Hollywood canalla: Tonya Harding, ascenso y caída de la reina del hielo

Hollywood canalla: Tonya Harding, ascenso y caída de la reina del hielo

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Querido primo Teo:

A mediados de los 90 la audiencia de los Estados Unidos estaba obsesionada con los programas de testimonios, especialmente con el del ex político Jerry Springer que estaba más enfocado hacia el sensacionalismo y que en el 99,9% de las ocasiones acababa como el rosario de la aurora. Aquel espacio congregaba a millones de espectadores que durante 45 minutos disfrutaban con aquellos relatos de adulterios, abandonos y enemistades protagonizados por gente con la que se podía coincidir en cualquier parte que exponía todas sus miserias al público y que, por lo general, terminaba enfrentándose a golpes con su oponente. Por eso la historia de la patinadora Tonya Harding ha sido tan fascinante porque lo aunaba todo: alguien procedente de las cloacas de los Estados Unidos (la viva imagen de la basura blanca) que acaricia el sueño americano con sus manos a base de esfuerzo en el mundo del deporte y que lo pierde todo cuando saca a aflorar lo peor de la condición humana, o tal y como ha sido su caso aquello lo que le fue inculcado desde que era una cría.

Tonya Harding no lo tuvo nada fácil para llegar a convertirse en una prometedora estrella del patinaje. Nació en Portland (Oregon) en 1970. Su padre Albert (fallecido en 2009), fue un pilar en su vida y el único que realmente le dio cariño, mientras que su madre LaVona era todo lo contrario. La familia Harding vivía en una caravana, el padre trabajaba en una fábrica de caucho y su madre era camarera.

La pequeña Tonya comenzó a patinar a la edad de 3 años. Esa actividad se convirtió en un objetivo para LaVona con el propósito de salir de la pobreza gracias al talento de su hija sobre la pista, de hecho no permitió que terminase sus estudios; su caso es igual al de numerosos padres que ven que sus hijos pueden tener cualidades para el deporte o que son graciosos, o simplemente fotogénicos, y que si comienzan a moverlos por clubes o por agencias de modelos seguramente llegarán a ser más que Cristiano Ronaldo o que Penélope Cruz y que eso solucionará la maltrecha economía familiar. Para poder costear los entrenamientos muchas veces Tonya y su madre peinaron las autopistas para recoger las latas y las botellas y llevarse algo de dinero por ellas al devolverlas.

Cuando bautizan a alguien con nombre de villana de una producción de serie Z es normal que actúe como tal. LaVona sometía a su hija a tal presión que cuando algo no le salía perfecto le pegaba hasta el punto de que un día le lanzó un cuchillo que se le clavó en su antebrazo. Aprovechando que la figura de Tonya Harding vuelve a estar de actualidad gracias al estreno de “Yo, Tonya”, LaVona Golden (que ahora mismo tiene 77 años) ha dicho en una reciente entrevista que su hija ha mentido tanto a lo largo de su vida que ahora no sabe distinguir la verdad de la mentira.

Siendo una adolescente conoció a Jeff Gillooly, un tipo con bigotazo a lo Freddie Mercury y tan hortera que parecía un descarte de camello de la serie “Canción triste de Hill Street” . Con él se casó a la edad de 19 años y su marido no era ningún príncipe azul con pintas sino que era un maltratador. Tonya huyó de una relación abusiva con su madre y cayó en otra que era igual de tóxica. El matrimonio duró tres años pero los dos siguieron conviviendo juntos a pesar de estar separados y de que en 1991 ella solicitó una orden de alejamiento.

Ya centrándonos en su actividad deportiva, para ella fue determinante el año 1991 ya que fue en ese momento en el que comenzó a ver los frutos de su esfuerzo. Fue la primera mujer en completar un triple giro en el aire, algo que es sumamente difícil y se proclamó campeona de los Estados Unidos. Pero su reinado sobre las pistas fue efímero ya que fue incapaz de repetir esa proeza.

La Harding tenía otro frente de batalla, su imagen. En una época en la que las redes sociales no eran ni siquiera una ilusión la patinadora era constantemente criticada, aunque también tenía sus admiradores. La deportista se ajustaba perfectamente al prototipo de la “white trash”, era de clase baja y con sus modales (que no escondía en absoluto) era considerada una “marimacho” porque le gustaba la caza, sabía de mecánica y participaba en carreras de coches, además su figura no era esbelta y su estilismo no era nada refinado.

En contraposición tenemos a la otra gran protagonista de esta historia: Nancy Kerrigan. Su origen también era humilde, de hecho para que se pudiese costear su vida deportiva su padre tuvo que tener tres trabajos a la vez, pero con su imagen no lo recordaba en absoluto. Kerrigan (a pesar de su dentadura que era lo único que se le criticaba) aspiraba a convertirse en la Jackie Kennedy de la clase obrera mientras que la Harding tenía que conformarse con reventar cualquier chonímetro y, aunque en la pista de hielo no era tan brillante como la rubia del pelo frito, sí que era era muy aplicada y su progreso era cada vez más notorio. No le faltaban ofertas de patrocinadores, entre ellos Revlon o Rebook y para las competiciones llegó a ir vestida por la mismísima Vera Wang, por su parte Tonya no encontraba patrocinadores y se hacía su propio vestuario cosido por mamá LaVona o por ella. Tonya Harding era una bomba de relojería a punto de estallar.

El 6 de enero de 1994 la imagen de Nancy Kerrigan tirada en el suelo, rota de dolor y preguntándose desconsolada “¿Por qué?” dio la vuelta al mundo. La joven había sido golpeada con una barra de metal en la rodilla derecha por un individuo que iba enmascarado. Era la segunda vez en muy poco tiempo que el mundo del deporte servía de escenario de un acto tan violento, ya que el 30 de Abril de 1993 la tenista yugoslava Monica Seles fue apuñalada mientras disputaba los cuartos de final de Hamburgo. En ese momento se fulminó la prometedora carrera de la que era la número 1 del tenis femenino mundial, su agresor fue Günter Parche que estaba obsesionado con Steffi Graf y que no podía soportar que la Seles le superara algo que logró tras este terrible suceso. El ataque de Kerrigan se produjo tras un entrenamiento rutinario en el Cobo Arena (Detroit) con vistas al campeonato de los Estados Unidos que se iba a celebrar al día siguiente. La patinadora y otras tantas tenían como objetivo seleccionarse para los Juegos Olímpicos de Lillehammer (Noruega) que iban a disputarse seis semanas después. A pesar de la gravedad de los hechos no tuvo ninguna fractura, tan solo un hematoma y una cojera. Kerrigan no podía competir al día siguiente pero teniendo en cuenta lo sucedido el equipo olímpico hizo una excepción y decidió incluirla entre las seleccionadas. Al día siguiente Tonya Harding se hizo con el campeonato de los Estados Unidos y no fue nada sutil a la hora de celebrar su victoria, y cuando fue preguntada por la prensa por la posibilidad de enfrentarse con Nancy Kerrigan en la cita olímpica aseguró que le iba a golpear en el trasero. Dicha actitud fue suficiente para comenzar a atar cabos.

El agresor se llamaba Shane Stant, un matón de poca monta que no fue nada discreto a la hora de dejar rastro ya que fue hospedándose en diversos hoteles de Detroit y Massachusetts registrándose con su nombre y alquilando un vehículo con la tarjeta de crédito de su novia. Al mismo tiempo Shawn Eckhardt (fallecido en 2007) que era el mejor amigo de Jeff Gillooly, y ocasional guardaespaldas de Tonya Harding, comenzó a fardar de la hazaña con sus amigos. Menos de un mes después de los hechos, Gillooly aceptó un acuerdo de culpabilidad a cambio de testificar contra su ex mujer.

Aún no se habían celebrado los Juegos Olímpicos de Lillehammer y todas las miradas estaban depositadas en Tonya Harding, más que en Nancy Kerrigan que ya estaba recuperada para volver a la pista. El Comité Olímpico de los Estados Unidos trató de evitar que la Harding participase en los Juegos pero la rubia amenazó con demandarle.

El duelo olímpico en las pistas entre Harding y Kerrigan fue uno de los eventos más vistos de la Historia del deporte y no era para menos porque aquella rivalidad hacía palidecer a la de Joan Crawford y Bette Davis. Kerrigan lo dio absolutamente todo en su número llegando a un nivel que no había tenido jamás y la patinadora se hizo con la medalla de plata. Sin embargo, la actuación de Tonya Harding fue un completo desastre fruto de la presión a la que estaba siendo sometida y también por culpa del cordón de una de sus botas que se rompió durante el entrenamiento, finalmente quedó la octava. Aquella cita sobre la pista fue la última para las dos contendientes.

Cuando regresó a los Estados Unidos, Tonya Harding aceptó a declararse culpable de conspirar para obstaculizar a la justicia ya que no contó al FBI lo que sabía. En sus memorias ella sostuvo que desconocía la trama antes de que Kerrigan fuese atacada, y que no habló cuando se enteró porque su ex marido la violó para obligarla a estar callada, pero ha sido hace poco cuando ha admitido que estaba al tanto de los planes algo que siempre sostuvo su ex marido que ahora se hace llamar Jeff Stone. Harding fue condenada a 3 años de libertad condicional, a 500 horas de servicio comunitario y a pagar una multa de 160.000 dólares, también fue expulsada de la Asociación de Patinaje Artístico de los Estados Unidos y se le retiraron todos sus campeonatos. Su ex marido, Stant (el agresor), Eckhardt (el guardaespaldas) y Derrick Smith (que conducía el coche con el que se dio de fuga el matón a sueldo) fueron condenados a prisión.

A pesar de ser considerada “basura blanca” se le valoraba por sus esfuerzos en la pista de patinaje pero a raíz del escándalo Tonya Harding era sinónimo de escoria. Fue rechazada por todos y, para colmo de males, su ex marido vendió un vídeo porno de la pareja que acabó en manos de la revista Penthouse. Se adentró sin éxito en el boxeo y también en la lucha libre, ha hecho sus incursiones en los reality y también ha sido comentarista de televisión. Se ha casado otras dos veces y actualmente trabaja como pintora.

El estreno de “Yo, Tonya” ha devuelto su historia al primer plano algo que la ex estrella del patinaje ha aprovechado para tener su momento redención ya que en el film se la presenta como una víctima de las circunstancias que la rodeaban.

Mary Carmen Rodríguez

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