombre” permitió a los aficionados al cine conocer a una escritora americana que hablaba de la India. Sus libros se fueron publicando con éxito en medio mundo hasta alcanzar la categoría de bestseller de calidad literaria. Jhumpa Lahiri es ya conocida para cualquier interesado en la cultura que, entre otras cosas, creó el idioma madre de todos los europeos. Sus obras más populares están publicadas, pero acaba de llegar la que le dio el Premio Pulitzer, su primera obra.

Título: “El intérprete del dolor”

Autor: Jhumpa Lahiri

Editorial: Salamandra

Con poco más de 30 años esta estadounidense de ascendencia bengalí logró una crítica unánime de lectores y profesionales; su prosa es diáfana, de ritmo sonoro y muy precisa; capaz de dejar al aire sensaciones, sentimientos y movimientos con pocas palabras. “Si pudiera escribir todo en forma de relatos, lo haría. No me gusta desperdiciar palabras y creo que muchas novelas están llenas de aire”, decía en una entrevista hace algún tiempo.

Los nueve momentos de vida que ofrece en este libro que la catapultó consiguen algo bastante infrecuente, porque provocan la sensación de haber visto un fragmento de película y desear ver enteras las nueve.

Lo que estimula a Jhumpa desde esta primera obra hasta la más reciente son las personas que han abandonado su hogar para encontrarse; que aprenden a vivir entre su mundo antiguo y el nuevo. Exactamente lo que le ocurrió y le ocurre a ella. Hija de universitarios de Calcuta, llegó a Estados Unidos cuando tenía 2 años y tres décadas después el director de la guardería de su hijo la citó para pedirle que usaran un sólo idioma en casa, porque su marido hablaba al niño en español ya que es guatemalteco, ella en bengalí y sus profesores en inglés, de manera que el crío no arrancaba a hablar en ninguno.

Aunque se trata de relatos breves, no quedan como tales en el recuerdo. Condensan dureza y ternura en cada uno; personajes por los que reducirían su caché los actores y situaciones por las que lo harían los directores. Pedro Almodóvar deja su impresión para promoción del libro: “Me encantaría ser capaz de escribir historias como las que contiene esa joya llamada El intérprete del dolor. Historias simples y sutiles, sembradas con sentimientos inesperados, como un campo de minas”. A mí también.

El trasfondo de los personajes es tan vital como la búsqueda de identidad, el desarraigo, la soledad… experiencias de la primera y segunda generación de bengalíes en USA con los que resulta sencillo identificarse. Calidad asegurada.

Carlos López-Tapia

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