“Hitchcock íntimo”

“Hitchcock íntimo”

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Hitchcock ha sufrido y gozado del interés más detallado y variopinto que pueda imaginarse, se han analizado sus películas hasta donde no habría llegado el mismo Freud, sus mujeres, sus cameos, sus miedos y defectos. Es una fuente que parecía agotada, al menos en cuestiones relevantes, cuando aparece una nueva obra de una autora que ya ha dado pruebas de su capacidad ante Fellini, Billy Wilder, Groucho Marx y otros, para mostrar otra vez a este genio, pero con un contenido y unas fuentes próximas que justifican, y esto con frecuencia no ocurre, el título de “Hitchcock íntimo”. El texto transmite afecto y comprensión por su protagonista, cuyas palabras se reproducen copiosamente y resultan ser lo más atractivo de la historia. Hitchcock solía pedir a sus interlocutores al ser presentado a ellos que se dirigieran a él como “simplemente Hitch… sin la cock”, jugando con las palabras porque cok significa polla en slang, y de los libros que conozco sobre él, este es donde está más Hitch que nunca.

Título: “Hitchcock íntimo”

Autor: Charlotte Chandler

Traducción: Jorge Conde

Editorial: Robinbook

Nota de la Redacción: “Tuve la oportunidad de ver su pasmoso guardarropa. Lo más destacable no era la cantidad de trajes que tenía, ni su calidad, todos ellos confeccionados con materiales excelentes, sino que todos parecían ser el mismo traje, repetido muchas veces. A segunda vista, empero, era obvio que había numerosas diferencias sutiles. Entre tantos trajes negros, los había de muchos matices distintos. Los trajes de Hitchcock eran famosos. Normalmente, se daba por hecho que siempre vestía el mismo traje negro, invariablemente. James Stewart recordaba: «En Marrakech, a 43 grados a la sombra, Hitch rara vez se quitaba su chaqueta negra y apenas se aflojaba el nudo de la corbata.» En este mismo sentido, el director Ronald Neame rememoraba que en fecha tan temprana como 1928, cuando Hitchcock estaba dirigiendo “La muchacha de Londres”, llevaba un traje oscuro, una camisa blanca, una corbata oscura, y unos zapatos negros al igual que sus calcetines, pese al intenso calor que emanaba de las lámparas de arco voltaico, antes de que se extendiese el uso del aire acondicionado. Muchos de estos trajes eran en realidad de color azul marino. «Se llama azul francés», decía Hitchcock, un azul tan oscuro que parece negro. Cada traje parecía nuevo, cosa que afianzaba la reputación de meticuloso que precedía al director. Otro aspecto digno de mención en torno a su colección de trajes es que los tenía de distintas tallas. «Tengo trajes de todas mis tallas», explicaba. «Así, si subo o bajo de peso, estoy preparado.» Una vez le pregunté cómo conseguía emparejar correctamente tantos trajes, cada pantalón con su chaqueta. Me explicó que todos estaban marcados, los pantalones y sus correspondientes chaquetas, las tallas con etiquetas cosidas y fechadas. En la zona interna de la pretina de cada par de pantalones había un número grande y negro, y otro número en el interior de cada chaqueta. «El suspense no es algo apetecible cuando se trata de encontrar mi ropa». Y prosiguiendo en un tono más serio, me dijo: «Nunca conseguí tener el cuerpo que yo quería, pero estoy muy orgulloso del conjunto de mi obra. Es alto, esbelto y bien parecido»”. Partiendo de algo tan personal como su propio armario, la autora recoge y recupera las opiniones más personales, el origen de sus peculiaridades, la importancia de su esposa, las relaciones con su mundo de egos e inseguridades.

“«Mi sueño más querido », me confesó Alfred Hitchcock, «sería pasear por la calle, entrar en una tienda, y, como cualquier hombre corriente, comprar un traje, uno de la percha. Supongo que hay muchos hombres que me envidiarían por tener los mejores sastres que me confeccionan a medida los trajes con los materiales más finos, pero la verdad es que mi sueño sería comprarme un traje normal, a ser posible en las rebajas. Ahora, prácticamente he perdido toda esperanza de bajar de peso, cosa que creo nunca ocurrirá, pero ese no es el problema. El verdadero problema no es mi tamaño, sino mi figura. Incluso el sexo resulta embarazoso para una persona que tiene un aspecto como el mío. Nunca hay suficientes luces que apagar. Si la vida me hubiese dado la oportunidad de elegir, habría sido como Cary Grant, alguien al que todo sentaba bien, y me habría permitido algunas fantasías en el vestir, un impermeable a lo 39 escalones cubriéndome la espalda, un Cárdigan de cachemir beige echado despreocupadamente sobre los hombros o, mejor aún, anudado alrededor de la cintura, si la tuviese.”

Siguiendo el orden cronológico se salpican los datos más humanos, repasando además su filmografía (tal vez la parte necesaria pero menos atractiva para los que no recuerden algunas películas), empleando los comentarios y opiniones de decenas de entrevistados, desde los más próximos a colaboradores ocasionales que ilustran alguna faceta de su personalidad. Las más de trescientas páginas se hacen amenas casi en todo momento y se debe a una selección brillante, muy trabajada, donde no faltan momentos de complicidad compartidos con generosidad por un hombre cuya imagen ha sido desfigurada por reduccionismo muy a menudo.

«Soy un observador de la vida, me había comentado Hitchcock al poco de conocernos, personalmente, habría preferido vivir una existencia común, ordenada, llevando a cabo mis tareas, esto es, haciendo mis películas. Hay un proverbio chino muy adecuado que dice que es mejor no vivir una vida muy interesante. Como sabe, me gusta hacer películas sobre el hombre que pasaba por el lugar de los hechos, pero no ser ese hombre.»

Con todo, al final de la lectura queda un aroma incierto sobre la verdad de lo que el bromista director cuenta sobre si mismo, porque si gustaba reducir la relevancia de lo que hacía con la frase “Sólo es una película”, es posible que su fantasma se ría pensando que la suya tan sólo es una vida. Un libro muy recomendable incluso para los que no aprecien hoy su cine, y del que incluimos a continuación el momento en que autora y biografiado se conocieron…
UnacenaconHitchcock.htm

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Comentarios

Andrés - 04.11.2009 a las 00:39

Como ya existen libros excelentes sobre el mago del suspense, espero que lo del mejor libro…no sea sólo un reclamo publicitario. En fin le echaré un ojo.

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